Una nueva técnica permite alterar el esperma por manipulación genética

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Duración lectura: 2m. 18s.

Por primera vez, un equipo de científicos norteamericanos ha logrado alterar los genes del esperma de ratones, lo que supone que su descendencia podría heredar esos cambios. Ralph Brinster y sus colegas de la Universidad de Pensilvania aseguran que todavía quedan muchos pasos antes de intentar lo mismo en animales superiores y en personas. Pero el debate ético está servido. Frente a la prisa que demuestra el equipo de Brinster, otros expertos, que prevén posibles abusos en las aplicaciones de estas técnicas, piden una moratoria.

El trabajo dirigido por Brinster se publicó el 22 de noviembre en la revista The Proceedings de la Academia de Ciencias norteamericana. Los investigadores reunieron células precursoras (espermatogonias) -con genes marcadores- de los testículos de unos ratones y las inyectaron en los testículos de otros animales para verificar los efectos de los genes marcadores en la siguiente generación. La universidad ha pedido patentar el procedimiento, antes de que pueda aplicarse a otros animales.

Los descubridores afirman que esta técnica puede resultar muy útil para el conocimiento del desarrollo del esperma en la investigación sobre la infertilidad. Pero otros advierten que también abre las puertas a importantes desórdenes genéticos y a cualquier tipo de eugenesia.

Las implicaciones éticas de este hallazgo son tan profundas que ya se habla de convocar una reunión nacional de genetistas, bioéticos y juristas en la que se decida si se debe seguir con la ingeniería genética en las células germinales (óvulos y esperma) y, en caso afirmativo, qué precauciones habría que tomar.

Justamente para pedir precaución, John Fagan, un prestigioso biólogo molecular de 46 años, ha llamado la atención de la opinión publica al rechazar una subvención federal de 600.000 dólares (78 millones de pesetas) y cancelar la gestión de otras subvenciones adicionales millonarias para su universidad de Iowa. Su advertencia a la comunidad científica es clara: “Los beneficios de la ingeniería genética se han exagerado y sus peligros no se han explicado suficientemente. Vamos a quemarnos si no nos damos cuenta de los potenciales efectos secundarios”.

Fagan propone establecer una moratoria de 50 años en ciertas aplicaciones comerciales de los descubrimientos genéticos. No se opone a la manipulación genética, pero cree necesario aplicar unas razonable precauciones en este campo. Fagan afirma que “hay una excesiva promoción de las técnicas de terapia genética, y esta tecnología pone a los científicos en el mismo lugar que el poder nuclear nos colocó a comienzos de siglo”. Las posibilidades -dice- son enormes, pero no hay una específica organización de trabajo que evite los peligros que lleva consigo.

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