EE.UU.: la responsabilidad de los periodistas, bajo sospecha

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Duración lectura: 5m. 38s.

Un libro que califica de arrogante y cínico el periodismo norteamericano actual ha provocado una sacudida, con elogios y críticas, en el gremio. La onda ha traspasado las fronteras de Estados Unidos, pues el diagnóstico alcanza a tendencias reconocibles también en otros países.

El autor, James Fallows, responsable en Washington del Atlantic Monthly, cree que “el cuarto poder” se ejerce de modo irresponsable, con una crítica destructiva y un afán de polémica que escamotea la sustancia de los asuntos. En Breaking the News: How the Media Undermine American Democracy, sostiene que esa actitud desalienta la participación ciudadana en la cosa pública. Los medios, dice Fallows, con su continua busca del escándalo y el enfrentamiento, pintan la política como un mero juego de intereses y a los políticos, como personajes sospechosos. Los temas importantes para la sociedad son presentados como simple palestra para que los políticos se peleen por los votos o el favor de las encuestas. Si un político habla del aborto, la delincuencia o la atención sanitaria, es -según los medios- no por convicción, sino con la mira puesta en los índices de popularidad. Por ejemplo, los periodistas han dicho que Clinton apoya la construcción de bombarderos B-2 para ganar votos en California, donde se fabrica el aparato. Lo peor de esto, señala Fallows, es que tal modo de enfocar las cuestiones contribuye a que los políticos actúen así.

En consecuencia, según Fallows, la gente pierde interés por los asuntos públicos y por los propios medios. El libro recuerda que el índice de lectura de los periódicos está bajando (ver servicio 81/95). Al mismo tiempo, se detecta un divorcio entre el público y los periodistas, cuyas posturas e intereses contrastan con los de la mayoría de la población (ver servicio 77/95). Hace tres meses, el Centro Times Mirror, que estudia las relaciones entre los medios y la audiencia, publicó un informe basado en sus encuestas anuales desde 1989: ahí advierte que casi la mitad de los norteamericanos no se interesa por lo que dicen los medios; entre los jóvenes, el despego es aún mayor.

Novedades fuera de contexto

Pero esa indiferencia es, sobre todo, con respecto a los temas de fondo. El mismo informe revela cuáles han sido las noticias más seguidas por el público: el accidente del Challenger, el terremoto de 1989 en San Francisco y la paliza a Rodney King. Los mismos medios contribuyen a esta situación, sostiene Fallows, porque, al informar de los asuntos públicos, tratan de captar la atención de la audiencia usando el señuelo del espectáculo, equiparándolos a los escándalos de los famosos o a los melodramas humanos que nutren los talk-shows. Es una táctica suicida, dice: “Al intentar competir con los programas de puro entretenimiento, la prensa ‘seria’ se mete en una competición que no puede ganar”.

El problema es que, así, los medios no sirven para comprender el mundo. “La información internacional es principalmente una serie de desastres inexplicados e inconexos. La mayoría entran y salen de los medios tan deprisa, que aprendemos a olvidarlos, plenamente confiados en que pronto desaparecerán (Liberia, Zaire, Sudán)”.

Los medios, dice Fallows, no explican los acontecimientos porque se centran en las novedades, sin dar los antecedentes ni el contexto: lo ordinario no es noticia. A propósito de esto, cita a Larry Martz, veterano periodista de Newsweek: “Los corresponsales en el extranjero que nos quedan van de terremoto a hambruna, de insurrección a matanza. Bajan del avión corriendo (…) y logran reportajes sorprendentemente buenos de lo inmediato. (…) Lo que nos falta es anticipación, reflexión y dar sentido a las noticias”. Un síntoma es la frecuencia con que los medios descubren nuevas “tendencias” que van a revolucionar la vida y que se esfuman en cuanto aparece la siguiente. Como recuerda Fallows, tras la “guerra fría”, los medios anunciaron el florecimiento de decenas de nuevas democracias; ahora resulta que el mundo está empantanado en conflictos étnicos.

Menos comunicados y más análisis

¿Soluciones? Fallows propone sobre todo que los medios se ocupen menos de polémicas y catástrofes y se centren en el análisis. Para ello, cree necesarios ciertos cambios en los hábitos de los periodistas. Uno es no ver todas las cuestiones públicas como un juego político y estudiar el fondo de ellas. Por ejemplo, informar de un tema tan complejo como la reforma sanitaria exige documentarse sobre sanidad y presupuestos. Otro cambio es no depender tanto de comunicados y ruedas de prensa. Esas fuentes simplifican el trabajo, proporcionan citas y permiten dar un enfoque polémico (X dice, Y replica); pero no iluminan lo sustancial. “Una piedra de toque para saber si un periodista hace bien su trabajo -escribe Fallows- es calcular qué parte de su tiempo emplea en entrevistar a los encargados de relaciones con la prensa. Cuanto mayor sea la proporción, más fácil le resulta el trabajo diario pero de menos se entera”.

Breaking the News ha sido tachado de exagerado. Los críticos responden que los medios norteamericanos no son tan superficiales como dice Fallows. La opinión de Jeffrey Simpson, comentarista de The Globe and Mail (Toronto), es especialmente interesante, por venir de Canadá. Simpson afirma, entre otras cosas, que cuando Clinton presentó su proyecto de reforma sanitaria, la prensa e incluso la televisión del país ofrecieron abundantes análisis de fondo. En cuanto a la competencia de los periodistas para explicar la sustancia de los temas, los profesionales de hoy están mucho mejor preparados que los de hace décadas, cuando lo normal era que no tuvieran estudios superiores.

En cualquier caso, los críticos -Simpson entre ellos- consideran acertadas algunas de las denuncias de Fallows. La politización excesiva y el peligro de quedarse en lo espectacular y en lo inmediato son problemas generalmente reconocidos. Contra eso ha reaccionado en Estados Unidos el movimiento del “periodismo público” (1). Esta fórmula, adoptada por algunos periódicos, pretende conectar con los intereses de los lectores, para que el orden del día no venga impuesto por la última novedad, por los criterios periodísticos o por fuentes interesadas.

Con tal fin, se mantiene un contacto permanente con la audiencia, a la que se consulta sobre la relevancia de los temas. De esta forma se puede también estimular a la gente a participar en la vida pública, principal preocupación de Fallows.

________________________(1) Sobre el “periodismo público”, ver un informe en la revista Nuestro Tiempo (Pamplona, noviembre 1995).

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