La opción benedictina, en la vida real

La opción benedictina - La Bénisson-Dieu

Rod Dreher ha entrevistado recientemente al inspirador de una “ecoaldea” de familias católicas, al noroeste de Lyon (Francia). Aunque el proyecto nació antes de que apareciese su libro La opción benedictina, lo presenta como un ejemplo del tipo de comunidad contracultural que defiende. Por su parte, Leah Libresco ha adaptado la propuesta de Dreher para jóvenes profesionales faltos de tiempo.

Según explica François Nollé a Dreher en la larga entrevista publicada en The American Conservative, en el origen de su “ecoaldea cristiana” –construida en torno a una abadía cisterciense del siglo XII– hay tres familias. Luego se sumaron más personas; en total, son 15 adultos y 30 niños.

François y su mujer Blandine, padres de varios hijos, vivían en París. Tras un proceso de discernimiento, sintieron “una fuerte necesidad de coherencia”. De un lado, deseaban una vida austera en contacto directo con la naturaleza. De otro, aspiraban a una experiencia más intensa de la fe, también comunitaria.

En 2015, el matrimonio encontró una respuesta a su inquietud. Conocieron el movimiento agroecologista “Colibris”, fundado por el filósofo francés de origen argelino Pierre Rabhi. Aunque Rabhi no es cristiano, François y Blandine se sintieron atraídos por su idea de fundar “oasis” sostenibles “en medio del desierto individualista y capitalista”. Pero echaban en falta la orientación religiosa.

Ese mismo año, el Papa Francisco publicó la encíclica Laudato si’ y se entusiasmaron con el mensaje de la “ecología integral”, que interpretaron como una llamada a ver que “todos los aspectos de una forma de vida están interrelacionados”.

 

La “ecoaldea” de François y Blandine se inspira en el movimiento agroecologista del filósofo Pierre Rabhi y en la encíclica Laudato si’

 

De ambas ideas surgió la inspiración para poner en marcha su “ecoaldea”. En la Navidad de ese año diseñaron con las otras dos familias las líneas maestras del proyecto. Después lo enviaron a varios obispos franceses, a los que pidieron permiso para establecerse en sus diócesis. La iniciativa fue bien recibida por varios. Finalmente, se decantaron por La Bénisson-Dieu, un pequeño pueblo donde la diócesis de Lyon tiene cuatro casas. Los nuevos habitantes se han comprometido a rehabilitarlas para que puedan vivir en ellas personas con dificultades económicas. “No queríamos fundar un proyecto que nos aislara totalmente de la sociedad”, sostiene François.

Las tres familias se instalaron en agosto de 2016 y todas han encontrado empleo por la zona. En la página web que explica el proyecto, dejan claro lo que no les gusta de la cultura actual y cuál es su alternativa. Quieren “vivir la ecología integral y difundir esta forma de vida”. Lo que se traduce, entre otras cosas, en “una vida espiritual más encarnada”; en una vida “centrada en la convivencia, que nos permita redescubrir nuestra vocación profunda y restaurar nuestra mirada contemplativa sobre la belleza de las cosas”; en una economía “respetuosa con el medio ambiente”; en una comunidad donde impere la acogida, “en primer lugar a los pobres, para reintegrarlos”, etc.

Una comunidad de cuidado

¿Cómo es la vida en la aldea? El día comienza con una adoración eucarística, a las 6:30, a la que sigue el rezo de Laudes. Luego parten al trabajo. Los niños –de 3 a 7 años– estudian en una escuela rural que cerró hace dos años y que han logrado reabrir. Hay una maestra a tiempo completo, con título oficial, a la que ayudan algunas mujeres de la comunidad cuando regresan de sus trabajos.

Durante la semana, organizan comidas o cenas en común, talleres, juegos, momentos de oración, cantos… Además, la vida en la aldea exige ciertos trabajos como cortar leña, cultivar frutas y verduras, organizar juegos para los niños, ayudar a los vecinos mayores, etc. Son estos vínculos fuertes lo que les convierte en una comunidad viva, dispuesta al cuidado y en guardia ante al individualismo. Pero no son una comuna: cada familia tiene sus ratos de intimidad y gestiona autónomamente sus finanzas.

 

Son estos vínculos fuertes lo que les convierte en una comunidad viva, dispuesta al cuidado y en guardia ante al individualismo

 

En la entrevista no se explica a qué se dedican los adultos, salvo el dato de que trabajan fuera de la aldea. En este sentido, es cierto que no se retiran por entero del mundo. Dreher se defendía de este reproche en una entrevista para Aceprensa: “El mayor malentendido acerca de La opción benedictina es que parece que llamo a los cristianos a huir del mundo y construir una fortaleza en las montañas”. Pero el núcleo de su propuesta, explicaba, es la invitación a “ser más radicalmente contraculturales”. En su opinión, esto pasa por “construir una comunidad que insista en las diferencias que los cristianos tenemos respecto al resto del mundo, y hacer cosas que refuercen tal diferencia. Esto no significa que nos escondamos del mundo, sino que cuando salimos al mundo debemos ser fieles representantes de Jesucristo”.

Durante la entrevista, ciertas afirmaciones de François Nollé parecen sugerir que solo es posible vivir la fe cristiana a fondo en condiciones sociales óptimas. No niega que se pueda llevar un estilo de vida a contracorriente también en la ciudad, pero tanto él como su mujer pensaron que en el campo sería más fácil. Ese “en su caso” es fundamental para entender la propuesta de la opción benedictina, que admite diversas concreciones en la vida real.

Al final de la conversación, Dreher menciona una iniciativa en Italia de la que ya habló en su libro y que, hoy por hoy, representa “el ejemplo ideal de una comunidad laica” inspirada en la opción benedictina. El proyecto, iniciado en 2012 por familias católicas vinculadas a la Compagnia dei Tipi Loschi del beato Pier Giorgio Frassati, está mucho más consolidado que el anterior. Asentada en una colina con vistas a la localidad de San Benedetto del Tronto y al mar Adriático, la comunidad cuenta con un colegio propio: la Scuola Libera G.K. Chesterton.

Hospitalidad y oración en la ciudad

Lo cierto es que tanto el ejemplo francés como el italiano tienen algo de “fortaleza en las montañas”. De modo que sigue en pie la pregunta de si es posible una opción benedictina en medio de las grandes ciudades.

En un artículo publicado en Public Discourse, Evelyn Behling sostiene que la visión de Dreher no supone necesariamente el repliegue en comunidades alternativas. En su opinión, hay una “parte constructiva” de su propuesta que se puede desarrollar en cualquier entorno social. Y pone como ejemplo el libro de Leah Libresco Building the Benedict Option, con prólogo del propio Dreher. En él ofrece soluciones prácticas a los creyentes que viven aislados su fe. Su deseo es ayudarles a “construir comunidades de oración, socialización y evangelización en los lugares donde viven y trabajan”.

Formada en la Universidad de Yale, Libresco ha trabajado como profesora de estadística, investigadora de políticas públicas y periodista en FiveThirtyEight, además de colaborar con otros medios. Cuando se convirtió al catolicismo desde el ateísmo, buscó la forma de vivir su compromiso cristiano acompañada por otros. Una de sus inquietudes era adaptarse con creatividad a los locos horarios de sus amigos, jóvenes profesionales urbanos como ella.

Su céntrico apartamento en Washington D.C. se convirtió en el germen de lo que ha terminado llamando “encuentros Benedict Option”, cuyas señas de identidad son la hospitalidad y la oración. La seriedad de la propuesta de esta millennial salta a la vista: cada viernes por la tarde-noche abría su casa a sus amigos para cenar y rezar juntos la liturgia de la horas: primero, las Vísperas; luego, la cena; después, las Completas; y por último, el postre.

Ahora Libresco está casada y vive en Nueva York, donde sigue organizando eventos similares con su marido. “Tenemos sillas plegables en un armario, pero la gente acaba en el suelo cuando el grupo es numeroso”, explicaba en una entrevista.

En el libro, recoge iniciativas y sugerencias variadas, bajando a detalles concretos. Por ejemplo, en vez de empezar las reuniones con desconocidos con la pregunta “¿a qué te dedicas?”, sugiere preguntarles si han leído algo interesante últimamente. La suma de detalles como este pretenden contribuir a cambiar las mentalidades. Como dice Behling a propósito de ese ejemplo: “Siempre es una tentación equiparar el valor último de las personas a su productividad económica. Las reuniones sociales que Libresco quiere que tengamos, nos permiten enriquecernos unos a otros en una escala y una economía diferentes”.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares