Para frenar el SIDA en África

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El continente africano (unos 700-750 millones de personas, más o menos tantas como Europa en el triple de superficie) nunca ha tenido especiales problemas de “superpoblación”. Pero varios países al sur del Sahara están sufriendo despoblación a causa del SIDA. Las cifras facilitadas por Onusida con ocasión de la Conferencia de Lusaka, aunque en gran parte no son más que estimaciones, ponen de manifiesto esta sangría demográfica.

De 47,3 millones de personas infectadas en el mundo hasta 1998, 34 millones son de África subsahariana. De ellas, hasta ese año habían muerto 11,5 millones, más del 80% del total mundial de víctimas (13,9 millones). Los 21 países con la mayor prevalencia de SIDA en el mundo son africanos, y en diez de ellos, la tasa se estima superior al 10% de la población. En Zambia, que ha acogido la última Conferencia internacional, se cree que está infectado uno de cada cinco adultos. Si las infecciones siguieran creciendo al ritmo actual, la mitad de los diez millones de habitantes del país morirán de SIDA.

La enfermedad afecta de modo particular a niños y mujeres. Onusida cree que en algunas zonas, la mitad de los niños que nacen llevan el virus, recibido de la madre. En Zambia, la proporción total es el 20%. Infectados o no, muchos niños pierden a sus padres a causa del SIDA. Según un estudio, el 72% de los hogares de Zambia acoge algún huérfano. En los países de la zona, la tasa de huérfanos se multiplicó por dos, tres o cuatro entre 1994 y 1997.

Las mujeres constituyen la mayoría de los afectados, sobre todo entre los jóvenes. Si se tiene en cuenta sólo a la población de 15-16 años, la tasa femenina de infección es cuatro veces mayor que la masculina.

En fin, el África subsahariana, con menos del 10% de la población mundial, tiene el 70% de las personas que han contraído el virus, el 90% de los infectados menores de 15 años y el 95% de los huérfanos a causa del SIDA. Los países más afectados de la zona (Botsuana, Costa de Marfil, Malawi, Uganda, Zambia, Zimbabue) están perdiendo gran parte de los adultos jóvenes, las fuerzas vivas del país. Los viejos quedan al cargo de los huérfanos.

Conductas de riesgo

La situación en África, subraya Peter Piot en la citada entrevista para Le Monde, es muy distinta de la de Occidente, donde “la infección afecta sobre todo a ciertos grupos de riesgo (consumidores de droga por vía intravenosa, homosexuales)”. En África, en cambio, el riesgo está extendido a la población general. Ahora bien, aclara Piot, la extensión del SIDA en el continente africano está ligada a los comportamientos, pues esta enfermedad es transmisible, pero no contagiosa.

Hay en primer lugar, dice el director de Onusida, factores socio-económicos. Las políticas de empleo han conducido a un fuerte trasvase de trabajadores a las ciudades, donde se da, por eso, un excedente de población masculina: emigrantes a los que no acompañan sus familias. Así, “la diseminación del virus se produce en las relaciones sexuales con prostitutas”.

Por otro lado, la desproporcionada tasa de infección entre las chicas revela que son contaminadas por hombres adultos. “Es reflejo de una sociedad en la que los hombres pueden apropiarse de cualquier mujer joven, sobre todo si ella se encuentra en situación precaria”.

A esto hay que añadir las deficiencias de los sistemas sanitarios, que hacen difícil o aun imposible acceder a la prevención y al tratamiento médico.

“Ante la complejidad de factores -concluye Piot-, está claro que la respuesta no puede reducirse a la mera promoción del preservativo”. Se precisan medidas de fondo y de mayor alcance, entre las que el director de Onusida destaca facilitar que las familias acompañen a los trabajadores que emigran.

Rafael Serrano

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