La energía nuclear se viste de verde

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Duración lectura: 3m. 12s.

Desde los accidentes en las centrales de Three Mile Island (Pensilvania, 1979) y Chernobil (Ucrania, 1986), la tónica general que se impuso en Estados Unidos y en Europa fue, durante tres décadas, la de abandonar el recurso a la energía nuclear. Ahora, sin embargo, la preocupación por el cambio climático y la carrera alcista del precio del petróleo y del gas natural han reabierto el debate.

Estados Unidos dio el primer paso cuando la administración Bush anunció, a comienzos de su mandato, que en los planes energéticos se incluía relanzar la energía nuclear (ver Aceprensa 81/01). El país cuenta con 104 centrales, que proporcionan la quinta parte de la electricidad, pero no se ha proyectado ninguna nueva desde 1978. En 2005, el Congreso aprobó la Ley de política energética, que incluye importantes incentivos para la energía nuclear. Además, desde mayo de 2004, un consorcio de ocho empresas -entre las que se encuentran las dos operadoras nucleares más importantes del país- pugna por obtener una licencia para construir una nueva central.

En el Reino Unido, el pasado 29 de noviembre, con motivo de su intervención en la conferencia anual de la patronal británica, Tony Blair rompió el tabú y sacó a debate el problema del recurso a la energía nuclear. El carbón es demasiado contaminante y las reservas de gas se acaban. Además, entre 2015 y 2023, las 14 centrales nucleares deberán cerrar. El debate se centra en si hay que sustituir la actual energía nuclear con nuevas centrales o a través de energías renovables (éolica, solar, biomasa).

En Finlandia se ha empezado a construir un potente reactor nuclear de 1.600 megavatios en la isla de Olkiluoto. Es el primero que se levanta en Europa después de 15 años. El Parlamento finlandés dio luz verde al proyecto en 2002, tras un ajustado debate que se resolvió con 107 votos a favor y 92 en contra. En otros países como Suiza, República Checa, Hungría y Eslovaquia, los gobiernos respectivos también han mostrado un interés creciente por la energía nuclear.

En Asia, China -hambrienta de energía- es el principal candidato para construir más centrales nucleares, Actualmente, el 76% de la electricidad la obtiene del carbón, con lo que agrava el efecto invernadero. En cambio, solo el 1% de su energía es de origen nuclear.

Lo novedoso del debate actual que se ha abierto en Estados Unidos y en Europa, es que los partidarios de la energía nuclear abanderan ahora argumentos medioambientales. Aducen que esta fuente de energía no produce gases de efecto invernadero, por lo que ayuda a cumplir las metas fijadas por el Protocolo de Kioto. Además, añaden, la tecnología actual ya es avanzada y permite crear nuevas centrales más seguras.

Durante los últimos años, algunas personalidades del ecologismo como James Lovelock, Steward Brand o Patrick Moore se han unido a la causa. Piden a sus colegas que participen de un debate serio, en lugar de aferrarse sin más al “imperativo antinuclear”. En el lado opuesto, sus detractores insisten en que la energía nuclear no es la panacea. Los problemas del almacenamiento de residuos y de la proliferación nuclear, persisten.

Oras Tynkkynen -uno de los diputados del Partido Verde que se opuso a la construcción del reactor en Finlandia- cree que el argumento del cambio climático es muy endeble, puesto que la energía nuclear no termina de resolver el problema. Asimismo, considera que el recurso al átomo es una salida fácil para los gobiernos que no quieren invertir en las energías renovables. La energía nuclear “nos hace la vida agradable durante diez años, pero a largo plazo es problemática”, declaró a “International Herald Tribune” (13-12-2005).