Pedro Antonio Urbina, escritor humanista

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El pasado 31 de julio falleció Pedro Antonio Urbina, en el Centro de Cuidados Laguna (Madrid), donde llevaba varias semanas ingresado. Nacido en Llucmajor (Mallorca) en 1936, Pedro Antonio, colaborador de Aceprensa durante más de quince años con críticas de libros y de cine, deja una obra literaria muy original y de gran calidad, en la que se expresa en diversos géneros, con una unidad que muestra su coherencia como escritor y como persona. Esto se nota incluso en sus libros para niños, donde fantasía, belleza, verdad y bondad andan muy juntas.

Urbina cultivó la novela, la poesía, el ensayo, la biografía e incluso el teatro. Durante unos años, fue guionista de programas infantiles de Televisión Española. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas, e incluso alguno de sus relatos se utiliza en Japón para la enseñanza del castellano.

En Pedro Antonio Urbina concurren unas cualidades poco frecuentes en el panorama literario actual. De una parte, una notable formación filosófica, teológica y humanista, palpable de modo más evidente en sus ensayos Filocalía o el amor a la belleza, libro publicado en 1988, pero reeditado recientemente, y Actitud modernista de Juan Ramón Jiménez, fruto de unas clases impartidas en Berkeley en 1992; en El Seductor, obra teatral sobre Kierkegaard, y en una de sus biografías Dios, el Hijo de María; y de forma más sutil en el resto de sus obras. De otra, una extraordinaria sensibilidad para la belleza, que hace que su producción literaria esté también relacionada de algún modo con la música y con la pintura, y que cada libro sea el resultado de una tarea muy exigente por parte del autor, que se transmite también al lector. Quizá por esto sus libros han sido menos conocidos de lo que su calidad hubiera merecido, aunque pienso que el tiempo pondrá las cosas en su sitio.

La lectura tanto de sus novelas como de sus poemas exige esfuerzo, pero supone un notable enriquecimiento. Por poner unos ejemplos, Cena desnuda, una de sus primeras novelas, muestra la catarsis que se produce en la vida de un hombre, con momentos que conmueven al lector hasta la raíces. Gorrión solitario en el tejado (reeditada en 1997) es una de las novelas simbolistas más importantes de la literatura española actual, a mi modo de ver; La página perdida, El carromato del circo son otras novelas importantes. En La otra gente, relatos reeditados el año pasado por Númenor, destaca otro aspecto que influye en toda la obra de Urbina: su origen mediterráneo.

En su poesía, hecha de imágenes, de palabras y de silencios, pues es tan importante lo que se dice como lo que se sugiere, sobresale algo que es constante en toda su obra: la búsqueda de la belleza, que es búsqueda de la Belleza y por esto una labor costosa, en la que gozo y dolor andan a veces juntos, hasta llegar al éxtasis. Poemarios como Los doce cantos (1979), Estaciones cotidianas (1984), La Rama (1988), Hojas y sombras (1990), Las edades como un dardo (1991), Algún interminable mérito (1998) son una buena muestra de lo dicho.

Además, Pedro Antonio Urbina ha sido hasta el final de su vida un guía de muchos escritores jóvenes, a los que escuchaba, sugería, dedicaba tiempo a atenderlos. Además le gustaba compartir con ellos y con otros escritores momentos inolvidables en su estudio. Soy testigo agradecido de todo lo expuesto.

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