La experiencia de siete años de eutanasia en Bélgica

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Bélgica aprobó una ley de eutanasia en 2002, llevada por el ejemplo del país vecino, Holanda. En ambos países el proceso fue polémico por la firme oposición de algunas autoridades sanitarias, religiosas y políticas; en los dos casos la ley salió adelante con la oposición de los democristianos. Siete años son un tiempo razonable para valorar la aplicación de una ley. Recientemente ha realizado ese estudio el catedrático de la Universidad de Hull (Reino Unido) Raphael Cohen-Almagor en un documentado trabajo publicado en la revista Issues in Law & Medicine.

El detallado repaso a los antecedentes históricos y desarrollos normativos, así como a los abusos frecuentes que se han verificado en este tiempo justifica la principal propuesta del Prof. Cohen: frente a quienes piensan que la eutanasia en Bélgica es un asunto ya superado y perfectamente integrado en las prácticas médicas del país, sostiene que es mucho lo que queda por hacer para que la aplicación de la ley no sea fraudulenta. “El gobierno quiere retirar el asunto de la agenda política. Parece pensar que ya han cumplido su trabajo, cuando en la práctica éste no ha hecho más que empezar”.

Fácil recurso a la sedación terminal

La aplicación del recurso a la sedación terminal, como variante presuntamente legal del suicidio asistido, parece generalizarse en el país del Benelux. Uno de los doctores entrevistados por Cohen estima que en Flandes, la región belga de habla alemana, un 8% de las muertes son provocadas por el fácil recurso a la sedación terminal. Se convierte así, según otro de los doctores citados, en la causa más frecuente de muerte en las unidades de cuidados intensivos.

Parece razonable que se busquen garantías legales que contribuyan a evitar posibles fraudes como los que se intuyen tras los datos anteriores. Entre otras, Cohen propone las siguientes medidas: historial detallado de diagnósticos y pronósticos, tratamientos desarrollados, informes psicológicos de que el paciente no sufre depresión, consentimiento informado del paciente y de sus seres queridos, documentación de las conversaciones entre médico y paciente, informes de los cuidados paliativos ofertados al paciente, mecanismos de monitorización del período de enfermedad, etc. Puede parecer una historia clínica demasiado abultada, pero está en juego el punto final de una vida humana.

Obviamente la formación del médico y el respeto a los códigos deontológicos básicos de la profesión son requisitos inexcusables; “el reto de los médicos, explica Cohen, consiste en usar apropiadamente su influencia sobre los pacientes”. En efecto, “los médicos tienen que ser conscientes del enorme papel que su consejo puede tener sobre el tratamiento elegido por sus pacientes”.

En la actualidad, a pesar de quienes prefieren silenciar el debate, se discute en Bélgica acerca de la extensión de la eutanasia a niños y adultos con daños cerebrales, como el cáncer o la demencia. Asumir que la vida de las personas disminuidas no merece la pena ser vivida es el paso siguiente por la pendiente resbaladiza de la eutanasia. Sobre esta última cuestión observa Cohen: “Es responsabilidad de los gobiernos democráticos defender los intereses de los más vulnerables. Espero que el parlamento belga invierta tiempo y realice una meditada reflexión sobre este asunto antes de llegar a conclusiones precipitadas”.

  • Artículo íntegro: “Euthanasia Policy and Practice in Belgium: Critical Observations and Suggestions for Improvement”, disponible en pdf.
  • Véase también Seducidos por muerte, la investigación del Prof. Herbert Hendin sobre los siete años de eutanasia en Holanda.
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