“Preembrión”: un concepto arbitrario

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Aveces se dice que, hasta la implantación en el útero (a los 14 días, más o menos, de la fecundación), el embrión humano es solo una vida potencial. En tal caso, sería lícito manipular el “preembrión”, como se lo llama, hasta ese momento. Sobre este tema mantienen un diálogo Jesús Ballesteros y Vicente Bellver, catedrático y profesor titular, respectivamente, de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valencia (Nueva Revista, noviembre-diciembre 2000).

El término preembrión proviene del informe Warnock (Gran Bretaña, 1984), según el cual hasta el día 14 después de su desarrollo, el embrión no era acreedor a una verdadera protección. Ballesteros puntualiza: “Me parece interesante recordar que la opción por el día 14 fue resultado de un pacto para conciliar intereses contrarios. Por un lado, existía una fuerte presión científica para que se permitiese la investigación con embriones. Por otro lado, la conciencia ciudadana se resistía a reducir al embrión a un objeto de manipulación. Con la propuesta del día 14 se satisfacía a ambas partes: los ciudadanos encontraban un límite para distinguir entre lo moral y lo ilícito, que tranquilizaba sus conciencias, y los científicos tenían vía libre para actuar sobre el embrión hasta el día 14”.

Pero, objeta Bellver, el día 14 no es una fecha irrelevante en la vida del embrión, sino un momento en que le acontecen cambios trascendentales. Hasta ese día puede producirse una gemelación; antes, el embrión no parece ser un individuo, ya que todavía puede dar lugar a dos. Ballesteros responde: “El embrión surge siempre de la fecundación, pero resulta que en sus primeros estadios de desarrollo puede, de forma excepcional, generar otro embrión por medio de lo que podríamos llamar una clonación espontánea. Ese fenómeno (…) no altera el valor del embrión: simplemente, donde inicialmente solo había uno, alguna vez aparece un segundo”.

Otro argumento usado para justificar la desprotección del preembrión -señala Bellver- es que hasta el día 14 “puede que el embrión no llegue a constituirse como tal, sino que dé lugar a una mola hidatidiforme, un tumor maligno que se hace necesario extirpar del seno materno”. “En ese caso -dice Ballesteros-, lo que sucede es que no llega a producirse la fecundación propiamente tal, sino la fusión de dos núcleos masculinos. Por lo tanto no llega a haber en ningún momento cigoto ni ser humano”.

También se aduce, prosigue Bellver, la alta tasa de mortalidad durante las primeras dos semanas, que se reduce drásticamente a partir de la implantación. Ballesteros contesta: “Evidentemente, no es lo mismo el embrión en los primeros días desde su concepción, en que el riesgo de frustrarse es grande, que tras su implantación en el útero. Pero que no sea lo mismo no quiere decir que no sea el mismo”: tal cosa revela que el estado del ser humano en los primeros días de desarrollo es muy precario. “Esa enorme fragilidad constituye también un argumento a favor de su protección, porque entiendo que el Derecho es el instrumento para proteger a los que no pueden defenderse por sí mismos”.

La diferencia de trato al preembrión, añade Bellver, se suele basar también en que solo en torno al día 14 empieza a formarse el sistema nervioso. “¿No podría considerarse que la aparición del elemento precursor del sistema nervioso es un buen criterio para fijar el momento a partir del cual proteger al embrión?”. Para Ballesteros, es un criterio utilitarista, que pone la dignidad humana en la capacidad de sentir placer o dolor, no en la pertenencia a la especie. “Está claro que la aparición de los primeros signos del sistema nervioso es importante, como también lo es la de los órganos. Pero la dignidad no se puede asociar a la posesión en acto de una capacidad o atributo físico. (…) Lo determinante para considerar digno de protección al ser humano desde su concepción hasta la muerte no es la posesión en acto de unas determinadas capacidades, sino la sustancial continuidad del sujeto personal. A lo largo de su vida se verá adornado con más o menos atributos: nunca será lo mismo, pero siempre será el mismo”.

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