Cuando a principios de la pasada década Angelina Jolie informó que se había sometido a dos mastectomías preventivas –su madre y su abuela habían sufrido cáncer de mama, y ella se le había detectado la mutación genética BRCA1, que la ponía en mayor riesgo de desarrollar la enfermedad–, varias empresas especializadas en pruebas de diagnóstico genético atestiguaron un incremento del interés por cribados de este tipo.
La experiencia de la actriz ayudó a que tales test se volvieran tema de conversación pública. “Ha habido un efecto dominó a nivel mundial”, aseguraba ya en aquellos días la consejera genética de una renombrada clínica de Seattle, a la vuelta de un viaje por Filipinas, China, Vietnam y otros países. “Vi a vendedores promocionando…
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