La incertidumbre de las predicciones climáticas

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“La temperatura media de la Tierra subirá 2-2,5 grados durante el siglo XXI”, oímos de los expertos. Pero ¿cómo se llega a tales conclusiones? Un periodista especializado en ecología explica lo complejas de elaborar que son las previsiones sobre el cambio climático, y por qué tienen todavía un considerable margen de incertidumbre.

A cinco semanas de la Cumbre de Copenhague y con el tiempo justo para preparar compromisos económicos, se reaviva el debate sobre el calentamiento de la Tierra. Mientras unos científicos rechazan que la estabilización inesperada de las temperaturas durante el último año (cfr. Aceprensa 29-09-2009) rompa la tendencia del cambio climático, otros han encontrado ahí un salvavidas inesperado para defenderse de los informes alarmantes de Naciones Unidas. Los dos grupos coinciden en un mismo punto: la realidad es compleja y los modelos de predicción que se utilizan -y que resultaron incapaces de detectar el último descenso- son imperfectos.

En un artículo publicado en The Wall Street Journal, Jeffrey Ball, director de las páginas de medio ambiente desde hace una década, pone el dedo en la llaga: la ciencia del clima se encuentra en plena evolución y los modelos predictivos tienen mucho que mejorar, a pesar de que desde el punto de vista tecnológico sean “auténticas maravillas”, afirma. Los modelos actuales realizan previsiones de temperatura a partir de “docenas de ecuaciones que reflejan cómo se mueven los gases y los líquidos sobre el planeta”, a las que se les añade la influencia de más factores, como las corrientes oceánicas, la salinidad, la luz solar, las nubes y la lluvia. En su opinión, la calidad de los modelos depende totalmente de los datos que se le aportan y éstos están todavía llenos de “incertidumbres”, en el caso de la temperatura de los océanos por una simple cuestión: la extensión de agua es inabarcable.

Frente a los que defienden la intervención humana como principal causa del calentamiento, Ball aporta diversos testimonios científicos sobre la influencia de elementos naturales en el proceso. Por ejemplo, el fenómeno atmosférico El Niño provocó una subida récord en la temperatura del océano en 1998. Y en sentido inverso, también el agua de los mares contrarrestó el efecto invernadero e hizo descender la temperatura global solo un año después de que Naciones Unidas publicara su alarmante informe, según defiende un grupo de investigadores alemanes.

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