“Una cosa es la opinión de la gente sobre los medios en general, y otra la que cada uno tiene de los que lee”

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Nadie en Bruselas echaba de menos un medio del estilo de Politico, pero en solo dos años se ha convertido en imprescindible: el más leído entre los influyentes de la Unión Europea. Llegaron allí como fruto de una joint venture entre la edición americana del mismo nombre y el grupo alemán Axel Springer. La cabecera de Washington se convertía así en una marca global con una identidad clara: cubrir los círculos de poder más influyentes del mundo de una manera directa y cuidando mucho su independencia. Desde entonces, han puesto en marcha redacciones en Inglaterra, Alemania, Francia, y pronto tendrán una en España.

Gran parte de la culpa la tiene su director, Matthew Kaminski (Varsovia, 1971), que esta semana ha participado en Madrid en el foro de periodismo Conversaciones con…, organizado por la Universidad de Navarra. Antes de poner en marcha Politico, Kaminski fue, fundamentalmente, un hombre del Wall Street Journal, del que fue corresponsal en Bruselas, director de la edición europea en París y miembro de la redacción en Nueva York, durante quince años. Su trabajo ha sido reconocido en múltiples ocasiones, entre otras, con una nominación al Pulitzer en 2014 por una serie de diez reportajes sobre la crisis de Ucrania.

Bruselas, centro de poder

Se ha dicho que el principal problema de los medios que informan sobre la UE es que, al no existir aún un concepto de “pueblo europeo”, tampoco hay propiamente una “opinión pública europea”. Sin embargo, asuntos como el Brexit o las elecciones francesas se han seguido con interés en todo el continente. ¿Percibe algún cambio en este sentido? ¿Una apuesta como Politico es hoy más segura que hace unos años?

— Cuando nosotros llegamos a Bruselas existía esa creencia de que era imposible crear un medio europeo antes de que existiera una política europea, pero nosotros no pretendíamos eso. Es bastante halagador que la gente nos vea en esos términos, pero nuestra prioridad no es crear un sentimiento de “una sola Europa”. Más bien, pensamos que, si Bruselas es el centro del poder, donde hay gente importante discutiendo por cosas importantes, de ahí puede salir una publicación interesante. Y eso es lo que buscamos. Madrid es interesante, como París, Londres… Pero en Bruselas pasan muchas cosas que no se cubren bien a nivel continental. La historia de Europa es la historia del choque, de la lucha entre diferentes intereses. Normalmente de países, pero a veces también de industrias. Eso es lo que nosotros queremos contar, queremos hablar de los que están peleando ahí, de las dinámicas de la política y de a dónde quiere llegar cada uno.

“No es que los medios sean ahora menos rentables, es que los periódicos son menos rentables”

Por eso estoy seguro de que tendremos hueco, haya o no un proyecto europeo. No es nuestro trabajo decir si Europa es buena o mala, sino contar la historia de lo que está pasando en Bruselas.

De Clinton a Macron, pasando por Schröder

Reino Unido votó por abandonar la UE, pero los analistas difieren al interpretar esta decisión. ¿Cuál considera que ha sido el factor principal en la votación: el cultural (nacionalismo vs multiculturalismo), el económico (globalización vs antiglobalización), el político (populismos vs partidos tradicionales)?

— Los ingleses no estaban realmente involucrados en Europa cuando votaron. De hecho, ahora tenemos mucha más información de la que teníamos hace un año, porque la gente allí sabe mucho más de la UE ahora. No debieron convocar el referéndum. Cameron falló y será recordado por eso, aunque hasta ese momento su mandato había sido un éxito. Todo vino después de las crisis de los inmigrantes y de Grecia, que era un constante reflejo de lo que estaba pasando en la UE. La gota que colmó el vaso fue que los “ultranacionalistas” se dieron cuenta de que el polaco era la segunda lengua más hablada en Reino Unido, y eso no les gustó.

Varios medios han interpretado la victoria de Macron como un espaldarazo al europeísmo y a la política centrista. ¿Piensa que las elecciones francesas marcan realmente una tendencia?

— Macron es parte de una tendencia. Antes de él estaba Renzi, en Italia, que se fue de la izquierda y luego al centro. Antes, el canciller Schröder, que era de la izquierda y fue quien reformó Alemania y la convirtió la economía más fuerte. Antes, Blair, que también fue reformista… Pero el “padrino”, el iniciador de todo esto, fue Bill Clinton.

La mayoría de las personas en estos países no están en contra de la globalización o de las ideas liberales. La cuestión real es que la gente sabe qué está mal y cómo arreglarlo, pero nadie quiere ser el que lo afronte. Nicolas Sarkozy quería, pero no tuvo la fuerza para hacerlo hasta el final porque hubo problemas con el ala izquierda. Me parece que con Macron puede cambiar algo. Hay un espacio liberal en los partidos europeos, que es el centro.

Suspicacia contra los periodistas

Existe una paradoja en la actitud del público hacia la prensa: hoy más que nunca se espera de ella que cumpla su papel “democratizador” como cuarto poder, pero a la vez se la mira con sospecha por las fake news o por el sesgo ideológico de algunos medios ¿Cómo se puede contrarrestar esta oleada de suspicacia?

“Los periodistas no somos populares, pero tampoco estamos ahí para eso”

— Es cierto que existe esa suspicacia. Supongo que se contrarresta haciendo muy bien nuestro trabajo. Como ha pasado con otras instituciones, la confianza en la prensa ha caído, es muy baja. La gente piensa que los medios y los periodistas tienen que ser perfectos y, la mayoría de las veces, eso es imposible: A lo mejor no tienen toda la información, a lo mejor han dormido mal esa noche o quizá no han escrito la historia de la mejor manera posible.

De todas formas, el periodismo es una de esas profesiones en las que siempre se escuchan comentarios como “no dicen la verdad”, “están escondiendo algo…”. En Estados Unidos solo ha habido una excepción: el Watergate, cuando Woodward y Bernstein se convirtieron en héroes nacionales. No somos populares, pero tampoco estamos ahí para eso, sino para informar de manera independiente, justa, precisa. Para ofrecer contenidos interesantes de política, sociedad, cultura… Nuestro trabajo es informar.

Además, ocurre otra cosa. Si le preguntas a la gente: “¿Te gusta el Congreso?”, dirán: “¡No, son todos unos corruptos!”. Pero si les preguntas: “¿Te gusta tu congresista?”… “Ese es un tipo estupendo de verdad, al que he votado”. Creo que con los medios de comunicación ocurre un poco lo mismo. Por eso, no hablaría de la opinión sobre los medios en general, sino de la que cada uno tiene de los que lee.

Escribir para los que leen en móviles

Algunos se refieren a la edición europea de Politico como un “outsider” en el mundo del periodismo sobre la UE, y califican su estilo de más “agresivo”. ¿Qué les diferencia respecto a otros medios centrados en asuntos europeos?

— No queremos ser “absorbidos” por la UE, que es uno de los problemas de las publicaciones demasiado devotas de la historia de la Unión. Algunas de ellas incluso reciben dinero de la Comisión Europea, lo cual es una locura, porque pierden su independencia. Puede que seamos “outsiders”, pero creo que todos los medios deberían serlo: estar cerca de aquellos de quien escribes, pero siendo independiente.

Lo primero que nos diferencia es el estilo. Hay gente que nos considera agresivos y otros, simplemente, muy directos. Personalmente, no creo que sea un rasgo de cultura americana sino, más bien, de la cultura de los nuevos medios, especialmente en móviles: la gente no tiene tiempo suficiente para que, al llegar al sexto párrafo, le expliques de qué va la historia. Lo quieren ahora, quieren historias impactantes, que puedan recomendar a otros. Esa es la reacción que tenemos que esperar del público de ahora, no que nos lean y piensen “¡qué artículo más inteligente!”. Quizás necesitemos piezas inteligentes, exclusivas, pero con un foco claro y sencillo.

“Si Bruselas es el centro del poder, donde hay gente importante discutiendo por cosas importantes, de ahí puede salir una publicación interesante”

Es un estilo de cobertura que a nosotros nos gusta, aunque no siempre sea popular y no serviría en una tarjeta de cumpleaños para Juncker.

Crisis de la prensa, no de todos los medios

Una de las cosas más llamativas de Politico es su modelo de negocio. El primer deber de un medio hoy en día es sobrevivir, pero el negocio de la información, al menos en su formato tradicional, es cada vez menos rentable. ¿Deben los grandes medios cambiar sus contenidos (por ejemplo, centrarse en aportar un “valor añadido” a la actualidad: análisis, investigación…) o sus fuentes de financiación? ¿Quizás ambas?

No es que los medios sean ahora menos rentables, es que los periódicos son menos rentables. Fox News y CNN han incrementado sus ingresos este año. Bloomberg News gana toneladas de dinero con diferentes servicios. The Wall Street Journal es rentable, aunque menos que antes, porque tiene muchos costes derivados de su antiguo modelo de negocio, el periódico.

Todos estamos dando vueltas a cómo hacer de nuestro trabajo un negocio, pero el modelo clásico es un mercado a la baja. Si piensas en The Wall Street Journal, o en Expansión en España, están en una buena posición: son el periódico de la élite del mundo los negocios. Eso es mucho. No tenemos que pensar que la única forma de ganar dinero es vendiendo anuncios impresos; tiene que haber otras maneras de rentabilizar esa relación con la audiencia. Para eso, hay que intentar siempre ser el mejor en lo tuyo porque si no, es fácil que tu público se vaya con tu competencia.

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