Lo que el embrión puede decirnos

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En España, las declaraciones de la ministra de Igualdad en las que afirmaba que no se puede decir que el feto sea una vida humana porque esta es un concepto “basado en ideas o creencias filosóficas, morales, sociales y, en definitiva, sometida a opiniones o preferencias personales”, ha levantado una polvareda de críticas y réplicas. Las recientes investigaciones en embriología coinciden en señalar que el feto es ya un ser humano. Esta primera etapa del desarrollo está recibiendo cada vez más atención por parte de la comunidad científica, según explica un artículo divulgativo en el semanario Time (4-10-2010).

El artículo recoge los resultados de varios estudios sobre el comportamiento del feto en el vientre materno. Estos estudios analizan el papel que cumplen los meses de gestación en la formación de la persona, tanto en su aspecto físico como en su psicología. Sus conclusiones están llevando a la comunidad científica a valorar cada vez más esta primera fase del desarrollo humano.

Pese a que desde algunas instancias se insiste en presentar a una comunidad científica dividida en lo referente a la humanidad del feto, los últimos avances en embriología señalan que muchos de los rasgos del futuro adulto -la fortaleza o debilidad de su sistema inmunitario, su mayor o menor propensión a las afecciones cardiacas e incluso rasgos de carácter- se modelan en gran medida durante los primeros meses de gestación.

Que determinadas actitudes o actividades de la madre embarazada tienen una influencia directa sobre el no-nacido debe ser considerado ya -según el artículo- como una aseveración científica, y no una mera leyenda popular. Durante el embarazo, y ya desde los primeros meses, el feto tiene un comportamiento activo y es capaz de percibir, por ejemplo, si el entorno de su madre es tranquilo o tenso, lo que influirá en la conformación de su propio temperamento.

El artículo recoge también estudios particulares sobre la influencia de la contaminación en el aire que respira la madre, la relación entre la obesidad de la madre y la del hijo, o el vínculo que se observa entre una mala nutrición de la madre durante el embarazo y la mayor posibilidad de que el hijo sufra patologías cardiacas.

“Este tipo de investigaciones-comenta en Time Catherine Monk, profesora de psiquiatría de la Universidad de Columbia- nos están haciendo retrasar el punto de comienzo a la hora de determinar cuándo nos convertimos en lo que somos”.

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