Congo: Escuelas privadas para todos los bolsillos

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Duración lectura: 2m. 56s.


Pero después vino el desorden, y la calidad comenzó a bajar. Por ejemplo, en los años setenta hubo un primer enfrentamiento con la Iglesia católica con motivo de la política de “zairianización” (de “Zaire”, nombre que el país tenía a la sazón) de la enseñanza, o sea, la toma de control de la enseñanza por el MPR, el partido único. Esto fue el principio del descenso en picado de la educación congoleña. Los recursos públicos destinados a este capítulo fueron bajando hasta quedar en el 2% del presupuesto nacional, situación que aún perdura en nuestros días. Así, se pueden encontrar escuelas públicas sin pupitres ni aseos, o sin siquiera pizarras, como el ateneo de Ngiri-Ngiri, en la capital.

A la vez que ha disminuido el presupuesto de educación ha caído también el alumnado. Según una Encuesta Nacional sobre la Situación de Niños y Mujeres (2001), en la etapa preescolar solo están escolarizados el 3% de los niños de 3-4 años; casi todos ellos viven en ciudades y proceden de las familias más ricas o más instruidas. En el momento en que se hizo la encuesta, el 45% de los niños de 6 a 14 años no iba a la escuela, y la mayoría de ellos (31% del total: 35% de las niñas y 28% de los niños) no había ido nunca. “Los principales motivos -señala la encuesta- son que los padres no pueden pagar las matrículas escolares (63% de los casos) y la lejanía de la escuela (9%)”.

Este es el contexto en que nacieron las primeras escuelas privadas en el Congo. Son iniciativas de las colonias de extranjeros, y cuentan muy pocos alumnos congoleños.

Más tarde, un personaje del régimen de Mobutu, Albert Ndele, creó la primera escuela privada autóctona, a la que siguieron otras. Todos estos colegios coinciden en estar situados en barrios elegantes de Kinshasa, habitados por políticos y empresarios congoleños, así como por diplomáticos extranjeros. Sus precios, entre 50 y 200 dólares mensuales, están fuera del alcance del congoleño medio.

Solidaridad africana

Pero, al proseguir la degradación de las escuelas públicas y crecer el número de padres descontentos, han aparecido nuevas opciones. Estudiar en una escuela privada ya no significa necesariamente tener padres ricos. Hoy existen colegios privados para todos los bolsillos y para todas las clases sociales. Los hay que no cuestan más de 5 dólares mensuales. Los padres que buscan calidad a buen precio tienen la red de escuelas católicas; pero no todos los que quisieran pueden acceder a ellas, pues hay muchas más solicitudes que plazas y largas listas de espera.

Por otra parte, muchos padres apenas pueden pagar ni siquiera los 5 dólares al mes que cuestan las escuelas privadas más asequibles, pues los hogares congoleños tienen, por término medio, cinco hijos y unos ingresos de 25 dólares mensuales. Entonces se pone en juego la proverbial solidaridad familiar africana. Es rara la familia que no tenga un tío o una tía, un hermano o una hermana mayor… dispuesto a pagar los estudios de un niño inteligente en una escuela prestigiosa.

En el Congo, la incapacidad del Estado ha producido una educación de dos velocidades. Así que, según cierta opinión, son las relaciones familiares lo que a menudo marca la diferencia.