El latín no está muerto

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Duración lectura: 3m. 15s.

The Economist (20 diciembre 2003) comenta distintos signos de la presencia del latín en el mundo de hoy.

Hasta en el cine se usa el latín, dice The Economist. En The Passion, la próxima película de Mel Gibson, solo se habla arameo y latín. Al principio, Gibson no quería poner subtítulos, pero finalmente tuvo que admitir que “el público necesitaba saber, más o menos, qué dicen los personajes”. Pues hoy muy pocos entienden latín, lengua que, además de muerta, resulta un tanto complicada. Sin embargo, “el latín tiene un sorprendente número de partidarios en el mundo moderno. Y no son solo clasicistas o tipos pretenciosos hechizados por las glorias de Virgilio (…). Son personas convencidas de que el latín tiene futuro, además de pasado”.

El latín, recuerda The Economist, fue la lingua franca mucho antes que el inglés. Todavía en el siglo XVI, los políticos europeos mantenían correspondencia en latín. La gente corriente rezaba en latín y llevaba consigo devocionarios latinos. En los dos siglos posteriores, el latín era común entre los instruidos, y siguió siendo el idioma preferido de la filosofía y de la ciencia. “No solo porque traspasaba fronteras, sino también porque conservaba su antigua pureza. (…) El latín mantenía una precisión cada vez más necesaria para los científicos”.

Son estas mismas cualidades -universalidad y pureza- las que destacan los actuales promotores del latín. “Este sigue siendo un idioma de concisión y claridad impresionantes, que además tiene una especie de abstracción intemporal”. El efecto es notable cuando se usa para informar de la actualidad, como hace la radio pública finlandesa, YLE, desde hace catorce años en su noticiero semanal Nuntii Latini (ver servicio 96/90). Así dio el programa la noticia del devastador terremoto del pasado 26 de diciembre en el sureste de Irán: “In provincia Iraniae nomine Kerman, quae inter meridiem et solis ortum spectat, postridie Nativitatis Domini terrae motus accidit, quo urbs Bam pessime afflicta est”. “Siguen el programa -señala The Economist- oyentes de más de cincuenta países, desde Timor Oriental a Uruguay”. Nuntii Latini tiene su sitio en Internet (www.yle.fi/fbc/latini/).

El semanario menciona otras iniciativas para difundir el latín. En Internet se puede encontrar Latinteach.com y muchos otros sitios. Hay algún prontuario de conversación en latín, como Latin for All Occasions, de Henry Beard. Por supuesto, en el Vaticano se presta mucha atención al latín: existe una comisión para estudiar las traducciones de términos modernos para los documentos pontificios y de la curia, cuyas versiones oficiales son latinas. Fruto de este trabajo es el Lexicon Recentis Latinitatis, de 700 páginas. The Economist destaca la figura de uno de los miembros de la comisión vaticana: el carmelita norteamericano Reginald Foster, “el más activo promotor del latín en el mundo moderno”.

Pero no existe “el latín sin esfuerzo”. Por eso The Economist matiza la eficacia de todas esas iniciativas. “Como reconoce el mismo P. Foster, adaptar el latín al mundo moderno no es la manera de salvarlo. A decir verdad, su abultado diccionario es una especie de juego, al igual que los manuales de conversación para turistas y las emisiones finlandesas. La salvación del latín -o al menos la llave para preservarlo- está en la gloria de su literatura y en el entusiasmo de sus devotos para ganar nuevos adeptos, de lo que el P. Foster es un magnífico ejemplo. Pero, por desgracia, pese a todo el colorido y las viñetas humorísticas de los modernos textos escolares de latín, no hay camino para adentrarse en la literatura que no pase por las temibles selvas donde habitan los ablativos y los gerundios”.