TV en USA: o autorregulación o legislación

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Duración lectura: 2m. 55s.

TV en USA: o autorregulación o legislación
Ante la inquietud del público, las cadenas de televisión hacen planes para frenar la violencia

Hasta hace poco, cualquier protesta por motivos éticos sobre programas de televisión habría sido rechazada con desdén por la industria audiovisual norteamericana. Pero la inquietud del público por la violencia y la amenaza de una legislación específica están haciendo que la industria tome nota de esa sensibilidad política y social. En contraste con su anterior indiferencia, ahora las cadenas empiezan a hacer propuestas de autorregulación.

El problema ha salido a relucir durante la Asamblea de la NATPE (National Association of Television Program Executive), el más importante mercado de programas de televisión de Estados Unidos, celebrado en Miami del 24 al 28 de enero.

Allí, Reed Hundt, nuevo presidente de la Federal Communications Commision, organismo regulador del audiovisual norteamericano, ha advertido a las cadenas que afronten sus responsabilidades respecto a los efectos de los programas.

Para esto ha comparado a Hollywood con la industria automovilística: “En los años 60, los fabricantes de Detroit se negaban a ver que sus coches causaban 50.000 muertes al año. En vez de preocuparse por los peligros provocados por sus productos, echaban la culpa a los automovilistas: no son los coches los que matan a la gente, decían, son las personas las que matan a otras personas. Cuando llegó la competencia japonesa, Detroit perdió la confianza del mercado”. Y, tras la advertencia, el mensaje: “Así como Chrysler inventó un nuevo coche familiar, vosotros tenéis que inventar programas más seguros para la familia americana”.

Estas palabras confirman el significativo cambio de enfoque que se está dando en USA respecto a la televisión: lo que antes se veía como un simple medio de diversión ahora empieza a considerarse también como una fuente de peligros. Y ni a los productores ni a los anunciantes les interesa verse asociados a algo peligroso.

Ya el pasado octubre, la responsable de Justicia, Janet Reno, advirtió a la industria que, de no reducirse sustancialmente la violencia en los programas, el Gobierno propondría una legislación al respecto. También sugirió que la televisión no se limitara a reducir los contenidos violentos, sino que diera una visión crítica de la violencia.

Haciendo de la necesidad virtud, las cadenas de televisión por cable han esbozado un plan de autorregulación para poner freno a la violencia, plan que debe ser discutido con las cuatro grandes cadenas convencionales y con el Congreso.

Entre las medidas propuestas están: incluir avisos previos sobre el contenido específico de los programas, control de las franjas horarias en que se emiten los programas más violentos, así como un sistema de calificación de programas aceptado por todas las empresas y con un chip de bloqueo que permitiera a los padres controlar lo que ven sus hijos.

Las cuatro grandes cadenas, que aún representan el 60% de la audiencia, no aceptan la idea de un sistema de clasificaciones uniforme y con un mecanismo tecnológico de bloqueo, por la complejidad técnica y las repercusiones publicitarias. Pero han aceptado, en principio, que una autoridad externa vigile el contenido de los programas.

El plan está aún por definir, y quizá no se llegue a un acuerdo. Pero, de un modo u otro, la industria audiovisual tendrá que adaptarse a la creciente preocupación del público.

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