La oposición católica fue decisiva para frenar la eugenesia de comienzos de siglo

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La revista científica Annals of Internal Medicine (15 febrero 2000) publica un estudio de la Universidad de Yale que compara el movimiento eugenésico de Estados Unidos y Alemania en la primera mitad del siglo XX. El estudio afirma que la labor de la Iglesia católica fue uno de los factores determinantes para frenar las esterilizaciones en los dos países.

Los autores del estudio, André N. Sofair y Lauris C. Kaldjian, sitúan la aparición del movimiento eugenésico en las teorías del biólogo británico Francis Galton, en 1883, y en la aplicación de las teorías darwinistas al género humano -el darwinismo social-. Esto, junto con la creencia por parte de muchos médicos y antropólogos de que la medicina sería el motor del progreso social, desembocó en la reducción mental de los problemas sanitarios y sociales a simples síntomas de degeneración hereditaria.

El estudio explica que en Alemania, después de la I Guerra Mundial, estas ideas encontraron un buen caldo de cultivo debido a los problemas planteados por el elevado gasto sanitario que suponía mantener a los veteranos de guerra, la pérdida de muchos jóvenes en el frente y la reducción de la natalidad entre las clases sociales mejor situadas.

Tras el ascenso de Hitler al poder, el partido nazi se hizo con el control de las organizaciones médicas y dictaminó que los estudiantes de Medicina aprendieran prácticas eugenésicas. Después de cinco meses de gobierno, la esterilización forzosa se impuso por ley a las personas con enfermedades hereditarias. Desde 1933 a 1939 se esterilizó a unas 375.000 personas, de las cuales solo el 37% dieron su consentimiento; en los demás casos, o lo dieron terceras personas o hubo oposición expresa.

La Iglesia católica de Alemania adoptó una dura crítica contra esa ley. Para evitar conflictos, el partido nazi decretó que ningún juez católico presidiera los tribunales donde se juzgaban asuntos relacionados con la eugenesia; que los cirujanos católicos no realizaran estas operaciones y que los enfermos mentales católicos quedaran exentos de la esterilización si se les internaba en un centro a expensas de su familia o de la Iglesia.

A partir de septiembre de 1939, se pasó a la eutanasia forzosa. Según Karl Brandt, médico personal de Hitler, la eutanasia para eliminar a niños enfermos fue el desarrollo natural de la ley de esterilizaciones de 1933, según testificó en los juicios de Nuremberg. Esta vez se practicó de forma más o menos encubierta, aunque, de nuevo, la fuerte oposición de protestantes y católicos consiguió que se dejara de practicar en 1941, después de haber producido 70.253 víctimas.

Los autores advierten motivaciones comunes entre la eugenesia que triunfó en Alemania y la de Estados Unidos. Ambos países creían que la ciencia podría resolver los problemas sociales reduciendo la procreación de los “no aptos”; que se ahorrarían mucho dinero eliminando a los enfermos; que los enfermos mentales eran una amenaza suficiente para justificar la esterilización; y que ciertas razas son superiores a otras.

La primera ley eugenésica de Estados Unidos se aprobó en 1907, en Indiana. En 1926 ya tenían leyes basadas en motivos eugenésicos veintitrés Estados, de los cuales dieciocho impusieron la esterilización forzosa a determinados enfermos mentales y delincuentes. Así, en 1944, los treinta Estados que habían aprobado leyes eugenésicas esterilizaron con fondos públicos a 40.000 personas.

La mayoría de las leyes estatales acabaron en los tribunales. Muchas se declararon inconstitucionales, pero en algún caso los jueces defendieron el derecho del Estado a controlar la procreación de personas con enfermedades hereditarias.

A pesar de los juicios, la creciente oposición social y las noticias que llegaban de Alemania, las esterilizaciones financiadas por el gobierno continuaron hasta 1963, y afectaron a otras 22.000 personas.

“En los Estados Unidos -concluye el artículo- una mezcla de malestar público, demandas judiciales y análisis crítico por parte de la profesión médica acabó reduciendo la fuerza del movimiento eugenésico”. También hace notar que “el clero y los laicos católicos fueron en muchas ocasiones la oposición más fuerte a la legislación de esterilización eugenésica, sobre todo después de que el Papa Pío XI la condenara en la encíclica Casti connubii, en 1930”. Por otra parte, la distinta evolución de los programas eugenésicos en Estados Unidos y en Alemania entre 1930 y 1945 “testifica la fuerza y el potencial autocorrector de la democracia”.

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