Los agricultores africanos, amenazados por especies animales protegidas

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Duración lectura: 2m. 23s.

Los agricultores africanos, amenazados por especies animales protegidas
Los elefantes descontrolados causan grandes destrozos en los cultivos

En África, el cazador furtivo ya no es la principal amenaza de las especies animales protegidas y preciadas por su piel o sus colmillos. Ahora son los agricultores los que, para defender sus tierras de cultivo, están actuando drásticamente por su cuenta, en especial contra los elefantes descontrolados. Ante la nueva pugna, de la que informa Newsweek (18-IX-95), también han surgido soluciones que permiten la superviviencia de las especies animales y evitan los destrozos de las tierras cultivadas.

Multitud de cosechas han quedado inservibles a causa de los elefantes en libertad. En 1993, por ejemplo, el 40% de los cultivos de la región de Kaele (norte de Camerún) fueron inutilizados por las incursiones de 400 elefantes del inmenso Parque Nacional de Waza, que también costaron la vida a cuatro personas. Desde hace años, los intentos de contener a la manada no han sido eficaces, y la indemnización prometida por el gobierno no llega a manos de los agricultores. No es extraño que los campesinos actúen por cuenta propia.

En Ghana, hace seis años fueron sacados de sus reservas más de un centenar de elefantes, con el permiso del gobierno. Y anualmente destruyen la mitad de los cultivos de subsistencia de miles de campesinos de la zona. En Kenia, la prohición del comercio de marfil ha logrado casi erradicar las muertes de elefantes por cazadores furtivos. Pero han aumentado considerablemente las muertes de personas aplastadas por elefantes (nueve muertos en 1990, y 50 en 1994); además, se pierden anualmente millones de dólares en cosechas desbaratadas por estos animales.

Estas circunstancias se repiten en toda África y en otros continentes. Por eso Holly Dublin, representante en Nairobi del Fondo Mundial de la Naturaleza dice que “el conflicto hombre-animal ha reemplazado al de la caza furtiva como la cuestión principal para la conservación en África”.

Una solución a este tipo de conflictos consiste en aprovechar las especies salvajes para fomentar el turismo. Es lo que hace una agencia de protección del medio ambiente en el norte de Namibia: los habitantes de la zona se comprometen a no dañar a los elefantes y a cambio reciben dinero. Aprovechando el turismo, los nativos han organizado también talleres de artesanía.

Las organizaciones ecologistas más radicales -como la Agencia de Investigación del Medio Ambiente (EIA), de Londres- opinan que estas soluciones no bastan para preservar las especies y que el único método eficaz es prohibir cualquier comercio de productos derivados de los animales. Por su parte, algunos gobiernos han planteado reducir de modo controlado el tamaño de las manadas, vender el marfil de los ejemplares muertos y crear fondos para programas de conservación de la naturaleza.

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