Dejar a García Lorca en paz

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En el Parque de Alfacar (Granada), después de largas y costosas excavaciones se descubre que en el lugar donde se suponía que estaban los restos de García Lorca solo hay latas vacías y tapones de litrona.

Vaya por delante que la guerra civil fue una gran desgracia. Que murieron muchos inocentes en los dos bandos. Que, como en otras muchas tragedias, en España y fuera de España, no es bueno olvidar pero tampoco remover heridas, sobre todo si se hace creando nuevos odios para intentar conseguir beneficios políticos partidistas.

En España, la ley de Memoria Histórica (de 21 octubre de 2007) que se hubiera llamado mejor ley de Revancha Histórica, prevé que “el Estado ayudará a la localización, identificación y eventual exhumación de las víctimas de la represión franquista cuyos cadáveres se encuentran aún desaparecidos, a menudo enterrados en fosas comunes”. Aparte de la parcialidad de no mencionar a las víctimas de la represión del otro bando, se supone que esa búsqueda debe contar con la autorización de las familias. Pero no siempre es así. Se trata de un asunto político: lo que parece desearse en que los periódicos y en la televisión salgan periódicamente restos humanos con la etiqueta de “represión franquista”.

Entre todos los restos, los más buscados son los de Federico García Lorca, vilmente asesinado el 19 de agosto de 1936. Él: que no era violento, que no intervino en las luchas de partidos, que era, antes que nada, uno de los grande poetas que ha dado la lengua castellana.

Por encima de la familia

La familia de Lorca no estaba de acuerdo con remover la tierra donde supuestamente yacía su antepasado. Pero, también supuestamente, en la fosa habría más muertos: el banderillero Francisco Galadí, el inspector Fermín Roldán, el restaurador Miguel Cobo y el también banderillero Joaquín Arcollas. No todas las familias estaban a favor de la intervención, pero para uno de ellos lo pidió la CGT como “familia ideológica”. En la misma fosa común estarían también los restos del maestro republicano Dióscoro Galindo, pero discrepancias en la familia llevaron a la Junta de Andalucía a no cursar su búsqueda e identificación. En cualquier caso, la familia de García Lorca no pudo oponerse a una decisión judicial.

Se ha excavado, durante más de un año, en el lugar que señaló Ian Gibson, uno de los primeros biógrafos de Lorca. Y el resultado tragicómico es: tapones de litrona, probablemente restos de algún desaprensivo botellón en un lugar tan venerado.

Falsas informaciones

Ian Gibson está desolado, pero no abandona: “Hay que seguir buscando. Para mí sería un alivio inmenso que lo encontraran en el lugar que señalé, pero también me sentiré muy decepcionado si no lo siguen buscando”. La información de Gibson provenía esencialmente de un tal Manolo el Comunista, que en 1966 lo llevó a lo que hoy es el Parque de Alfacar. Pero otros historiadores han dado pruebas suficientes de las insuficiencias, por decir poco, de Manolo el Comunista como informante.

Ahora la única posibilidad es prolongar la excavación en una no lejana fosa común, donde es probable que los restos se hayan hundido más debido a la acción de las aguas subterráneas. Algo, en principio, muy costoso y probablemente inútil. Pero los restos de García Lorca son demasiado suculentos políticamente como para no aprovecharlos como propaganda. Se quiere convertir a García Lorca en la víctima por antonomasia, olvidando que, al hacerlo, muchas otras víctimas inocentes -de uno y otro bando- son despreciadas por insignificantes. No basta estar muerto; hay que ser un muerto famoso y políticamente utilizable.

Contra la instrumentalización política

En la página web de la Fundación García Lorca, cuya presidenta es Laura García Lorca, hija del hermano de Federico, Francisco, y de una hija del intelectual socialista Fernando de los Ríos, no hay mención alguna de excavaciones y sí mucho trabajo para dar a conocer la obra del poeta granadino. Laura García Lorca ha comentado sobre el resultado de las excavaciones: “Si no hay nada, no hay nada”.

Pero no es el sentido común lo que prevalece cuando lo que se quiere es la instrumentación política y pasional de un muerto. Se juega con la injusta muerte de uno de los poetas que mejor la cantaron, como en el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías: “Porque te has muerto para siempre,/como todos los muertos de la Tierra,/como todos los muertos que se olvidan/ en un montón de perros apagados”. Se hace de su muerte una baza en el marketing político, relegando a un segundo plano la obra por la que Lorca ha quedado en la historia de la belleza.

Las noticias sobre la utilización ideológica de los restos del poeta sólo producen tristeza en quienes prefieren emplear para honrarle las palabras que él dedicó a otra muerte: “Yo canto su elegancia con palabras que gimen/ y recuerdo una brisa triste por los olivos”.

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