“Vamos a tener un embrión”

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Richard John Neuhaus comenta en First Things (Nueva York, diciembre 2000):

Muchos han escrito con perspicacia sobre las contorsiones lingüísticas que por fuerza se siguen cuando uno consiente en la falsedad de negar que el aborto es lo que es. Pero nunca me había encontrado con un caso como este. Aparece en un número especial de New York Times Magazine dedicado a los inminentes cambios tecnológicos que presuntamente cambiarán nuestra vida. (…)

El artículo se titula “La tarjeta de información genética que te dirá si tu embrión tendrá cáncer de próstata”. No “un embrión”, sino “tu embrión”. Imagina a una amiga tuya que anuncia, toda feliz: “Jim y yo vamos a tener un embrión”. El “vamos a tener” no acaba de funcionar, pues apunta al futuro, y así sugiere que el embrión podría convertirse en otra cosa… un niño, tal vez. Tu amiga podría probar esto: “Tenemos un embrión, y esperamos un feto para el mes que viene”. Pero eso parece que no acaba de hacer justicia al elemento de continuidad del fenómeno en cuestión. Y el “tenemos” es una notoria intrusión en una circunstancia puramente personal y privada. Además, el quid de la “tarjeta de información genética” es que tu embrión podría sacar mala nota, y entonces el mes que viene no tendrás nada.

Lo importante es centrar la atención en el “tu”, como en tu uña del pie encarnada, tu peso de más o tu lo que sea. Es una cosa que cogiste por ahí y, si se convierte en un problema, te la quitas. En este caso, la “cosa” es, de hecho, un él o una ella. Pero ese es el hecho que no ha de admitirse.

“Tu embrión”. El tropo exige dolorosos retorcimientos tanto de la mente como del lenguaje.

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