Colegio que triunfa en un entorno difícil

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El distrito escolar de Union City, en el estado de Nueva Jersey, es un ejemplo de éxito académico en una zona de condiciones sociales difíciles.

El perfil demográfico de este distrito es de los que auguran unos resultados académicos catastróficos, y así fue durante mucho tiempo. Tres de cada cuatro estudiantes viven en hogares donde no se habla inglés, sino solo español; la tasa de desempleo en la zona es un 60% superior a la media nacional; en el instituto –solo hay uno– el 90% de los estudiantes necesitan ayudas parciales o totales para costearse el servicio de comedor.

Sin embargo, los resultados académicos desde tercero de primaria hasta el final del instituto están ya en la media nacional, como señala David Kirp en New York Times (9-02-2013). En algunos indicadores incluso la superan: por ejemplo, están 10 puntos por encima de la media en cuanto a la tasa de graduación en high school (90% contra 80%). Además, un 75% de los estudiantes que el año pasado terminaron sus estudios de secundaria se han matriculado en algún curso universitario.

En un estudio realizado por el Instituto Americano para la Investigación y el US News, el instituto del distrito obtiene la “medalla de bronce”, una categoría que los sitúa entre el 22% de centros escolares con mayor nivel de todo el país. Además, consigue un +21 en la puntuación “socioeconómica” (ajustada a lo predecible por el perfil socioeconómico del alumnado), muy por encima de la media estatal y nacional. Otro dato significativo es que solo está dos décimas por debajo de la media estatal en dominio del inglés, algo muy meritorio en un centro con un 95% del alumnado de origen hispano.

Para David Kirp, que ha estado varios años estudiando el modelo educativo del distrito, varios factores explican el éxito. Por un lado, la extensión de la enseñanza pre-escolar (algo que ha supuesto una inversión muy importante de dinero público). Por otro, el enfoque no exclusivamente cognitivo de la enseñanza: los profesores, desde primaria al high school, se esfuerzan por que sus clases ayuden al alumno a formar su carácter, y no solo a aprender unos conocimientos; por otro lado, se obliga al alumno desde muy joven a adoptar un papel activo en su aprendizaje (los niños tienen que buscar en el diccionario las palabras que no entiendan, resuelven problemas matemáticos y de lógica en todo tipo de asignaturas). Un requisito previo a todo lo anterior es que los alumnos conozcan el idioma; por eso, muchos profesores traducen algunos conceptos de la explicación al castellano, de forma que los estudiantes no se encuentren con esa barrera idiomática.

No obstante, la explicación más profunda al éxito académico es el concepto “familiar” de la enseñanza, según explican los propios empleados, que se han acostumbrado a referirse al colegio como “nuestra casa”. Esta familiaridad implica cercanía pero también disciplina. Algunos puntos del código de conducta del instituto dan cuentan de ello, como cuando se habla del “orgullo” por el colegio para reclamar al alumno que lo mantenga limpio; o cuando se menciona que no llevar el uniforme o hacer bromas obscenas o de mal gusto rompen el clima de unidad y respeto necesario para el aprendizaje. Según cuenta Kirp, los estudiantes han sabido responder a esta muestra de confianza.

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