La máquina Magritte

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René Magritte, “El gran siglo” (1954)

 

El Museo Thyssen estrena la temporada de otoño con una de esas exposiciones que atrapan, que enseñan a ver la aparente realidad que encierran los objetos. René Magritte denominó “la traición de las imágenes” a la paradoja que estas encierran. El artista belga crea un universo icónico y repetitivo de imágenes que combina en una multiplicidad de formas variadas. Se trata de un jaque mate al espectador que se ve obligado a cuestionar todo; seguramente nos iremos a casa llenos de interrogantes. En su obra siempre encontramos una constante: la imaginación que apela a lo absurdo.

“Quiero infundir nueva vida en la manera en que miramos las cosas que nos rodean. ¿Pero cómo debemos mirar? Como un niño: la primera vez lo ve todo como una realidad fuera de sí. Yo vivo en el mismo estado de inocencia que un niño, que cree poder alcanzar con su mano un pájaro en pleno vuelo”. Este pensamiento de Magritte refleja la esencia de su pintura.

Retrospectiva completa

“La máquina Magritte” reúne casi un centenar de cuadros, además de una instalación, fotografías y vídeos; se trata de una retrospectiva del pintor nunca vista en España desde la que le dedicó la Fundación Juan March en 1989. La muestra se puede visitar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid (14-09-2021 a 30-01-2022); después viajará a Barcelona, a la Fundación “la Caixa”. Esta será la última sede donde podremos disfrutar de los poderes del mago, como él mismo se definía.

El título sugerente de La máquina pone de manifiesto la forma de trabajar del propio Magritte. En su imaginario no había un sistema, pero sí un procedimiento que retomaba los mismos motivos para reciclarlos y combinarlos en experimentaciones variadas cuyo resultado es simplemente genial.

El pintor y el surrealismo

Los valores personales (1952)
René Magritte, Los valores personales (1952)

René Magritte (1898-1967) fue un pintor belga que durante la segunda década del siglo XX se asienta en París, donde los creadores se daban cita y renovaban su planteamientos estéticos. Así pasó con el surrealismo, corría el año 1920 y la provocación que el dadaísmo -con su nihilismo por bandera- suscitaba en el público burgués quedaba atrás, en un olvido que no quiere morir y proyecta su sombra en los nuevos postulados surrealistas.

El surrealismo es un movimiento que nace tras la Primera Guerra Mundial y que comienza en las artes plásticas y la literatura, pero pronto se extenderá a otros ámbitos de la cultura como el cine y la música. Es una revolución influenciada por la teorias oníricas de Freud que deja su impronta en la forma de ser y de sentir de los hombres del siglo XX.

En 1924 el poeta André Breton publica el Manifiesto Surrealista, que en síntesis propone “un automatismo psíquico, un dictado del pensamiento sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación moral”…

Magritte fue uno de los surrealistas, aunque en ocasiones fue cuestionado. Max Ernst le consideró un paleto belga y Breton le dejó alguna vez en la sombra; a pesar de ello, su talento no quedó eclipsado y podemos decir que, junto con Dalí, es uno de los artistas que más ha popularizado el movimiento.

Los objetos (la pipa, la manzana, el hombre del bombín, la ventana, la mujer, los cielos, las nubes, los cascabeles…) en su pintura son despojados de su significado tradicional, estableciendo un juego que desconcierta. Una misma cosa puede ser interpretada de varias maneras. Su obra es conceptual y apela a la inteligencia del espectador buscando la contradicción intelectual o verbal. Sus imágenes no se olvidan, ya sea por la pulcritud con la que están realizadas, por los acabados rotundos o por las distorsiones a las que fueron sometidas en una secuencia que –sin pretenderlo– se fija en la memoria. La obra de Magritte es una vuelta de tuerca a la realidad que transcurre en atmósferas silenciosas, espacios vacíos o con personajes congelados en el mutismo de un tiempo dormido que, en ocasiones, evoca la admiración que sintió por la pintura metafísica de Giorgo de Chirico.

Magritte seduce al espectador, aunque en su pintura no hay respuestas, solo preguntas; no bucea como otros surrealistas en el inconsciente, en el complejo mundo de los sueños que proponía Freud, aunque sus atmósferas en ocasiones parezcan oníricas.

La exposición

Guillermo Solana –comisario y director artístico del Thyssen– confiesa que René Magritte no es un pintor fácil. “Es un artista complicado intelectualmente; cuando crees haberlo entendido, se te escapa”. Por esta razón se ha querido hacer un recorrido didáctico, vertebrado en siete secciones temáticas que además muestran la evolución del pintor y el dominio técnico adquirido con los años.

Los poderes del mago

Autorretrato
Autorretrato

En esta sección se muestran los autorretratos del pintor, que se veía a sí mismo como un mago con superpoderes.“El arte de pintar –dice el propio Magritte– me parecía mágico” porque contiene el poder de la imaginación, los dotes para crear y la capacidad de adelantarse al futuro como si fuera un visionario.

Imagen y palabra

La mesa, el océano y la fruta (1927) - El sentido propio (1929) - La traición de las imágenes. Esto sigue sin ser una pipa (1952)
La mesa, el océano y la fruta (1927) – El sentido propio (1929) – La traición de las imágenes. Esto sigue sin ser una pipa (1952)

Durante los años de su estancia en París (1927–1930) entra en contacto con los surrealistas; allí comienza a trabajar la simbiosis entre la imagen y la escritura inspirándose en la letra de las cartillas escolares, donde la palabra viene a reforzar la imagen y viceversa. En el caso de Magritte encontramos una incongruencia entre la imagen y la palabra, poniendo en duda la realidad de la imagen que contemplamos. Inevitablemente nos viene a la cabeza su famoso cuadro de la pipa: “esto no es una pipa”, es la imagen de una pipa.

En otras ocasiones, las palabras aparecen solas y son presentadas de tal manera que aluden a cuerpos y objetos ausentes. En este sentido podemos apreciar la influencia mironiana de su pintura-poesía; también requiere atención la disociación que existe entre los cuadros que pinta y los títulos que les otorga.

Figura y fondo

El secreto del cortejo (1927) - Rostro del genio (1927)
El secreto del cortejo (1927) – Rostro del genio (1927)

Entre los años 1926 y 1931 se siente atraído por el collage. Se trata de un método compositivo a base de planos recortados, horadados o rasgados y de siluetas planas como decorados de teatro. En esta experimentación Magritte descubre algo que le acompañará ya de por vida: la inversión de figura y fondo, que puede convertir cualquier tipo de cuerpo sólido en un hueco o en un agujero a través del cual nos asomamos a un paisaje o simplemente a un pedazo de cielo.

Cuadro y ventana

La llave de los campos - La cascada (1961)
La llave de los campos – La cascada (1961)

El cuadro dentro del cuadro es un recurso antiguo que en Magritte adquiere un aspecto ambiguo. No sabemos si el cuadro incluido dentro del cuadro es, en efecto, un cuadro, un marco vacío o un nicho en la pared.

La conquista de la perspectiva fue uno de los logros renacencistas, y desde entonces el cuadro vino a ser una ventana abierta donde descubrir historias. Magritte retoma esta consideración y la reduce a lo absurdo. Si entendemos el cuadro como una ventana, el cuadro ideal sería completamente trasparente, es decir, invisible. La percepción de la obra consistiría en desvanecerse, se trataría de una desaparición gradual que nos deja la duda de si de verdad estamos viendo lo que creemos ver.

Rostro y máscara

Sherezade (1950) - El principio del placer (1937) - El arte de la conversación (1963)
Sherezade (1950) – El principio del placer (1937) – El arte de la conversación (1963)

Las figuras de Magritte siempre nos dan la espalda y, si están de frente, es con la cara tapada. Algunas cabezas cubiertas con trapos se cree que están inspiradas en el recuerdo trágico del suicidio de su madre, que fue encontrada muerta en el río con la cara tapada por un camisón. Magritte suprime el rostro donde esperábamos encontrarlo, pero lo proyecta como si fuera una especie de máscara sobre otras partes del cuerpo, en un objeto, o en un paisaje.

Mimetismo

La alta sociedad (1965-66) - El pájaro de cielo (1966)
La alta sociedad (1965-66) – El pájaro de cielo (1966)

Magritte creía que había hecho “un descubrimiento verdaderamente atrayente en la pintura: he encontrado –decía– una nueva posibilidad que existía en las cosas, la de convertirse gradualmente en otra, un objeto se funde en otro distinto, por ejemplo, el cielo en algunos lugares deja ver madera. Así obtengo unos cuadros en los que la mirada tiene que pensar de un modo distinto al habitual”.

Esta tendencia de los seres a camuflarse con su entorno e incluso disolverse en el cielo busca la invisibilidad (ejemplo: silueta de pájaro lleno de cielo).

Megalomanía

La habitación de escucha (1958) - El aniversario (1959) - La voz de los aires (1931)
La habitación de escucha (1958) – El aniversario (1959) – La voz de los aires (1931)

Si el mimetismo busca la invisibilidad, la megalomanía busca la visibilidad. Un objeto o cuerpo extraído de su contexto y situado en un medio extraño adquiere visibilidad. Además, a Magritte siempre le gustaron los cambios de escala –esta tendencia tomada de Lewis Carroll y su famoso libro Alicia en el país de las maravillas–, como podemos apreciar en la manzana gigante que amenaza al propio espacio.

La actualidad de Magritte

La popuaridad de Magritte ha crecido considerablemente en las últimas décadas. Hoy es uno de los tres o cuatro artistas más demandados por el público y las galerías. Su obra viene a poner en tela de juicio la verdad que contienen las imágenes. En nuestro mundo contemporáneo las imágenes han adquirido un poder supremo, un tinte de verdad irrazonado; todos sabemos que estas pueden ser trucadas con facilidad y llevarnos al engaño a lecturas equívocas. Como dice Guillermo Solana: “Magritte nos ha enseñado esa complejidad laberíntica que encierran las imágenes y que cuestionan la comunicación”.

Mercedes Sierra
@Sierra6Mercedes, @atreveteconelarte

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