Usos y abusos de la información médica

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Duración lectura: 4m.

Los malentendidos entre científicos y periodistas son a veces fuente de confusión para el público. Así lo hacía ver un artículo en Science (14-VII-95), a propósito de los estudios que buscan una relación entre la enfermedad y la dieta, el estilo de vida o los factores ambientales. Resumimos algunos párrafos:

En los dos últimos años, los lectores de Los Angeles Times han tenido noticia de un amplio elenco de potenciales causas de cáncer: hot dogs, implantes de silicona, dioxina, estrés, asbesto, medicamentos antialérgicos, escapes de gas… Esta letanía de amenazas iba acompañada de una similar, aunque más corta, serie de hábitos alimentarios y estilos de vida que podían reducir el riesgo de cáncer.

El problema, según muchos investigadores, es que a menudo los periodistas desfiguran el contexto de la investigación. “Con frecuencia la prensa interpreta mal los artículos publicados en revistas médicas, al considerarlos más definitivos de lo que realmente son”, dice Larry Freedman, estadístico del Instituto Nacional del Cáncer. “El brécol previene el cáncer, el ajo evita el cáncer. Son cosas que aparecen en la literatura médica. Pero los expertos en epidemiología saben muy bien que estos estudios están lejos de ser concluyentes. Los epidemiólogos sólo deberían hacer recomendaciones al público cuando existiera un cuerpo de pruebas basado en muchos estudios”.

En vez de presentar las investigaciones dentro de un conjunto en evolución, la prensa tiende a informar de cada estudio aislado, como si fuera un descubrimiento revolucionario. Este modo de informar, dicen algunos científicos, viene fomentado por los comunicados de prensa emitidos por las revistas médicas y los centros de investigación. Sea quien sea el culpable, dice Noel Weiss, epidemiólogo de la Universidad de Washington (Seattle), el resultado es “demasiadas falsas alarmas. Cuando tengamos que dar un mensaje sobre un asunto grave, temo que después de tantas falsas alarmas nadie nos hará caso”.

Un ejemplo es la información de la revista Time que resumía lacónicamente una investigación reciente: “Un estudio indica que las mujeres que consumen aceite de oliva al menos una vez al día tienen un riesgo de cáncer de mama un 25% menor que las que no lo toman”. Lo que Time no decía es que la reducción del riesgo es menor de lo que muchos epidemiólogos piensan que se puede detectar con fiabilidad en un estudio. Tampoco advertía que la investigación -un estudio sobre 1.750 mujeres españolas publicado varias semanas antes en el International Journal of Cancer- estaba en contradicción con muchas otras.

En su afán de buscar la noticia, la prensa puede centrar su atención en un estudio que relaciona una enfermedad con un determinado factor, aunque sea una gota dentro de un mar de conclusiones opuestas. Por ejemplo, el American Journal of Epidemiology se hizo eco la pasada primavera de dos estudios sobre la relación entre el cáncer y la exposición a campos electromagnéticos (CEM). El primer estudio, basado en 223.000 trabajadores de compañías eléctricas de Francia y Canadá, no encontró relación alguna entre los CEM y 25 de 27 formas de cáncer; las excepciones, dos raros tipos de leucemia, tenían una relación débil e inconcluyente con los CEM. Sin embargo, el titular del Wall Street Journal fue: “Los campos electromagnéticos, relacionados con la leucemia”. Jerry Bishop, autor de uno de los artículos publicados sobre este tema en dicho periódico, explica: “La gente no está interesada en qué enfermedades no están causadas por un determinado factor, sino en lo que puede causarlas. En los últimos años hemos discutido muchas veces sobre esto con los científicos”.

Pero a veces son los científicos los que confunden a los periodistas. Así ha ocurrido con un estudio del Journal of the National Cancer Institute que asociaba el aborto provocado con el aumento del riesgo de cáncer de mama, relación que no se había encontrado en 40 estudios previos. “La revista nos envió un largo comunicado presentando el estudio como si fuera lo nunca visto”, dice un periodista del New York Times. “No recuerdo que nos dijera que era sólo uno entre 40 estudios anteriores y probablemente poco significativo”.

“Los periodistas dan demasiada importancia a estudios aislados, pero a veces son inducidos a hacerlo por las revistas médicas”, dice Ross Prentice, de la Universidad de Washington. “He visto algunos de los comunicados que las revistas y universidades envían a los periodistas. Y a veces me maravilla que la información sea tan buena como es”.

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