Polémica por la creación de un “supervirus” mortífero

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Un organismo norteamericano ha solicitado que, al publicar la investigación, se supriman los datos sobre cómo se creó el mortífero virus, para evitar que unos terroristas o una potencia lo fabriquen

Unos científicos crean un peligroso virus. La intención es buena: averiguar cómo actúan los gérmenes más mortíferos para combatirlos eficazmente. Pero el invento podría diezmar a la humanidad si saliera del laboratorio. Y el agente patógeno se escapa accidentalmente, o bien lo roban unos terroristas, o un científico loco lo vende a un régimen totalitario que quiere tener el arma definitiva…

Podría ser un guión como muchos ya usados por Hollywood. Pero la primera parte ha ocurrido realmente en un laboratorio holandés. De momento no hay “película” porque el virus mortal sigue estando a buen recaudo en instalaciones de máxima seguridad. Hay, en cambio, viva polémica, por el temor de que se cumpla la segunda parte.

El virus creado procede del H5N1, el causante de la gripe aviar. Esta enfermedad tiene una mortalidad altísima en humanos: 58%. La de la gripe de 1918-1920, la peor pandemia de la historia (unos 100 millones de muertos), fue solo del 2%. Pero en números absolutos, la gripe aviar es poco importante, pues desde su aparición en 1997 no ha causado más que 341 muertes entre un total de 589 casos (1). Eso se debe a que las personas solo adquieren el H5N1 por contacto con aves infectadas, y la transmisión entre humanos es muy rara. Pero si este virus se transmitiera como el de la gripe estacional, a través del aire, por toses y estornudos de enfermos, probablemente causaría una mortandad espantosa.

Para averiguar por qué unos virus de la gripe son contagiosos y otros no, los Institutos Nacionales de Salud (NIH), de Estados Unidos, encargaron y pagaron una investigación sobre el H5N1, que en buena parte corrió a cargo de un equipo dirigido por Ron Fouchier, del Centro Médico Erasmo, en Rotterdam. El estudio fue aprobado también por el gobierno holandés y por otro organismo estadounidense, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDCP). El objetivo se ha cumplido: en julio pasado, el laboratorio holandés obtuvo una variedad del H5N1 que es transmisible por el aire, tras inducir cinco mutaciones genéticas en el virus original.

Libertad científica y seguridad biológica

Una gripe aviar contagiosa entre humanos podría ser como “el origen del planeta de los simios”, pero sin monos inteligentes. Por eso la noticia del experimento ha provocado una polémica entre partidarios de no coartar la libertad científica y otros que advierten contra los peligros de jugar a Prometeo o a aprendiz de brujo. The New York Times resume los principales argumentos.

El virólogo Fouchier alega que las mutaciones que hacen fácilmente transmisible el H5N1 podrían darse también de modo natural; por tanto, saber cuáles son ayuda a prevenir epidemias, al permitir detectarlas en muestras de ese virus o de otros causantes de la gripe.

Otro virólogo, el norteamericano Richard J. Webby, añade que la investigación de Fouchier puede servir para averiguar por qué ciertos virus que originalmente solo afectan a animales, de pronto resultan infecciosos también en seres humanos.

En cambio, un tercer científico, Ian Lipkin (Universidad de Columbia), pone en duda la necesidad de la investigación: según él, que unas mutaciones se puedan inducir en laboratorio en absoluto prueba que puedan ocurrir por causas naturales.

Lo que antes o después ocurrirá casualmente, según Richard Ebright (Universidad Rutgers), especialista en guerra biológica, es que el nuevo H5N1 saldrá del laboratorio. Así ha pasado ya otras veces con gérmenes que pueden usarse como armas.

Las razones de quienes piensan que el experimento no debería haberse realizado se reducen al peligro de que el “supervirus” se libere por accidente o caiga en malas manos. Por eso, un organismo asesor del gobierno norteamericano, la National Science Advisory Board for Biosecurity, ha solicitado a las revistas científicas Science y Nature que, al publicar la investigación, supriman los datos sobre las mutaciones y el modo de conseguirlas, para evitar que unos terroristas o una potencia fabriquen el mortífero virus. El director de Science, Bruce Alberts, ha dicho que tomará la recomendación muy en serio y que probablemente la cumplirá, siempre que el gobierno cree un sistema para facilitar la información omitida a los científicos que la necesiten para fines legítimos.

Tal precaución sería a la postre inútil, según algunos, porque es imposible controlar el flujo de la información.

¿Y qué?, replican otros. La probabilidad de que el “supervirus” sea fabricado por un grupo terrorista es mínima, pues eso no es algo que se pueda hacer a escondidas en un garaje. Requiere conocimientos muy avanzados y una tecnología muy cara. Pero esto no excluye a un Estado con más medios.

Aun así, semejante virus, por letal que sea, no resultaría bueno como arma. Una vez liberado, no se puede controlar su alcance, y mataría al que lo lanzara, al igual que al enemigo. A eso responde Michael Osterholm (Universidad de Minnesota) que es ingenuo esperar comportamiento lógico de fanáticos terroristas. Lo que se teme con respecto al H5N1 contagioso, lo hizo la secta japonesa Aum Shinrikyo con el gas sarín, y lo intentó con la bacteria del ántrax y el virus Ébola.

Por ahora, el Centro Médico Erasmo ha reforzado aún más las medidas de seguridad en el laboratorio donde se consiguió el “supervirus”.

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(1) Casi todos los casos corresponden al segundo brote, iniciado en 2003; durante el primero, muy breve, en Hong Kong a finales de 1997, hubo 18 casos y 6 muertes.

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