Probablemente no será recordada esta 29ª edición por ninguna de las películas premiadas, pero el Festival de Málaga sigue siendo una cita imprescindible para descubrir títulos destacables, nombres emergentes y temas que está explorando el cine español.
A los festivales se va a ver cine. Mucho cine. Bueno, malo y regular. El palmarés casi siempre es lo de menos, aunque en Málaga hemos visto biznagas que luego han brillado en los Oscar y, sobre todo, han emocionado al público. Y ahí están Cinco lobitos, Sorda, Las niñas o Verano 1993. Todas ellas, por cierto, dirigidas por mujeres, porque el Festival de Málaga es, desde hace años, un estupendo escaparate para directoras noveles.
En esta 29ª edición también se ha llevado la Biznaga de Oro una película dirigida por una cineasta debutante: Yo no moriré de amor, de Marta Matute. Basándose en su propia experiencia personal, Matute cuenta la historia de una joven que se enfrenta al alzheimer precoz de su madre mientras trata de mantener su vida: el instituto, su relación con otra chica, sus planes y sus fiestas. La cinta aborda el peso de los cuidados, especialmente cuando recaen en alguien muy joven. Al contrario que en otras cintas recientes que abordan este tema, como Los destellos o la propia Cinco lobitos, la perspectiva es bastante oscura, con escaso viaje emocional y ningún descubrimiento. Al contrario, hay una foto fija bastante demoledora. La película tiene el valor de lo autobiográfico y unas magníficas interpretaciones, pero no creo ni que enganche con el público ni que recordemos este título dentro de un año.
Igual que probablemente no recordaremos nada de la Biznaga de Plata, Premio del Jurado, Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa, una convencional revisión de Romeo y Julieta protagonizada por un personaje trans. Además de los cuidados, lo trans ha sido otro de los temas protagonistas de la Sección Oficial, en la que ha concursado Mi querida señorita, una paupérrima versión de la película de Jaime de Armiñán.
El Festival ha permitido ver algunas películas notables y con capacidad de abrir debate, como Altas capacidades o Corredora, y también algunas de tono anti-cínico, como Auri y Pizza Movies
También se ha hablado mucho de abusos. Los vimos en Juana, un interesante pero fallido thriller sobre una periodista que investiga feminicidios en México, y en Sucia, un durísimo documental que narra los abusos sexuales que una joven sufrió por parte de un masajista y su lucha para llevar el caso ante la Justicia.
Sobre colegios de élite, “bullying”, deporte y salud mental
Pero no todo han sido decepciones. El Festival ha permitido ver algunas películas notables y con capacidad de abrir debate. Es el caso de cuatro producciones que, de una manera u otra, han abordado cuestiones relacionadas con la educación. Altas capacidades, de Víctor Garcíaa León, es una sátira despiadada de ciertos centros educativos, pero, sobre todo, es una crítica a los padres que dejan la educación de sus hijos en manos de terceros sin ser capaces de algo básico: solucionar los problemas hablando en casa. También Laponia, de una manera más teatral, aborda las diferentes maneras de educar a los hijos partiendo de una intensa discusión sobre Santa Claus.
El chico de los pantalones rosas es una película italiana sobre el bullying que parte del desgarrador caso real de un chico que terminó quitándose la vida. Aunque lo que cuenta es muy crudo, la manera de mostrarlo es delicada, y el análisis, muy valioso. Es una cinta que probablemente funcione bien en taquilla y como película de cine fórum.
Por último, Corredora es una notable ópera prima que enlaza el deporte de alto rendimiento con la salud mental. Hubiera sido una buena biznaga y hay que seguirle la pista a la joven cineasta Laura García Alonso.
La cara amable del Festival: “Auri”, “Pizza Movies” y “En el país de los blancos”
El cine festivalero suele pecar de pesimista, por eso se han agradecido mucho algunas propuestas decididas a combatir el cinismo. La primera es Auri, una película protagonizada por Karra Elejalde y Cristina Marcos que cuenta la historia de una mujer de condición humilde que a los sesenta y cinco años recibe su primera pensión y estrena cuenta corriente. Es una comedia dramática de personajes entrañables y sumamente humanista.
Con un registro más cómico, Carlo Padial y Desirée de Fez presentaron la divertidísima Pizza Movies, la historia de una crítica de cine que, cansada de la precariedad de la profesión, decide montar una pizzería temática. Como confesaron en la rueda de prensa sus autores, la película nace con una clara vocación de anticinismo, presentando a una pareja que se quiere y se llevan bien, algo que parece lo más raro del mundo… y una especie en vías de extinción en el cine. Los cómicos Berto Romero y Judit Martín componen esta deliciosa pareja de aparentes perdedores absolutamente enamorados del cine, la cultura, la conversación y ellos mismos. Oxigenante.
Otra propuesta que arrancó los aplausos del público fue Viaje al país de los blancos, una historia de superación muy bien escrita y con un protagonista de indudable fuerza.
Dentro de esta faceta más amigable, el Festival ha vuelto a demostrar que hay cine y títulos para todos. Pudimos ver desde los dos primeros capítulos de Si es martes es asesinato (Disney+), una producción de detectives en la linea de Puñales por la espalda con una Ana Wagener soberbia, hasta Mañana seré feliz, la entrevista de David Trueba al periodista Manuel Vicent, que es un homenaje al periodismo y a la literatura.