Coetzee: El arte de la infelicidad

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Al concederle el Premio Nobel de Literatura, la Academia Sueca ha resaltado que J.M. Coetzee es un autor que “acierta como pocos a combinar el realismo de la justicia social con las exigencias estéticas literarias”. Sudáfrica ocupa buena parte de su obra, aunque es un autor que ha intentado no encasillarse ni en un tema, ni en una misma forma de novelar. Sus influencias literarias más evidentes, reconocidas por él mismo, proceden de autores centroeuropeos como Kafka, Musil, Robert Walser, Sándor Márai y Joseph Roth, escritores a los que dedica algunos de los ensayos que aparecerán próximamente en el volumen Orillas extrañas, que publicará Debate. No es el único libro de crítica literaria de Coetzee, tarea que suele desempeñar en The New York Review of Books y a la que ha dedicado varios libros.

La Academia Sueca también ha señalado que sus novelas “se caracterizan por una composición hábil, un diálogo condensado y un análisis brillante”. La concesión del Nobel a Coetzee ha sido muy bien recibida por aquellos autores y críticos que, desencantados de las utopías, piensan que la honradez del escritor consiste en la crítica de una realidad oscura y turbulenta, aunque no haya motivos de esperanza. Analizando los últimos galardonados, esta visión del mundo es muy grata al jurado del Premio Nobel.

John Maxwell Coetzee nació en 1940 en Ciudad del Cabo. Su familia refleja la variedad de orígenes tan propia de Sudáfrica: su madre era de ascendencia alemana y su padre, mezcla de afrikaner e inglés. Pertenece, pues, a una minoría de habla inglesa, separada tanto de los blancos afrikaner como de la mayoría negra. Cursó estudios en su país natal y en Inglaterra, donde descubrió su vocación artística, como cuenta en su libro de memorias Juventud. En la actualidad es profesor en la Universidad de Chicago durante un semestre y tiene su residencia habitual en Australia. Se considera un exiliado de Sudáfrica.

Las novelas de Coetzee son duras, nada complacientes. Con desgarro, describe unos conflictos afectivos, sociales y políticos muy sudafricanos y, a la vez, plenamente universales. Son historias con tramas despiadadas y personajes extraviados que luchan por encontrar un sentido a la violencia y a la injusticia que les rodean. A menudo, sus creaciones se transforman en parábolas morales, faltas de horizontes trascendentes, que reflexionan con rabia sobre el racismo, el odio, la venganza, el desamor. Se diría que confunde la lucidez con la amargura. Su atmósfera preferida es la rebeldía existencial, descrita con una prosa dura, elegíaca, con la que da forma a un inconfundible clima de opresión. Hablando de su concepción de la literatura, Coetzee ha repetido que “la infelicidad es indispensable para el arte” y que “la gente feliz no es interesante”. Analizando los argumentos de sus novelas se comprueba que el autor sudafricano es consecuente con estos principios.

En su país es un escritor controvertido. Se reconoce la calidad de sus obras y no se niega que reflejen la realidad de Sudáfrica. Pero también se advierte que se centra en los aspectos más negativos, dando la impresión de que no hay esperanza de mejora. El hecho de haber emigrado se interpreta también como una muestra de desconfianza en la capacidad de buen gobierno en la Sudáfrica actual.

Trayectoria literaria

Dejando a un lado sus libros de crítica y ensayos literarios, Coetzee ha publicado dos narraciones biográficas (Infancia, ver servicio 178/00), y Juventud, y otras nueve novelas, la mayoría de ellas ambientadas en su Sudáfrica natal, con la excepción de El Maestro de Petersburgo (ver servicio 103/96), una recreación de los aspectos más sórdidos de la vida de Dostoievski. Dusklands (1974), todavía no traducida al castellano -igual que su última obra, Elizabeth Costello-, contiene dos relatos más o menos históricos ambientados en 1760, durante la conquista de Sudáfrica. En medio de ninguna parte (1976), recientemente reeditada en la editorial Mondadori, donde figuran la mayoría de sus novelas, es un relato angustioso y onírico sobre la desolada vida de la hija de un granjero; con el telón de fondo de la conflictiva política sudafricana, Coetzee analiza las tormentosas relaciones padre-hija.

Esperando a los bárbaros (1980) es una dura alegoría sobre la represión y la corrupción, temas habituales en su narrativa, aunque en esta ocasión mostrados de una manera más salvaje. Con Vida y época de Michael K (1983) obtuvo su primer Booker Prize (Coetzee es el único autor que ha recibido dos veces este prestigioso galardón literario inglés). Esta novela narra el exilio de un jardinero hacia su región natal, acompañado de su madre agonizante. Foe (1987) es una de sus novelas más originales, pues reescribe las aventuras de Robinson Crusoe desde el punto de vista de una mujer, que él sitúa en el mismo barco. La edad de hierro (1990) es otra de esas novelas que reflejan su atormentado y lúgubre mundo interior, pues tiene como argumento los últimos días de una anciana enferma de cáncer, que mantiene una inexplicable amistad con un mendigo.

En 1999 vuelve a obtener el Premio Booker con Desgracia, ambientada en la Sudáfrica después del apartheid, sobre los dolorosos problemas en que se mete un profesor de literatura incapaz de controlar sus deseos sexuales (ver servicio 178/00). Por último, este año ha publicado Elizabeth Costello, conjunto de reflexiones sobre el bien, el mal, la censura, etc., y que incluye su ensayo Las vidas de animales, una apasionada defensa de los derechos de los animales.

Adolfo Torrecilla

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