Los nueve mandamientos de la basura

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Duración lectura: 1m. 23s.

Contrapunto

La bienintencionada preocupación por el medio ambiente está llevando en algunos sitios a una intransigencia moralista que impone un duro yugo al ciudadano. Se comprende que los austriacos se hayan soliviantado ante el decreto que entró en vigor el 1 de octubre y que obliga a dividir las basuras domésticas en ¡nueve bolsas diferentes! Ya no basta la “opción fundamental” de depositar la bolsa de basura en el contenedor. Tampoco se permite que cada ciudadano determine en conciencia el mejor modo de separar las basuras. Imponiendo a los demás sus propias convicciones, la ministra de Medio Ambiente obliga a dividir las basuras en: vidrio blanco, vidrio verde, papel y cartón, metal, plásticos livianos, tetra-brick, restos de comidas, metales con residuos químicos y basura de los restos (todo lo que no entre en lo anterior).

Este complicado decreto, cuyo cumplimiento obligaría a cursar un master en reciclado de basuras, ha provocado un lógico fenómeno de disenso. La Sociedad de Protección al Consumidor ha llamado a la desobediencia civil a la población frente a esta amenaza de fundamentalismo ecologista.

Pues no se trata de meras orientaciones dejadas al buen sentido de la madura ciudadanía austriaca. Con métodos inquisitoriales, el decreto prevé los controles de inspectores, que pueden imponer multas de hasta el equivalente de 400.000 pesetas, según dice la noticia (aunque quizá las multas se graduarán según que el pecado ecológico sea mortal o venial). Y es que, cuando se cree en posesión de la verdad, el Estado de nuestra época tolerante y pluralista no conoce la indulgencia.

Ignacio Aréchaga

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