Luxemburgo legaliza la eutanasia

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Duración lectura: 1m. 51s.

Poco antes de la votación en el Parlamento del país, Benedicto XVI subraya que dar muerte a un enfermo no es lícito ni una muestra de verdadera compasión con quien sufre.

Tras un largo debate, el 18 de diciembre la Cámara de Diputados de Luxemburgo aprobó, en segunda lectura, la ley de eutanasia que el Gran Duque Enrique no sancionará -solo promulgará-, por motivos de conciencia. El proyecto salió adelante por 31 votos contra 26, más 3 abstenciones.

El mismo día, Benedicto XVI se había manifestado sobre el asunto al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador luxemburgués ante la Santa Sede. El Papa expresó su “muy viva preocupación” por el proyecto de ley. La respuesta adecuada al dolor de un enfermo incurable es la que ofrece otro proyecto, llegado también al Parlamento de Luxemburgo, “que contiene acertadas disposiciones legislativas para desarrollar los cuidados paliativos, a fin de hacer más tolerable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y facilitar al paciente un acompañamiento humano apropiado”.

En su discurso al embajador, Benedicto XVI señaló la contradicción entre los dos textos y, a propósito de la ley de eutanasia, recordó unas palabras de la encíclica Evangelium vitae, n. 57: “La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita”. Y añadió: “El amor y la verdadera compasión toman otra vía. La petición que sale del corazón del hombre en su suprema confrontación con el sufrimiento y la muerte, en especial cuando está tentado de entregarse a la desesperación y se encuentra perdido hasta el punto de desear desaparecer, es sobre todo una petición de acompañamiento y una llamada a recibir más solidaridad y más apoyo en la prueba”.

Responder a esa llamada “abre a muestras nuevas y más profundas de solidaridad que llevan, en definitiva, a enriquecer y reforzar los vínculos familiares y sociales”. Por eso el Papa invitó al pueblo luxemburgués a “reafirmar la grandeza y el carácter inviolable de la vida humana”.