Los pacientes bien atendidos no quieren la eutanasia

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Duración lectura: 2m. 25s.

Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA 284: 2460, 2000) parece confirmar que, entre los pacientes terminales, aquellos con depresión, necesidad de especiales cuidados médicos o fuertes dolores son los más predispuestos a solicitar la eutanasia o la cooperación al suicidio. Otro artículo reciente en la misma revista (JAMA 285: 734, 2001) comenta que esas tres situaciones son generalmente reversibles y que pueden ser tratadas con medios específicos, tales como atención psiquiátrica o cuidados paliativos, por lo que sería un grave error permitir que el paciente tomara una decisión inducido por una situación que puede cambiar.

Los pacientes terminales a veces sufren frustración o sensación de humillación, un estado de malestar que puede llevarles a desear la muerte. Para algunos de estos pacientes, la demanda de eutanasia puede ser el recurso para que se les modifique un tratamiento o se les administre otro tipo de cuidados, o simplemente para que se les preste atención.

Aun cuando la petición de eutanasia sea el verdadero deseo del paciente, otro reciente trabajo (New England Journal of Medicine 342: 557, 2000) muestra que una buena actuación de médicos y familiares puede lograr que cambien de postura. Por ello, cabe afirmar que pedir la eutanasia es más la expresión de un síntoma de enfermedad médica o social que un deseo real de morir.

Primer “hospice” en España

El sufrimiento que induce a pedir la eutanasia se combate eficazmente en las unidades de cuidados paliativos y los “hospices”. Estos últimos, nacidos en Inglaterra a principios de los años 60, son centros que tratan de mejorar la calidad de vida de los enfermos terminales, atendiendo sus necesidades básicas y proporcionando adecuado tratamiento médico, orientado a disminuir sus sufrimientos físicos, y complementando todo ello con la debida atención a los familiares (ver servicio 41/01). Incluso prestan la ayuda necesaria para los momentos del duelo, en caso de fallecimiento.

El primer “hospice” que funciona en España se acaba de inaugurar en Gijón (Asturias) el pasado 9 de abril, según informa Diario Médico (10-IV-2001). Lo promueve la Asociación de Amigos de la Fundación Alba, aunque también cooperan a su financiación el Insalud (42%) y la Caja de Asturias (10%). Por ahora se trata de un centro pequeño, con capacidad para ocho pacientes oncológicos terminales. Pero esto es solo el comienzo hasta que se disponga del centro definitivo, ya en avanzado estado de construcción, en Villaviciosa (Asturias), que contará con 17 camas. Sigue el modelo del existente en Quebec (Canadá), que se basa en crear un ambiente semejante al familiar, por lo que estos centros nunca tienen muchas camas. El “hospice” de Gijón está atendido por un equipo multidisciplinar constituido por personal médico y de enfermería, así como por voluntarios, previamente formados para este fin.

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