Google Libros no infringe los derechos de autor

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Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 86/13

Hace dos meses, en la vista del pleito puesto por los autores de libros contra Google, un cándido comentario del juez, Denny Chin, pareció anticipar el fallo. Chin dijo que sus propios asistentes usan Google Libros para documentarse. Y en efecto, la sentencia dictada el 13 de noviembre rechaza la demanda: permitir la búsqueda de libros escaneados, sin dar acceso a las obras enteras, no es contrario a la propiedad intelectual. Los autores piensan recurrir.

Google comenzó a digitalizar libros en 2004 sin pedir permiso ni pagar a los titulares de los derechos. El año siguiente, editores y autores norteamericanos le pusieron una demanda por infracción de copyright. Ambas partes negociaron y llegaron a un acuerdo por el que Google pagaría 125 millones de dólares y se resolvería la disputa, pero el juez no lo admitió. Entonces, los editores se retiraron del pleito y cerraron un trato con Google, ya no sujeto a aprobación judicial. Pero los autores prosiguieron su reclamación.

Mientras tanto, Google no dejó de escanear libros, hasta más de 20 millones de títulos, la mayoría descatalogados, pero no necesariamente sin derechos vivos. Mediante Google Libros se pueden buscar por cualquier parte del texto, pero solo se accede a fragmentos. También se pueden hojear, pero no enteros. Algunos se pueden comprar en Google Play, con permiso de los editores, que se llevan su parte de la venta. Google también tiene convenios con editoriales y bibliotecas para entregarles copias digitales de los libros escaneados.

El juez tenía que examinar si Google Libros es un caso de “uso legítimo” (fair use) amparado por la ley de copyright, como el que hacen las escuelas para enseñar o quien cita en un texto propio. Chin ha concluido que sí: Google Libros, dice, “fomenta el progreso de las artes y las ciencias, y a la vez tiene respetuosamente en cuenta los derechos de los autores, sin perjudicar los derechos de los titulares del copyright”.

Una objeción para considerarlo “uso legítimo” era que Google gana dinero al atraer público a sus servicios, aunque en 2011 dejó de poner publicidad en el sitio de libros. Chin replica que, si Google lo hace por dinero, eso no quita que cumpla “importantes fines educativos”. Además, es un servicio que aporta algo nuevo, pues antes no se podía manejar los textos así, y no sustituye a los libros, pues Google no vende los contenidos digitalizados. Y beneficia a autores y editores al ampliar el público de las obras y darles por tanto nuevas posibilidades de ingresos.

En una declaración sobre la sentencia, Google dice que su sitio de libros “funciona como un catálogo de biblioteca para la era digital, permitiendo a los usuarios encontrar libros que comprar o pedir en préstamo”. De hecho, a favor de Google se habían pronunciado instituciones de enseñanza y bibliotecas. Los autores norteamericanos son los únicos que no se suman a la fiesta.

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