Avanza la convergencia de sistemas universitarios en Europa

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Favorecer la movilidad de estudiantes y profesores y lograr el reconocimiento mutuo de las titulaciones en Europa son los objetivos que persigue la creación de un espacio universitario europeo. La convergencia entre sistemas universitarios, idea lanzada en 1999, ha adquirido un nuevo impulso tras la declaración firmada en Praga el pasado mayo por 32 países, que se han propuesto llegar a la meta en 2010.

Para favorecer la libre circulación de trabajadores en la Unión Europea y el reconocimiento de los títulos de las profesiones reglamentadas (medicina, arquitectura, ingeniería, abogacía…), la Comisión Europea fue aprobando desde los años sesenta directivas laboriosamente negociadas entre Estados y organizaciones profesionales. Pero el proteccionismo de los mercados laborales y la resistencia de los lobbies frenaron mucho este movimiento. Cambiando de estrategia, en 1989 y 1992 la Comisión aprobó dos directivas que establecen el principio del reconocimiento general de todas las formaciones profesionales, si bien admiten que los Estados puedan rechazar la equivalencia si detectan una “diferencia sustancial” entre la formación que se exige en su país y la del candidato extranjero.

Pero el mejor modo de lograr el reconocimiento mutuo de las titulaciones es armonizar la formación impartida a los estudiantes. También se trata de que todos los universitarios puedan realizar en el extranjero sus estudios superiores, en todo o en parte. Este es el proceso que se han comprometido a acelerar los firmantes de la Declaración de Praga, entre los que se incluyen no sólo los miembros actuales de la Unión Europea, sino prácticamente casi toda Europa.

La convergencia de los sistemas universitarios exige tres condiciones de armonización. En primer lugar, los estudios deben ser organizados en tres niveles: bachelor (primer ciclo de estudios de 3 años), master (segundo ciclo, con 2 años más) y doctorado (otros 3 años). A los países que ya poseían esta estructura (anglosajones y escandinavos), se han unido en los últimos años Alemania, Italia, los países bálticos y los antiguos países comunistas.

En segundo lugar, los contenidos de cada curso son divididos en créditos, acumulables y transferibles de una universidad a otra (el año de estudios vale 60 créditos). La división en créditos se va introduciendo en bastantes universidades, pero aún son minoría. En cualquier caso, no será fácil asegurar el valor de los créditos transferibles, pues no es lo mismo un curso realizado en una universidad prestigiosa que en una universidad que está empezando.

El tercer aspecto, y más difícil, es el reconocimiento de una titulación para todo el espacio universitario europeo. Hasta ahora cada Estado se reserva el derecho de acreditar un título académico. La propuesta de crear, como alternativa, una Agencia Europea de Acreditación de Titulaciones, no fue aceptada en Praga. Parece abrirse paso la idea de sistemas nacionales que se reconocerían los unos a los otros. Ya actualmente se está llegando a acuerdos entre universidades de distintos países para la creación de diplomas europeos conjuntos, lo que va más allá del simple reconocimiento mutuo de los diplomas existentes.

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