Muere Roger Scruton, explorador de lo sagrado

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Duración lectura: 3m.
Roger Scruton (Foto CC Elekes Andor)

Educado y cortés, Roger Scruton (1944-2020) no se desprendía de su caballerosidad ni cuando se adentraba en la trinchera para disparar contra la corrección política. Y, aunque despiadado al valorar los logros de los heraldos de la posmodernidad, no se puede interpretar su obra únicamente en clave política.

Pertenecía, ciertamente, a esa eximia estirpe conservadora que hermana intuición y compromiso pragmático para defender la libertad y las instituciones que recogen el fruto histórico de la sabiduría colectiva. No se arredró en su defensa del sentido común, aunque los fanáticos que cercenan la libertad de expresión le obligaran a dejar la enseñanza y, el año pasado, el gobierno de May le cesara como asesor a raíz de unas supuestas declaraciones racistas.

Lo sagrado, entendido como el ámbito donde se puede descubrir el sentido, constituyó su principal obsesión

Pero su importancia excede el ámbito de la milicia política. Este gentleman genuino, autor de varias óperas y apasionado musicólogo, combatió con la misma beligerancia la vulgaridad cultural de nuestros días que el relativismo del que nacía. Fue el París de los sesenta lo que, en su caso, le despertó del “sueño dogmático”: se convenció de que la lucha contra el orden represor amenazaba con destruir también el legado de la alta cultura. Algo descreído y pesimista acerca del posible progreso moral y estético del hombre, Scruton deploró las consecuencias perversas del igualitarismo, ridiculizando hasta el extremo el utopismo ideológico.

La belleza y lo sagrado

Nombrado sir por la Reina Isabel II, reivindicó el amor en tiempos de confusión sexual; la exquisitez, en un contexto de zafiedad ramplona, y la verdad, en un momento de ceguera ideológica. Tuvo la osadía de desgañitarse reiterando que ni el cuidado del entorno natural ni el de los animales son patrimonio de la izquierda, sino genuinos valores conservadores. Y frente a quienes proponen disolver la esencia humana en un atajo de convencionalismos, atisbó que hay dimensiones del hombre irrenunciables, pese a la diversidad de sus concreciones.

Además de sus ensayos sobre la cultura o el vino, El alma del mundo tal vez sea su libro más original. Si, en la batalla política, sus contendientes son los posmodernos, en la disensión filosófica, el cientificismo y el consecuencialismo constituyen sus adversarios principales. En el primer caso, Scruton apunta que hay un ámbito más allá del de las causas que aborda la ciencia: el del sentido, que da razón, por ejemplo, de las humanidades y del pensamiento religioso. Por el otro, cree que el recurso al cálculo de los efectos no es coherente con la dimensión personal presente en toda acción moral.

Desde este punto de vista, no sería exagerado afirmar que lo sagrado, entendido como aquella región en la que se puede descubrir el sentido, constituyó su principal obsesión y el tema que conecta al Scruton político con el prestigioso filósofo. El conservadurismo fue un modo de defender los valores perennes de la cultura, frente a la obstinación destructiva del progresismo. Pero también su obra filosófica, en el campo estético, presentaba la belleza como un fenómeno difícil de definir, pero del que dependía el cultivo de la humanidad. Afirmó que, sin ella, sin cultura, en definitiva, el mundo perdería su encanto espiritual. Descanse en paz.

Roger Scruton falleció el 12 de enero de 2020 a los 75 años.

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