Los misterios de la biodiversidad

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Duración lectura: 4m. 16s.

“Biodiversidad” es una palabra que hace furor desde la convención internacional firmada en la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992). Pero entre lo que suelen decir los titulares periodísticos y lo que sabe la ciencia hay un buen trecho. En la sede de la UNESCO en París se ha celebrado, del 5 al 9 de septiembre, un foro en el que los científicos han matizado algunos tópicos sobre la biodiversidad (Le Monde, 14-IX-94).

“Los científicos saben mejor el número de estrellas de la galaxia que el de especies en la tierra”, recuerda la obra editada con ocasión de esta asamblea de la Unión Internacional de Ciencias Biológicas (IUBS).

Sólo dos años después de que apareciera la palabra “biodiversidad” (1986) -una contracción de “diversidad biológica”-, los políticos pusieron en marcha la maquinaria diplomática para preparar la famosa convención firmada en la Conferencia de Río en 1992. Y hoy nos encontramos en una situación extraña, ya que la mayoría de los Estados han ratificado la convención, mientras que la comunidad científica todavía no se ha puesto de acuerdo sobre el concepto.

Por eso el foro organizado por la IUBS llegaba en el momento preciso para poner las cosas a punto. “Ningún concepto de la ciencia contemporánea es tan fundamental y al mismo tiempo más desconocido y controvertido que el de biodiversidad”, ha hecho constar de entrada el presidente de la IUBS, Francesco di Castri. (…)

Al firmar la convención de la “biodiversidad”, algunos han creído que se trataba sólo de hacer inventario del patrimonio natural, elaborando una lista de plantas o animales que hay que proteger. “Hay que abandonar el marco estático de la conservación de las especies -asegura Michel Chauvet, de la Oficina de Recursos Genéticos-. Todo evoluciona. Por tanto, hay que seguir los procesos”. Del mismo parecer es Vernon Heywood, profesor de taxonomía botánica de la Universidad Reading (Reino Unido) y responsable del programa de la ONU para la evaluación de la biodiversidad global. “Las cifras de especies desaparecidas no son más que teóricas y a fin de cuentas apenas tienen interés. Existen sobre todo especies amenazadas de desaparición, que se mantienen en muy pequeño número en minúsculos parajes”.

El taxonomista británico subraya que “el hombre no ha destruido los ecosistemas, sino que los ha cambiado”. Un peligro es (…) la fragmentación de los biotipos naturales de una especie, lo que puede provocar un empobrecimiento de las subespecies y, con el tiempo, ponerlas a merced del menor cambio climático o de una intervención humana aparentemente benigna. “La diversidad genética en el seno de una especie es la condición de su supervivencia a largo plazo”, agrega Robert Barbault, profesor de ecología de la Escuela Normal Superior.

Los biólogos reunidos por la UNESCO parecían disfrutar destruyendo algunos tópicos en materia de diversidad biológica. El profesor italiano Di Castri explicó que, al dedicarse a la agricultura, el hombre ha transformado el paisaje y ha provocado sin querer “una mayor diversificación genética y ecológica”. Este botánico ha hecho tabla rasa de la tesis conservacionista que sostiene que cada especie se encuentra naturalmente en su mejor nicho ecológico. Ha tomado como ejemplo el Pinus radiata, un pino confinado en otro tiempo en la región de Monterrey (California). Este árbol, más bien enclenque en su biotipo original, ha experimentado una eclosión al ser introducido bajo otros cielos, sobre todo en el hemisferio Sur. Hoy constituye una de las plantaciones forestales de alta productividad en Chile y en Nueva Zelanda, e incluso resulta avasallador en África del Sur.

(…) La veneración por los espacios “vírgenes” también debe ser matizada. “Incluso en la foresta amazónica hay pocas zonas donde no haya pisado el hombre”, afirma el profesor Heywood. Y es que los espacios naturales tienen también una historia (…). Se sabe que hace sólo ocho mil años el Sahara estaba cubierto de lagos y de praderas. Pero se olvida que la foresta amazónica actual se ha constituido en un periodo comprendido entre 13 mil y 9 mil años, a partir de una sabana salpicada de bosques secos. Igualmente, los lagos alpinos han sido recolonizados por la fauna hace doce mil años, después del paso de los glaciares. “Lo que explica la pobreza de su fauna, en comparación con la de lagos africanos como Victoria, Tanganika o Malawi, donde centenares de especies endémicas han podido evolucionar sin interrupción durante milenios”

La diversidad biológica es, pues, una noción en movimiento, evolutiva, que no cesa de modificarse espontáneamente a lo largo de los siglos y, desde luego, también con intervención del hombre. (…) Sólo cuando la dinámica de los ecosistemas se haya convertido en una ciencia menos balbuciente, los políticos podrán tomar decisiones que no supongan pasos en falso.

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