No lo abandone, mátelo

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Luis Arechederra, catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Navarra, publica en el diario ABC (13-10-2009) un artículo acerca de la legislación española y europea en torno al supuesto de abandono del recién nacido.

El título del artículo, “No lo abandone, mátelo”, hace referencia a un mensaje que la sociedad parece dirigir a la mujer embarazada cuando la presiona hacia el aborto. Ella “sufre anticipadamente la angustia de una madre indefensa con su hijo en brazos” y termina por equivocarse al decidir precipitadamente en la alternativa entre tener el hijo o abortar.

Hasta 1999, recuerda Arechederra, la Ley del Registro Civil permitía ocultar el registro del nombre de la madre, para que esta pudiera entregarlo anónimamente en adopción sin temor a persecución legal (persecución que sí existe en los casos de bebés depositados en contenedores). En el certificado de nacimiento correspondiente, en el lugar previsto para la madre, cabía la opción de escribir “desconocida”, de acuerdo con el artículo 167 del Reglamento del Registro Civil. Sin embargo el Tribunal Supremo declaró este párrafo inconstitucional en septiembre de 1999.

Pero esto que se prohíbe en España, es posible en otros países, como en Francia. Arechederra cuenta el caso de Pascuale Odievre, una mujer que fue dada en adopción al nacer, en 1969, y que demandó al Estado francés por no facilitarle la investigación de la identidad de su madre. Pero el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, dio la razón en 2003 al Estado francés, esto es, protegió la identidad de la madre, como había sido su deseo en 1969. Lo que no admite el Constitucional español sí es viable en Francia y está avalado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Paradójicamente, ocultar el parto es inconstitucional en España, pero el aborto dentro de un plazo sí sería constitucional. ¿Por qué no privilegiar la opción que no acaba con la vida del más débil? se pregunta el autor. “¿Por qué no aliviar a la mujer facilitándole una salida? ¿Por qué no convertimos el ‘no lo abandone, mátelo’ en un ‘no lo mate, abandónelo’? Bien entendido que abandonar significa entregarlo a un organismo público”.

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