Analfabetos con título

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Duración lectura: 1m. 47s.

Contrapunto

Desde hace tiempo se denunciaba en Estados Unidos la extensión del analfabetismo funcional, es decir, la situación de personas que pueden leer y escribir, pero son incapaces de asimilar y de utilizar lo que han descifrado. Esta alarma se ha confirmado a través de una investigación realizada durante cuatro años entre 26.000 adultos y que acaba de publicarse. Según esta encuesta, rellenar los datos para un ingreso bancario, interpretar un horario de autobuses o calcular el precio de un artículo con un tanto por ciento de descuento son tareas incomprensibles para 90 millones de norteamericanos.

Siempre es arriesgado hacer comparaciones con la situación de hace años, ya que los criterios con que se medían los conocimientos no son los mismos. Pero hay una paradoja indudable: la sociedad norteamericana está más educada que nunca, el porcentaje de diplomados va en aumento, el analfabetismo puro y duro retrocede y, en cambio, cada vez hay más gente incapaz de utilizar estos conocimientos básicos.

Bien es verdad que en bastantes casos el título sólo certifica que se ha pasado por la escuela, no que se haya aprovechado esa estancia. En efecto, según la investigación, entre el 20% de los más afectados por el analfabetismo funcional (es decir, más de quince millones de jóvenes y de adultos), la mitad habían obtenido un título de fin de estudios en la escuela pública.

Pero aunque en estos casos el título sea papel mojado, lo peor es que puede matar la inquietud de saber más. Según la encuesta, sólo el 30% de los que tienen una formación básica más deficiente -en la práctica, casi analfabetos- admiten tener dificultades para leer y escribir. Con lo cual, buena parte de los que necesitarían participar en programas de educación de adultos los rechazan porque se consideran ya suficientemente educados. La extensión de la educación ha traído muchas ventajas, pero también algún efecto perverso, como éste del analfabetismo satisfecho y con título.

Juan Domínguez

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