La fotografía halla un espacio en los museos

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El arte del pincel-cámara
Los museos, galerías y exposiciones que pueblan nuestras ciudades albergan con brío creciente las fotografías de profesionales que se saben y sienten artistas. Una muestra de esta tendencia es la segunda edición de PhotoEspaña que ha podido verse en Madrid hasta el 18 de julio: 93 exposiciones con obras de cerca de 300 fotógrafos, que han recibido medio millón de visitantes. La fuerte irrupción de la fotografía en el mercado artístico abre nuevos horizontes para el debate en torno a los soportes y técnicas de la obra de arte.

Nadie duda hoy del papel que viene desempeñando la fotografía en la conformación de la sensibilidad contemporánea, decididamente icónica. Hay fotógrafos que han sido capaces de trascender la dimensión ilustrativa de la fotografía convirtiéndola en un vehículo de expresión artística. Preguntaron a Sander qué había detrás de su colección de fotos expuestas en Colonia en 1927. Su respuesta puede resultar mucho más sugerente de lo que parece: “mirar, observar y pensar”.

La primera fotografía realizada por Niepce es del año 1826. La acogida y valoración de la fotografía ha sido rápida, si la comparamos con la recepción del arte abstracto. Público, especialistas, artistas, coleccionistas y galeristas vienen dando su placet a una manifestación artística que conecta claramente con la realidad, sin limitarse a plasmarla. El coleccionismo fotográfico se ha consolidado recientemente. A caballo entre la ilustración periodística y la autonomía expresiva, la fotografía lucha por ser reconocida como una de las bellas artes.

Estética propia

El “medio” fotográfico, que es captación de una realidad circunscrita en el tiempo por medio de un elemento inmaterial como la luz, o también creación de un mundo ilusorio tan convincente como el mundo real, actúa a modo de memoria o archivo visual en cuanto que es reflejo de la realidad. A partir de este nuevo lenguaje que “celebraba la banalidad de lo cotidiano” -en palabras de Marc Scheps, experto en fotografía-, se estimula un nuevo tipo de comunicación visual.

A principios de este siglo se tomó conciencia de que la imagen fotográfica había ganado su autonomía y que había desarrollado una estética propia. Artistas de vanguardia como los rusos Rodchenko y El Lissitzky, el dadaísta y surrealista Man Ray o el constructivista húngaro László Moholy-Nagy aceleraron la construcción de una teoría de la fotografía, no exenta de consideraciones políticas, sociológicas y éticas. La emancipación de la fotografía posibilitó nuevas y fructíferas relaciones con la pintura, aunque en ocasiones derivaron a altercados entre los artistas de la cámara y los del pincel.

En 1929 se abría una sección de fotografía en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, cuando aún eran pocos los coleccionistas de fotografía. La irrupción definitiva de la fotografía en museos y galerías se produce a principios de los sesenta. El mundo urbano, los mass-media y la publicidad despertaron el interés de artistas como Andy Warhol o Robert Rauschenberg, y la fotografía pasa a integrar sus creaciones. Otros, como Gerhard Richter, exploran el ámbito específico de la imagen fotográfica, considerando que la importancia de la fotografía reside tanto en su capacidad de reflejar la realidad como en su emancipación respecto de la realidad material que capta a través del objetivo.

La fotografía había alcanzado la madurez, y los museos fueron abriéndole sus puertas. La Colección de Fotografía del Museo Ludwig de Colonia, inaugurada en 1976, arrancó optando por el diálogo entre fotógrafos, pintores, escultores y dibujantes, exponiendo sus obras respectivas en un espacio común. Actualmente este museo posee más de 9.300 fotografías de 278 autores.

Quinta Avenida, de Weegee (1942)Un arte próximo al público

La fotografía parece haber conquistado al público, y ha llegado a ser un componente esencial de nuestra cultura, marcada por la importancia de la imagen. Se aprecia una presencia creciente de la fotografía en el mercado del arte, como muestran la Bienal de Venecia, las Ferias de Basilea, Printemps de Cahors o ARCO 99 de Madrid.

Algunos auguran que la fotografía va a sustituir a la pintura y a la escultura. No comparto esa opinión; pero es evidente la fuerte tendencia que domina el arte más reciente. En palabras de Yvon Lambert, galerista parisino, “la foto hoy es como la abstracción en el período de entreguerras” (Le Monde, 20-VI-99). En la Feria de Basilea se ha pasado de tres a cincuenta galerías que exponen fotografía. A principios de los años 80 abundaban los pequeños formatos, que van dejando paso a composiciones de gran tamaño, frecuentemente mixtas (la foto se mezcla con pintura, dibujo, escultura, etc.). La influencia de autores como Cindy Sherman o Nan Goldin se ha notado en la proliferación de artistas fotógrafos en la década de los años 90.

El poder expresivo de la imagen, impresa o audiovisual, ha crecido vertiginosamente con los avances tecnológicos que permiten grandes formatos. Los analistas coinciden en vincular este fenómeno con la superación de crisis económicas que afectaban a las áreas expositivas. Alejandro Castellote, director artístico de PhotoEspaña 99, opina que “la fotografía triunfa porque contribuye a reconciliar al público no experto con un arte, que en este fin de siglo ha tendido a generar propuestas especializadas que remiten a una visión crítica de los lenguajes creativos y su interrelación, alejando cada vez más las exposiciones del público no experto”. Henri-Claude Cousseau, director del Cap-Musée d’Art Contemporain de Burdeos, comprende que “los jóvenes artistas se decidan por un medio simple, espontáneo, inmediato, efímero, ligero, intimista, autobiográfico y comprometido”, como es la fotografía, para la expresión (Le Monde, 21-VI-99).

Fotos para la reflexión

Esta marcada tendencia a servirse de la técnica fotográfica para el lenguaje artístico pone de manifiesto que vivimos en un mundo de información inmediata, donde el ahora y el instante fugaz priman sobre otras realidades perennes. Sin embargo, existen imágenes fotográficas que provocan reflexión y sugieren un sentido; mueven al silencio y a la recuperación de la subjetividad. Anne de Villepoix, galerista de París, lo denomina “arte del presente”. La cocina fotográfica va de los platos crudos a los más sofisticados preparados. El hibridismo y la fragilidad paga frecuentemente el peaje de la transgresión y la provocación, constatable también en otras artes plásticas.

Desde que se conoce la técnica fotográfica, algunos prefieren la publicación como único soporte idóneo; otros, la exposición de obra en galerías y espacios de arte. El “pincel-cámara”, como algunos denominan a la fotografía como arte, nos reconduce a conceptos muchas veces metafísicos en el arte, paradójicamente en una época en la que, en ocasiones, parece que avergüenza hablar de metafísica como saber totalizador, como pregunta sobre el sentido de la existencia. A menudo, tanto obras fotográficas como instalaciones en el arte actual nos sitúan de cara a las preguntas sobre el sentido de la vida, o buscan los porqués de la muerte, del amor, de la enfermedad…: un afán integrador y buscador que se atribuye a la metafísica.

A la hora de comprar obras fotográficas, el coleccionismo se encuentra con la dificultad de afrontar las imágenes fotografiadas como el resultado mecánico de un proceso tecnológico; se teme la facilidad de reproducción múltiple de las obras -lo que resta exclusividad- o su delicada conservación. Todos estos factores han ralentizado la incorporación de la fotografía al mercado de las obras de arte.

El arte contemporáneo está surcado por el mestizaje y la fusión técnica, aunque algunos se aferren a lenguajes exclusivistas y excluyentes. Según Rafael Doctor, responsable del Espacio Uno del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, “la fotografía puede dejar de ser una huella de la realidad y aparecer como una construcción ajena a todo tipo de contacto con un cuerpo que proyecta unas luces y unas sombras. Si este nuevo modo de entender la imagen abre una fisura, nos podríamos encontrar con un ‘subgueto’ dentro del ‘gueto’ de lo fotográfico, algo no deseable para la creación artística” (ABC Cultural, 12-VI-99).Moro al viento, de José Ortiz-Echagüe (1909)De la marginación al éxito

Se está desarrollando un nuevo coleccionismo, más abierto, con otros criterios para la adquisición de las obras de arte. Las galerías y museos han multiplicado su oferta al mostrar este tipo de obras, de la misma forma que buena parte de los artistas en la última década han ampliado su paleta incluyendo el pincel-foto o el pincel-vídeo, sin que por ello se consideren fotógrafos o videoartistas. Pero la situación aún es complicada, en opinión de Doctor, porque la fotografía “encuentra difíciles barreras como la crítica artística, que en la mayor parte de los casos no ha sabido o querido ampliar sus conocimientos; o los artistas que aún siguen defendiendo unos valores elitistas; o los fotógrafos enclaustrados en su burbuja técnica”.

Hay quien se pasó de la fotografía a los pinceles, y quien recorrió el camino inverso. La fotografía como herramienta de expresión del momento, de la ilusión o la realidad, de lo cotidiano, hace veinticinco años era algo marginal en el arte. Según el fotógrafo Daniel Canogar, “la enorme capacidad fagocitadora de nuestra cultura postmoderna ha asimilado el medio fotográfico, y sin darnos cuenta, aquellos que crecimos con la consciencia de marginación, en la actualidad nos encontramos en el punto de mira del sector artístico. Qué paradójico resulta que cuando el medio fotográfico finalmente parece haber sido asimilado por el mundo del arte, es la fotografía misma la que parece haber muerto. No nos engañemos: la fotografía que cotiza en el mercado del arte es la de las ediciones de lujo, numeradas y exquisitamente reveladas, cuando la realidad cotidiana del medio va por otros derroteros. (…) Siempre estará presente el enigma de una imagen tecnológica que cuestiona la realidad, que la reproduce y la transforma, sin importarle si pertenece o no a las altas jerarquías del arte contemporáneo” (ABC Cultural, 12-VI-99).

Tensión entre realidad e imagen

Pienso que algunos artistas buscan, a través de la fotografía, poner en evidencia la tensión entre lo que se ve y el concepto fotográfico de realidad observada. La fotografía suministra respuestas a muchos creadores, otro tipo de respuestas; y lo que es más, se observa que muchos artistas iniciados en otras disciplinas artísticas vuelven su mirada a este medio para prolongar su discurso estético.

Para la fotógrafa Anna Malagrida (Barcelona, 1970), es necesario “ayudar a comprender un medio cuyas estrategias son mucho más complejas de lo que aparentan. Y es que se está empezando a entender que la fotografía no es una imagen que se limita a describir la realidad con la máxima precisión, sino que, de modo inverso, es la fotografía la que en gran medida nos ayuda a construir una imagen del mundo al que ya no accedemos físicamente sino a través de las imágenes, reales o inventadas. (…) La fotografía ha permitido un giro importante en el arte, que vuelve a mirar al mundo, aunque el mundo que nos rodea no sea más que una ilusión” (ABC Cultural, 12-VI-99). Esta autora desarrolla su obra fotográfica recreando la idea de espejismo, donde tiempo y memoria juegan con el soporte fotográfico, en un territorio próximo a la pintura.

Un recorrido por PhotoEspaña 99 permite encontrarse con el reporterismo neoyorkino de Weegee, el neorrealismo italiano, la captación del folclore español en las obras de Ortiz Echagüe, el documentalismo social de Ramón Masats o los trabajos premiados por el concurso Photopress 99. Visitar esta u otras exposiciones puede ser una buena ocasión para valorar la riqueza de la imagen fotográfica, la creatividad de los que convierten la cámara y el cuarto oscuro en un territorio artístico de luces y sombras.

María Molina León_________________________María Molina León, historiadora del Arte y doctora en Antropología, es presidenta de Arte XXI Mecenazgo Interartístico.