Un compromiso ético para dar información veraz

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Duración lectura: 4m. 13s.
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Cuatro asociaciones profesionales españolas, tres de periodistas y una de comunicación corporativa, han suscrito una declaración en la que afirman los principios éticos por los que se comprometen a regirse en su trabajo. Es un caso notable, y novedoso, de acuerdo formal entre ambos gremios, pero sin que a la vez dejen de reconocerse uno al otro su independencia.

Prensa y oficinas de comunicación mantienen a veces relaciones complicadas. Se necesitan mutuamente, pero han de guardar las distancias. Para los periodistas, las oficinas de comunicación son fuentes, pero recelan que sean interesadas. No siempre agradecen las notas de prensa que no esperan, pero reclaman atención urgente cuando tienen algo que preguntar. Se sienten incómodos con los comunicados de los anunciantes, pero a la vez saben que pueden ejercer una sutil influencia sobre las organizaciones de las que van a hablar.

Por su parte, los departamentos de comunicación precisan de los medios para llevar sus mensajes a la gente, pero su trabajo no es publicidad. Aceptan que los periodistas no se limiten a servirles de altavoces, pero ponen todo el empeño en que les hagan caso.

En fin, la misión de unos y la de otros son distintas, y no se armonizan si no se ponen las dos al servicio de un interés superior, el derecho a la información: así lo establece el “Compromiso Ético para el Futuro” recién publicado. Por parte de los profesionales de los medios se han adherido la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE). En representación de la comunicación corporativa firma la Asociación de Directivos de Comunicación (Dircom).

Remover conciencias

El documento, dijo en el acto de presentación Íñigo Barrón, presidente de la APIE, “busca remover conciencias y recordar los principios del buen periodismo y de la correcta comunicación corporativa”. Con el mutuo reconocimiento de la buena fe, cada parte adquiere unos compromisos, que son paralelos o recíprocos a los de la otra.

Comienzan por el deber de dar información veraz: por parte de los departamentos de comunicación, facilitar a los periodistas la que necesiten; por parte de estos, verificar y contrastar, así como “actuar como cortafuegos para evitar la difusión de bulos y rumores infundados”.

Otro aspecto destaca especialmente en el documento: la preocupación por evitar que los intereses económicos contaminen la labor informativa. Así ocurre tanto si una empresa presiona a un medio prometiendo contratar publicidad a cambio de un trato de favor, como si el medio lo ofrece a la empresa a condición de que se anuncie, o incluso la amenaza con un tratamiento desfavorable si no lo hace. La declaración advierte también contra una irregularidad más sutil, que es emplear los artículos pagados como moneda de cambio. Frente a todo eso, el texto declara que “las estrategias comerciales o publicitarias de las empresas, incluidas las del medio de comunicación, no deben condicionar el contenido de las informaciones”. El mismo principio se subraya, desde otro punto de vista, en un apartado sobre las relaciones entre medios y empresas, que sigue a las dos series de compromisos.

También al servicio de la veracidad, los periodistas se comprometen a solicitar el punto de vista de las organizaciones en los temas que les afectan y darles tiempo suficiente para responder. A su vez, los profesionales de la comunicación corporativa se comprometen a estar disponibles para facilitar las informaciones que les pidan, sin hacer discriminación entre unos periodistas y otros, o entre unos medios y otros, y sin retrasos innecesarios.

El asunto de los plazos, en profesiones como el periodismo y la comunicación corporativa –en las que son frecuentes las urgencias–, tiene otro tratamiento interesante y práctico en el apartado de las relaciones. Ahí se dice que las partes deben respetar el derecho a la conciliación del trabajo con la vida personal y familiar de todos, tanto en los medios como en los departamentos de comunicación corporativa–, “teniendo en cuenta sus horarios profesionales”. Se adivina en esta declaración la experiencia común de unos y otros: la dificultad de terminar de trabajar a la hora y desconectar.

Es comprensible que el público no haya prestado mucha atención a una iniciativa que afecta la “cocina” de las noticias: le interesa más el “plato” ya preparado. Sin embargo, este “Compromiso Ético” es una buena noticia también para el público, pues refuerza su derecho a la información veraz. Y no se puede decir que un documento como este es papel mojado, o una simple declaración de buenas intenciones. Las buenas intenciones son más eficaces si se declaran, pues así se crea un ambiente favorable a ponerlas en práctica, mientras las infracciones se desprestigian y resulta más fácil reconocerlas y denunciarlas.

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