La “psicosis” del SARS y los nuevos productos sanitarios

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Los japoneses y la higiene
Ashiya. La epidemia de SARS (síndrome respiratorio severo y agudo), originada en China, que ha azotado el este de Asia, apenas ha rozado Japón. Aquí no ha habido más que un caso confirmado -un turista extranjero- y ni un solo muerto. Sin embargo, los japoneses han vivido intensamente la crisis del SARS. El peligroso virus ha causado un nuevo brote de la proverbial obsesión japonesa por la higiene.

Los japoneses tienen fama de ser extremadamente limpios y una larga historia de cuidar su higiene y aseo personal. Su amor por los baños y la limpieza raya casi con la manía. No es de extrañar, pues, que -en comparación con las costumbres de la vieja Europa- los primeros misioneros que llegaron a estas tierras, allá por el siglo XVI, se maravillasen de que los nativos se bañasen incluso dos veces al día.

El baño de agua caliente

El o-furo (la o es para darle un sentido de honorabilidad) o baño de agua caliente -cuya temperatura preferida es alrededor de los 42°- ocupa un lugar primordial en la vida cotidiana de la sociedad japonesa: como medio de relajamiento y eliminación del estrés al fin de la jornada y, en invierno, como método práctico de calentar el cuerpo y restaurar la sensación de confort y bienestar.

El baño japonés consiste en una bañera profunda -en las casas privadas eran antiguamente de madera, y aún hoy lo son las más preciadas- parcialmente hundida en el suelo. Se llena de agua caliente hasta el borde, de forma que cuando uno se sienta en el fondo, el cuerpo está sumergido hasta el cuello. Como el agua del baño se usa solo para empapar el cuerpo (no para lavarse: esto debe hacerse fuera del baño) y todos los miembros de la familia la usan por turno, la etiqueta exige que el o-furo esté siempre en un lugar distinto del retrete, y que para lavarse se use ducha o bien una palangana para sacar agua directamente del baño y enjuagarse con ella derramándola sobre los hombros.

Está absolutamente prohibido meterse en el agua con el cuerpo enjabonado. Tampoco deben usarse toallas en el baño japonés (en los baños públicos, sin embargo, es de rigor una toalla pequeña para cubrirse discretamente al entrar o salir del agua). Una vez limpio de sudores se sumerge uno en el agua caliente durante un buen rato, para disfrutar de la sensación de bienestar, tonificar el cuerpo y estimular la circulación. Normalmente toda esta operación suele durar alrededor de media hora.

Lo primero que quiere hacer un japonés cuando regresa de un viaje -especialmente si viene del extranjero- es comer arroz -generalmente una buena ración de sushi (pastelillos de arroz con pez crudo encima)-, y meterse en el furo.

¿De dónde proviene este entusiasmo por los baños y el aseo personal? Una explicación sencilla puede hallarse en el clima: húmedo en verano y frío en invierno; el furo quita el sudor del verano y calienta en invierno. Otra explicación posible son las fuentes termales que se encuentran en las numerosas zonas volcánicas. Pero su origen se halla posiblemente en el primitivo Shinto que, aun sin apenas contenido ético, se distingue por poner gran énfasis en la pureza ritual, con múltiples abluciones y limpieza extrema.

Lo que los niños aprenden desde pequeños

Pero la higiene en la sociedad japonesa no se reduce a los baños de agua caliente. Desde su tierna infancia todos los niños aprenden en el colegio a cortarse las uñas con regularidad, hacer gárgaras con frecuencia y lavarse las manos varias veces al día. Todas las escuelas disponen de múltiples instalaciones para este tipo de abluciones. Normalmente constan de piletas o lavamanos alargados y con muchos grifos: en los corredores, en el vestíbulo e incluso en el patio de recreo, donde los profesores pueden fácilmente supervisar. Todos los alumnos se lavan las manos antes de la comida, después del descanso para ir al servicio, al terminar los experimentos en una clase de ciencias, al regresar del recreo… Por otra parte, la mayoría de las madres esperan que sus niños se laven también las manos al regresar a casa.

Además del lavado de manos, las escuelas enseñan a los niños a hacer gárgaras para evitar resfriados y a llevar siempre consigo un paquete de Kleenex para sonarse y un pañuelo o pequeña toalla para secarse las manos (aunque no son pocos, como comenta un maestro, los que lo hacen en el chándal, en la chaqueta del uniforme o incluso en la corbata). Este hábito se refuerza con inspecciones semanales: eisei shirabe (control de higiene). Los alumnos del comité sanitario comprueban que todos tienen los pañuelos de papel, la toallita o pañuelo de tela y las uñas cortadas. Como es natural, los padres aprecian que los colegios fomenten estos buenos hábitos en sus hijos que, por lo general, mantienen a lo largo de su vida.

Hacer gárgaras con té para prevenir resfriados

La cuestión de las gárgaras (ugai en japonés) merece un capítulo aparte, ya que es posible que Japón sea el único país en el que se recomienda el ugai frecuente para prevenir resfriados. Y esto, al parecer, viene de antiguo, como atestigua un proverbio japonés que dice “Yamai wa kuchi kara” (la enfermedad entra por la boca).

En una colaboración reciente en el diario The Japan Times, la escritora Alice Gordenker -que vive en Tokio y su hijo menor es alumno de una escuela pública-, dice haber consultado los websites de las organizaciones sanitarias más importantes del mundo, sin encontrar ninguna referencia concreta acerca de la relación entre gargarismos y prevención de resfriados.

Esa búsqueda le llevó a entrevistarse con Tadakatasu Shimamura, profesor de microbiología de la Universidad Showa, de Tokio, quien confirma que en Japón existe la creencia de que el hacer gárgaras previene el resfriado, “pero la verdad -dice el profesor- es que hacerlas con agua solo sirve para aliviar el dolor de garganta. Para evitar la infección hay que hacerlas con té”. El té -explica- contiene catechin, un agente antimicrobiano, que impide a ciertos virus entrar en el cuerpo.

De hecho en varios experimentos realizados hace ya diez años se pudo comprobar que el ugai con extracto de té negro puede evitar una infección de gripe, aunque, al parecer, cualquier té sirve. Y -según estadísticas realizadas por las autoridades sanitarias- desde que en los colegios los niños hacen frecuentes gárgaras con té, los resfriados se han reducido notablemente.

La pregunta inevitable es, pues: ¿puede el ugai con té evitar el contagio de SARS? A lo que el profesor Shimamura contesta: “No se han realizado experimentos en este sentido, por lo que no tengo pruebas. Pero, sí, creo que es posible”.

Sea lo que fuere, lo cierto es que enseñar buena higiene en las escuelas es la mejor inversión para mantener la salud pública.

Mentalidad “matamicrobios”

También es cierto que Japón es uno de los pocos países de Asia en el que no ha habido hasta el momento ningún caso confirmado de SARS, a excepción de un médico taiwanés que visitó este país en mayo pasado como turista. Tal revuelo se armó al ser descubierto, que los hoteles, tiendas, trenes, etc. por donde pasó fueron declarados en cuarentena y cuidadosamente desinfectados. Afortunadamente no contagió a nadie, pero las autoridades sanitarias fueron severamente criticadas por no haber evaluado y difundido con mayor rapidez la necesidad de acción inmediata, evitando así el grado de ansiedad innecesaria que sufrió el público durante esos días.

La sensibilidad del público japonés, ya de por sí bastante obsesionado por la limpieza y protección contra bacterias -sobre todo en respuesta a un pánico sufrido en 1996 al declararse una contaminación con la bacteria E. coli en varios productos alimenticios, por la que murieron 10 personas y más de 10.000 fueron infectadas-, se ha disparado con la aparición del SARS.

Esta tónica general no ha pasado desapercibida por las empresas, que con un despliegue de productos desodorantes y sprays repelentes de bacterias, así como una multitud de servicios, están inflamando la mentalidad “matamicrobios” del pueblo japonés. Se estima que actualmente los consumidores japoneses gastan un total de 500.000 millones de yenes (4.200 millones de dólares) al año en productos de higiene personal, incluidos jabón y champú.

La batalla contra los virus ha abierto las puertas a una serie de productos nuevos, fuera de lo corriente, como el llamado Bad Smell Cutter: un spray para la cara, que elimina malos olores y bacterias que se acumulan en el rostro, procedentes de gases de los tubos de escape de vehículos, polvo, polen y humo de fumadores. Este producto, que se cree ser el primero de este tipo, fue lanzado en mayo de 2002 por Sony CP Laboratories Inc., un productor de cosméticos medicados, sucursal de Sony Music Entertainment (Japan) Inc. El precio de venta es de 680 yenes por botella de 50 gramos. Las ventas superaron las 100.000 unidades en febrero pasado, con una amplia gama de consumidores, sobre todo hombres de 20 a 50 años de edad. Según la Sra. Masako Nagaoka, planificadora de cosméticos e inventora del producto, las ventas han crecido más rápidamente de lo esperado. Dice que los hombres usan el spray después de fumar, hacer algún deporte o viajar en los famosamente atestados trenes japoneses.

La obsesión anti-bacteria

Para algunos, eliminar bacterias de la piel no es suficiente, y quieren asegurarse de que sus ropas no albergan microbios o substancias nocivas. Para este tipo de personas -cada vez más numerosas- muchas lavanderías ofrecen ahora servicios que eliminan bacterias y otros microorganismos dañinos en la ropa. Al Greys Co., con sede en Tokio, ha ido un paso más allá introduciendo un servicio de lavado y esterilización de zapatos. El cliente puede elegir entre un proceso rápido que cuesta 500 yenes, o bien un procedimiento de esterilización con máquinas que emplean ultrasonido y ozono entre otras cosas. Al Greys ha iniciado el trámite para conseguir la patente de su procedimiento de esterilización. “Cuando comenzamos este proceso -dice Megumi Okamura, directiva de la empresa- la gente pensó que estábamos locos. Pero los japoneses nos quitamos los zapatos al llegar a casa, y no queremos meter en ella bacterias, como E. coli, salmonella o estafilococos, pegadas a nuestros zapatos”. Aparte de los clientes normales, desde abril pasado Toyota Motor Corp. está usando este servicio para esterilizar los zapatos de seguridad de sus empleados en la plantas de producción de la prefectura de Aichi.

Como ya se ha dicho, los japoneses agudizaron el ya tradicional sentido de limpieza, después del pánico de 1996. Ese incidente minó la confianza en las autoridades de sanidad pública -por otra parte, el nuevo incidente del médico taiwanés infectado de SARS, aunque sin repercusiones serias, no ha hecho más que aumentar la desconfianza-, fomentando la creencia de que la mejor opción es procurar defenderse por cuenta propia.

De repente las empresas se dieron cuenta que “antibacteria” era la palabra de moda para incrementar las ventas, y respondieron invadiendo el mercado con una ingente variedad de productos de uso diario, como plumas, bolígrafos, calculadoras…, hechos con materiales resistentes a los gérmenes. Nintendo, en respuesta a la inquietud de muchos padres, ha empezado también a laminar los cromos de Pokémon con plástico antibacteria. Lo mismo han hecho varios bancos con las tarjetas de crédito, y varias prefecturas han introducido tarjetas repelebichos para usar los cajeros automáticos, como parte del servicio al consumidor. La ciudad de Utsunomía, en la prefectura de Tochigi, ha mezclado la arena de los cajones donde juegan los niños en los parques, con un agente antibacteriológico. “Gracias a los cambios hechos en las arenas de los parques, el nivel de reproducción del bacilo coli ha disminuido de 880 a 30 por cada 100 gramos”, dice Kazuo Masubuchi, encargado del proyecto. La ciudad ha recibido numerosas peticiones de información de otras ciudades, de escuelas primarias y de guarderías infantiles de todo el país.

“En estos días el tener características que impidan la reproducción de microbios se ha convertido en algo indispensable para la venta de productos en el mercado japonés”, dice Kunihiko Ishioka, de Fuji Keizai Co., firma dedicada a estudios de mercado.

Bares y salones de oxígeno

Otra de las manías relacionadas con la salud está resultando en la proliferación de productos para la inhalación de oxígeno enriquecido. “Últimamente están creciendo las ventas de aparatos que enriquecen el oxígeno para uso en el hogar, con motivo de la crisis del SARS”, dice un dependiente de Sakuraya, importante empresa de aparatos electrodomésticos. Un buen número de empresas ha entrado en el mercado de producción de oxígeno enriquecido, debido a la repentina subida de la demanda por parte de un público preocupado por la contaminación del aire y otras cuestiones relacionadas con la salud pública.

“Oxígeno” es hoy en día otra de las palabras mágicas que sirven para aumentar las ventas. La nueva “manía” comenzó hace poco más de un año con la apertura del O2 Wing Oxi Bar en Tenjinbashi Shotengai, una calle de Osaka famosa en todo Japón por ser el centro comercial más largo del país.

Desde entonces los bares de oxígeno se han ido extendiendo en Tokio y otras ciudades. Al igual que en los tradicionales bares japoneses los clientes fijos tienen guardada su botella de whisky o brandy, en O2 Wing Oxi Bar, los clientes habituales guardan sus tubos de plástico para inhalar el oxígeno de los tanques que lo producen. Un pase mensual cuesta 8.000 yenes y los tubos, 300 yenes. Los precios por una sola sesión son 500 yenes por diez minutos, o 1.200 por media hora. Desde su apertura el negocio ha ido en auge y ha atraído ya a más de 2.000 clientes, con más de 300 fijos.

Aunque la proliferación de los bares de oxígeno y de los productos de aire purificado se debe a motivos de salud, la eficacia de inhalar oxígeno enriquecido no ha sido probada científicamente. Los defensores afirman, sin embargo, que respirar aire con una alta concentración de oxígeno puede ser reconstituyente o provechoso para la salud de varias maneras: reduce el estrés y la fatiga, y mejora la circulación de la sangre. Algunos incluso creen que consumir cantidades de oxígeno mayores de lo normal puede retrasar el proceso de envejecimiento.

También en este caso el SARS ha sido la causa de la consolidación del interés público por todo tipo de artilugios que producen oxígeno enriquecido. Matsushita Electric Industrial Co., por ejemplo, lanzó en marzo pasado una unidad portátil de suministro de oxígeno para uso casero, llamada MS-X1 Oxygen Concentrator. Con un precio de venta de 48.000 yenes, esta unidad está diseñada para aumentar en un 30% la concentración de oxigeno en el aire.

Hace unos años la compañía de productos nutritivos Gold Kosan Co. introdujo el Taberu Sanso (literalmente: oxígeno comestible) en forma de pastillas. “Al principio -dice Takemi Onuma, presidente de la empresa- nuestra clientela se limitaba a escaladores, alpinistas y atletas en general, pero últimamente la mayoría de los que compran nuestros productos son empleados de 20 a 30 años de edad”. Las ventas mensuales de Taberu Sanso son ahora de 17 millones de unidades, tres veces más que en 1999.

Eficacia dudosa

Oxígeno es también la nueva moda en los llamados “relaxation salons”. El personal de O2 Factory, uno de esos salones en Shimbashi -uno de los distritos financieros de Tokio-, dice que diariamente pasan de 10 a 15 personas para inhalar aire con una concentración del 40% de oxígeno, mientras disfrutan de un masaje o de un baño de pies. Veinte minutos de aire enriquecido, combinado con cinco minutos de masaje y 15 de baño de pies, cuesta 2.000 yenes. Desde que el salón se abrió en el año 2000, cerca de 4.000 personas se han inscrito como clientes fijos de estos servicios. “En nuestro salón son pocos los clientes que piden solo el masaje; la mayoría quiere inhalar el aire enriquecido”, dice Aiko Yamaguchi, la directora del salón.

A pesar del reciente boom del aire enriquecido, por motivos de salud, los expertos dudan seriamente de que la inhalación de oxígeno reporte algún beneficio para la salud. Como dice Junichiro Aoki, decano de la School of Health and Sports Science, de la Universidad de Juntendo, en la prefectura de Chiba: “El volumen de oxígeno que la hemoglobina puede llevar en la sangre es fijo. Por lo tanto, para una persona sana inhalar oxígeno extra no añade nada desde el punto de vista médico. Lo que sí se puede decir es que el oxígeno extra puede producir una sensación de bienestar”.

En definitiva, las distintas “manías” higiénicas de baños, lavados, abluciones, defensa personal contra los bichos, etc., etc., lo que buscan y encuentran es precisamente restaurar la sensación de confort y bienestar, aunque cueste dinero. Y los comerciantes no tienen nada que oponer, al contrario: les interesa fomentarlas con nuevos productos cada vez más exóticos en una sociedad de superconsumo como sigue siendo la japonesa, a pesar de que, como dicen los periódicos, la economía de Japón está estancada, sufre de depresión, deflación… y de todos los males económicos posibles o imaginarios. ¿Será verdad que los únicos que no se han enterado son los japoneses?

Antonio Mélich

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