No existen límites éticos al conocimiento, pero sí al modo de obtenerlo

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Duración lectura: 4m. 18s.

La Academia Pontificia para la Vida ha hecho públicas las conclusiones de su última asamblea general, celebrada a finales de febrero (cfr. servicio 34/04). Bajo el título “Ética de la investigación biomédica. Una visión cristiana”, la declaración llama la atención sobre la responsabilidad que comporta el nuevo poder de intervención en los seres humanos. Y reúne algunas normas éticas fundamentales en una especie de código que ofrece a la libre adhesión de los investigadores.

En estas conclusiones la Academia Pontificia se hace eco del gran avance que ha experimentado la biomedicina en los últimos años. Este progreso de las técnicas exige que los científicos y la sociedad asuman una responsabilidad cada vez mayor, en proporción a la capacidad de intervención en los seres humanos. “Las ciencias experimentales, y la biomedicina misma, como instrumentos en manos humanas, no bastan por sí solas, sino que deben ser dirigidas hacia unos fines determinados y puestas en relación con la esfera de los valores”.

Sobre la regulación ética de las investigaciones científicas, la Academia hace una distinción. “No existen, en principio, límites éticos al conocimiento de la verdad, es decir, no hay barreras más allá de las cuales se prohíba a la persona humana aplicar su capacidad cognoscitiva”. Pero el modo de obtener los conocimientos y de usarlos está en otro caso: “La ética establece límites precisos a la actuación del ser humano en la busca de la verdad, pues lo que es técnicamente posible no por eso es moralmente admisible”.

“Los medios que se usan deben respetar la dignidad inalienable de cada persona como persona, su derecho a la vida y a su sustancial integridad física”. Así, existe ciertamente una “ética de la investigación biomédica”. En este aspecto, históricamente, el cristianismo ha hecho grandes aportaciones, en especial en dos campos: el respeto a la persona como sujeto de la investigación, y el énfasis en la relación entre ciencia, sociedad e individuo.

Otro aspecto que destaca la Academia es la experimentación, terapéutica o no, desde la perspectiva de su aplicación al ser humano. La Academia recuerda que debe haber una experimentación suficiente sobre animales antes de los ensayos clínicos con seres humanos. De esta forma se evitará someter a personas a riesgos injustificados o innecesarios. A la vez, también la experimentación con animales está sujeta al imperativo de no usar crueldad con ellos.

Un punto de vital importancia en la investigación biomédica es el trato que se da al embrión humano, merecedor del respeto debido a las personas. Por desgracia, dice la declaración, hoy es frecuente que, para beneficiar a otros seres humanos, se sacrifique la integridad o la vida de embriones. La Academia recalca que es inadmisible esta conducta, por cuanto supone hacer el mal intencionadamente a fin de conseguir un bien. “Cualquier experimentación sobre el embrión humano que no tenga como objetivo obtener ventajas directas para su propia salud, no puede ser considerada moralmente lícita”.

Un compromiso ético

La Academia recuerda a los investigadores en biomedicina que ha de existir una profunda relación entre las ciencias experimentales y las ciencias humanas y filosóficas. “La vida humana y la naturaleza humana son realidades demasiado complejas para ser evaluadas de forma exhaustiva desde una sola perspectiva. Por tanto, parece indispensable un enfoque multidisciplinar para entender al ser humano en su integridad”. Bajo esta perspectiva, la referencia a valores humanos y una visión antropológica y ética, es premisa indispensable par una correcta investigación científica.

Por ello, la Academia presenta una “Propuesta de compromiso ético para los investigadores en biomedicina”. La incluye como anexo a la declaración e invita a los científicos a suscribirla. El texto consta de un preámbulo y siete normas de conducta, entre ellas las siguientes:

— “No participaré en proyectos de investigación en los que pueda incurrir en conflicto de intereses, desde el punto de vista personal, profesional o económico”.

— “Reconozco que la ciencia y la tecnología deben estar al servicio de la persona humana, con pleno respeto de su dignidad y derechos”.

— “Reconozco que todo ser humano, desde el primer momento de su existencia (el proceso de fecundación) hasta el momento de su muerte natural, debe tener garantizado el más absoluto e incondicional respeto debido a cada persona humana en virtud de su dignidad específica”.

— “Trataré a cada persona que se preste a un experimento como un sujeto libre y responsable, y nunca como un mero medio para conseguir otros fines. Nunca permitiré que se someta a experimentación a una persona que no haya dado su consentimiento libre e informado”.

La declaración y la “Propuesta de compromiso ético” se encuentran en el sitio del Vaticano en Internet (www.vatican.va), en las páginas de la Academia Pontifica para la Vida, dentro de la sección correspondiente a la Curia Romana. Ahí se consigna también el procedimiento para adherirse a la Propuesta.