No solo de sida se muere en África

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Duración lectura: 3m. 2s.

Daniel Halperin, investigador de la Escuela de Salud Pública de Harvard, advierte que mientras la ayuda sanitaria a África se concentra en la lucha contra el sida, se están descuidando necesidades más básicas y más acuciantes para la mayoría de la población (The New York Times, 1 enero 2008).

Halperin recuerda que el presidente de EE.UU. George Bush quiere doblar la ayuda oficial norteamericana contra el sida -canalizada a través del fondo especial llamado PEPFAR-, actualmente fijada en 15.000 millones de dólares en cinco años, y varios aspirantes a sucederle prometen mucho más aún. Hay quienes critican a Bush por proponer “solo” 30.000 millones; pero “incluso los actuales 15.000 millones de dólares suponen una cantidad de dinero sin precedentes destinada a una sola enfermedad”.

Pero “mientras tanto, se olvidan muchas otras necesidades sanitarias de los países en desarrollo. Gastar 50.000 millones de dólares o más en ayuda sanitaria tiene sentido, pero solo si no se limita a programas contra el sida”.

Por ejemplo, el año pasado EE.UU. gastó en África casi 3.000 millones de dólares en lucha contra el sida, y solo 30 millones en proyectos para dar agua potable y saneamiento. “Este desequilibrio de casi 100 a 1 es una desastrosa falta de equidad, sobre todo si se tiene en cuenta que en África la prevalencia del VIH [virus del sida] es mayor en los países relativamente más ricos y desarrollados. La mayoría de las naciones africanas presentan tasas de infección en adultos del 3% o menos”.

Millones de africanos -adultos y niños- mueren por causas en gran medida evitables: malnutrición, neumonía, accidentes de carretera… De las muertes por diarrea que se producen en el mundo, la quinta parte se dan en tres países africanos -Congo, Etiopía y Nigeria- donde la prevalencia del VIH es relativamente baja y que reciben entre todos casi mil millones de dólares anuales para combatir el sida. En cambio, los donantes no entregan prácticamente nada para luchar contra la diarrea, que no es difícil de evitar o curar.

“Esta discrepancia entre las prioridades de los donantes occidentales y las verdaderas necesidades de los africanos”, dice Halperin, le impresionó durante un reciente viaje al continente. En Senegal, la prevalencia del VIH se mantiene por debajo del 1%, la de la tuberculosis también es relativamente baja, y la malaria no es tan frecuente como se creía. En cambio, la diarrea causa una gran mortandad en Senegal, donde el hedor de la propia capital, como de tantos otros lugares del continente, muestra la grave carencia de saneamiento y agua potable, principal causa de ese mal.

Análogamente, en un viaje anterior, Halperin visitó “pueblos en países pobres como Lesotho, donde las clínicas no tenían dinero para abastecerse de medicamentos básicos, pero en muchos casos estaban bien surtidas de caros medicamentos contra el sida y de sofisticados equipos para vigilar a sus pacientes de VIH”.

Halperin señala otro efecto secundario de la desproporcionada concentración de la ayuda en el sida: el abandono de la atención primaria, muy necesaria en África, por parte de muchos profesionales sanitarios, que van a trabajar en programas contra el sida, donde la financiación extranjera asegura mejores sueldos.

“Cuando hay diez millones de niños y medio millón de madres que mueren al año en los países subdesarrollados de causas en gran medida evitables, ¿debemos multiplicar el gasto en sida y dar solo una miseria para iniciativas como proyectos para suministrar agua potable?”

Fuente: The New York Times.

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