Los obispos alemanes se pronuncian contra la experimentación con embriones humanos

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Duración lectura: 3m. 6s.

Desde hace unos meses, en Alemania se está manteniendo un vivo debate sobre cuestiones de bioética. Mientras que el canciller Gerhard Schröder, siguiendo criterios pragmáticos, parece dispuesto a modificar la legislación que protege al embrión humano y que impide experimentar con él (cfr. servicio 32/01), los Obispos alemanes se han pronunciado, con ocasión de su reunión de primavera (5 a 8 de marzo), en un documento “sobre cuestiones de ingeniería genética y biomedicina”, que se venía esperando con gran expectación.

Según la Conferencia Episcopal Alemana, las nuevas posibilidades de la biomedicina afectan a los valores fundamentales de la sociedad, por lo que “es indispensable familiarizarse con los nuevos conocimientos y sus consecuencias, y también presentar los límites éticos de su uso y debatir sobre ellos”. Los obispos recuerdan que el hombre es más que la suma de sus genes, pues la dignidad humana radica en haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. El documento pasa revista a diferentes aspectos bioéticos. El diagnóstico prenatal puede ser empleado para iniciar una terapia incluso antes del nacimiento, o inmediatamente después. Sin embargo, es éticamente inaceptable cuando la constatación de una enfermedad o discapacidad lleva a abortar. El diagnóstico pre-implantatorio, sin embargo, “tiene una cualidad ética completamente distinta”, pues “está dirigido desde un principio a seleccionar vidas humanas, por lo que ha de continuar estando prohibido en Alemania”.

A la terapia génica se han de aplicar los mismos criterios que a las formas terapéuticas convencionales; es decir, hay que estudiar si el método es seguro, si es proporcionado y si el paciente, después de haber sido informado, consiente libremente. Pero la denominada terapia en línea germinal no debe ser admitida, por tres razones: porque el método actual todavía no está maduro para ser aplicado al hombre; en segundo lugar, porque se precisaría una investigación que produciría embriones sobrantes. Y en tercer lugar porque conduce a la selección.

Asimismo ha de mantenerse la prohibición de la “clonación terapéutica”, pues “la vida humana, que siempre es una vida personal y querida por Dios, queda degradada a un almacén de repuestos”. También ha de rechazarse la clonación reproductiva, por dos razones: porque se niega al embrión la mezcla habitual de genes maternos y paternos y, además, porque el embrión es instrumentalizado, pues no se genera por sí mismo sino como medio para un determinado fin. También en el campo de las patentes existe un límite ético: “Los hombres no inventan órganos, tejidos, células y genes, sino que los encuentran en la creación”. Por tanto, los seres humanos -y sus partes- no son patentables, aunque lleven en sí cambios biotécnicos.

El documento termina con un capítulo titulado “El hombre ha de asumir responsabilidad”, que califica de falsas las dos posibilidades que frecuentemente se plantean: “El potencial de la ingeniería genética produce en unos la euforia de que todo es posible, mientras que en otros genera rechazo”. El justo medio es reforzar los objetivos y métodos éticamente correctos de la ingeniería genética y reconocer sus fines equivocados, para oponerse a ellos. Los obispos previenen “contra la creencia de que estas cuestiones se pueden esclarecer tomando decisiones por mayoría”. La dignidad humana no es algo disponible; “es anterior al poder estatal y vincula a sus poderes” (art. 1 de la Constitución alemana). Y recuerdan que, según los art. 19,2 y 79 de la misma Constitución, la dignidad de la vida humana forma parte de los principios constitucionales no modificables.

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