Cristianismo y cultura clásica

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Duración lectura: 2m. 11s.

El tópico del paganismo culto ahogado en el siglo IV por la tosca intolerancia cristiana no se sostiene a la luz de los datos históricos. Henri-Irénée Marrou, historiador francés gran experto de la parte final de la Edad Antigua, describe en ¿Decadencia Romana o Antigüedad tardía? (Rialp, 1980) un clima cultural muy distinto.

Lo que en el caso de Orígenes era aún más o menos excepcional, se convertirá en algo normal en este siglo IV, que fue la edad de oro de los Padres de la Iglesia. Algunos de estos grandes pensadores cristianos provienen de familias aristocráticas, otros son introducidos en la clase dirigente por la calidad de su formación intelectual; son hombres cultos y se cuentan entre los mejores de su época. En el plano de la elocuencia o de la filosofía, combaten con sus mismas armas a los últimos defensores del paganismo.

La correspondencia de San Agustín (Epist. 135-137) nos introduce, por ejemplo -en el transcurso de los años 410-, en un salón literario de Cartago frecuentado por muy altos funcionarios, unos paganos, otros cristianos, todos igualmente letrados. Ello se ve claramente por el tema de las discusiones que se dan entre ellos; ante todo y sobre todo las discusiones se mantienen sobre aquello que siempre constituía la disciplina reina de esta cultura, la retórica, ese código de reglas sistemáticamente elaborado que regía el arte literario. Pero, desde ahí, la conversación se va elevando poco a poco a la esfera más alta de la filosofía, y después, con naturalidad, se extiende hacia los problemas teológicos.

Uno de los miembros del grupo, un pagano, no puede evitar plantear las dificultades que, al apartarle de la fe, le separan de sus amigos cristianos (y es, por lo demás, un pagano de la nueva religiosidad quien está hablando: a los milagros evangélicos opone los milagros, aún más extraordinarios, atribuidos a Apolonio de Tiana o la magia de un Apuleyo): el debate se prolonga dentro de una atmósfera de cortesía, de ceremoniosa educación y de perfecta fraternidad en el plano del espíritu.

Hay que subrayar aquí la sorprendente vitalidad de la cultura clásica, la cual, definitivamente elaborada a principios del periodo helenístico, conservó su prestigio durante un milenio (y en Bizancio aún más).

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Para conocer la vida del patriarca Cirilo, uno de los personajes importantes del conflicto en Alejandría en tiempos de Hipatia, puede verse: ¿Quién era Cirilo de Alejandría?