El “Gran Hermano”, protagonista de las revelaciones de Snowden

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Ciertamente, el actual refugiado político en Rusia, Edward Snowden, ha hecho público lo que muchos sabían o temían. Pero no deja de ser significativo que protagonicen el combate contra el “Gran Hermano” medios de comunicación que han difundido muchos de sus contenidos.

A esto se refiere el diario Le Monde (21-10-13), en el editorial de su directora, Natalie Nougayrède. El vespertino de París tiene que justificar la publicación de documentos revelados por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), que denuncia el alcance de la vigilancia electrónica llevada a cabo por los Estados Unidos en el planeta.

Como es natural, Le Monde se centra en los documentos de la NSA con objetivos franceses, en un esfuerzo por dar sentido y perspectiva de la abundante información contenida en esos medios. El diario ha encargado de esa tarea hermenéutica a un equipo de una docena de periodistas, que trabajaron en dos áreas principales: la historia del programa de vigilancia “Prism” de la NSA, y su aplicación a realidades concretas de Francia .

Se trata de documentos muy técnicos, que exigen un examen minucioso para que puedan tener algún valor. Pero Le Monde considera que la opinión pública no puede desconocer la existencia de unos programas de escucha y espionaje de tales dimensiones, que carecen de contrapeso democrático.

El enfoque del diario no es predicar ni practicar la transparencia absoluta, que llevaría a publicar en bloque y de manera irresponsable todos los datos contenidos en las “revelaciones Snowden”. Porque no se trata de debilitar las sociedades democráticas, sino de consolidarlas, sin perjuicio de tomar conciencia de los riesgos que comporta la abundancia de los datos sobre la vida, los contactos, o las opiniones de los ciudadanos.

Para diversos diarios importantes del mundo, están en juego las libertades públicas e individuales de los ciudadanos. La guerra secreta de la vigilancia electrónica no debe ser ajena a los grandes debates democráticos. No se puede olvidar que la intromisión sistemática en la vida privada es una característica de los sistemas totalitarios.

No olvida Le Monde que la información difundida no proporciona hoy por hoy detalles sobre la forma en que la NSA controla países autocráticos, como China y Rusia, ni grupos no estatales que representan una amenaza para la seguridad. Las normas adoptadas por Snowden y Greenwald, que Le Monde ha suscrito, se basan en un principio de responsabilidad. No se trataría de poner en peligro la seguridad de Estados Unidos o sus aliados, sino de dar a conocer los programas secretos de espionaje de un país democrático, dirigidos a sus propios nacionales o a los de sus aliados.

Más de doce años después de los ataques del 11 de septiembre, sigue pendiente la gran cuestión del equilibrio entre la seguridad nacional, las libertades civiles y el derecho a la información. La paradoja del caso Snowden, como se sabe, es que el antiguo agente, imputado por la justicia de EE.UU., se haya refugiado en Rusia, un país con un régimen represivo. Pero al asegurar, como hizo en una reciente entrevista al New York Times, que no había entregado ningún documento de la NSA a las autoridades rusas o chinas, quiere situarse en una postura de “lanzador de alertas” a favor del interés público y la democracia, y no al servicio de potencias extranjeras.

El respeto de esta línea es fundamental para Le Monde, y se comprobará con el tiempo. Los documentos transmitidos por Snowden focalizan la atención en un tema más de fondo: cuando las nuevas tecnologías hacen posible la existencia de un “Big Brother” planetario, urge discutir las consecuencias de ese fenómeno en nuestras libertades. Y lograr que el trabajo de los órganos de seguridad de los Estados democráticos se encuadre dentro de procedimientos de control eficaz, parlamentarios o judiciales. Ese objetivo queda lejos, hoy por hoy.

Esta preocupación alcanza también a la actividad de los gigantes americanos de Internet, que han sido la gran herramienta de la NSA. Al cooperar con Le Monde, Glenn Greenwald querría contribuir a extender esa toma de conciencia. En el Reino Unido y Alemania, el descubrimiento de la utilización de datos personales por la NSA, así como la implicación de los servicios de inteligencia de esos países, ha suscitado un vivo debate. Solo cabe desear que lo mismo suceda en Francia. Y que la Unión Europea se haga cargo de su responsabilidad.

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