La discutida figura de Peter Singer

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Duración lectura: 4m. 57s.

Ha provocado gran revuelo en Estados Unidos la decisión, tomada por la Universidad de Princeton, de contratar como catedrático de bioética al filósofo australiano Peter Singer, conocido por sus posturas sobre los derechos de los animales y el valor de la vida humana (ver servicio 96/98). Con este motivo, Sylvia Nasar hace una semblanza de Singer y recoge los argumentos de partidarios y críticos (New York Times, 10-IV-99).

(…) Singer defiende, en determinadas circunstancias, la eutanasia no sólo de adultos enfermos en fase terminal, sino también de recién nacidos con deficiencias graves. Singer rechaza los absolutos de la moral tradicional en los que se basan la ley americana y la tradición judeo-cristiana (…). En muchos aspectos, la controversia en torno a este profesor de 52 años no es sólo sobre el nombramiento para una cátedra; refleja también las hondas divergencias y la aún más honda inquietud que rodean a muchas decisiones morales que a diario se toman en los hospitales.

Pese a sus incendiarias ideas, Singer no es un personaje fácil de clasificar. “El hombre más peligroso del mundo en la actualidad”, como le calificó un activista en favor de los minusválidos, es titulado por la Universidad de Oxford, puede exhibir un prestigioso elenco de publicaciones académicas y divulgativas, y tiene en su haber una lista de buenas acciones: fundó la Asociación Internacional de Bioética; dirige el Proyecto de los Grandes Simios, en favor del respeto a chimpancés y gorilas, y dona la quinta parte de sus ingresos a la lucha contra el hambre. Singer, padre de tres hijos, no ocupará su nuevo puesto en Princeton hasta el otoño próximo.

(…) Aun los más duros críticos de Singer (…) reconocen la solidez de sus credenciales académicas. Lo que más les preocupa es precisamente que Singer es a la vez prestigioso y buen divulgador. (…) Singer tiene por norma no usar eufemismos como “muerte digna” o “ayudar a morir”. Helga Kuhse, coautora con él de varios libros en torno a la vida y a la muerte, dice: “El mayor ‘delito’ de Peter, y el mío es que no maquillamos las cuestiones ni les quitamos las aristas”.

Para Singer, como buen utilitarista, la moralidad de un acto depende sobre todo de las consecuencias, más que de su rectitud intrínseca. (…) Muchas de las cosas de las que habla Singer suenan a aplicaciones de la regla de oro. Insiste en que estamos obligados a aliviar el sufrimiento de los demás, sin distinción de raza, sexo, nacionalidad o incluso especie. (…) Lo que ha encendido la polémica es la aplicación de sus principios al comienzo y al final de la vida (…). Su ética se interesa por la calidad de vida, que para él se basa en la racionalidad, la autoconciencia y la empatía, no por el carácter sagrado de la vida.

Por tanto, Singer autorizaría a padres y médicos a matar a recién nacidos con deficiencias graves (…). Para él (…), “los niños recién nacidos son seres sensitivos, sin racionalidad ni autoconciencia. Por tanto, si los consideramos en sí mismos, con independencia de las actitudes de sus padres, puesto que su especie es irrelevante para definir su estatuto moral, se debe aplicar a su caso los mismos principios sobre la moralidad de matar animales no humanos capaces de sentir pero no racionales ni autoconscientes”.

Singer matiza un poco. Por ejemplo, algunos críticos le replican que habría aprobado que se matara a Helen Keller o a Franklin D. Roosevelt; pero Singer aclara que matar a un minusválido que quiere vivir nunca estaría justificado, y que, en el caso de niños u otras personas incapaces de expresar su voluntad, la decisión ha de dejarse en manos de los padres y los médicos, no del Estado.

(…) Los críticos ven las cosas de otra manera. “Las tesis de Singer equivalen en la práctica a una incitación al asesinato”, dice [David] Oderberg [de la Universidad de Reading (Inglaterra), antiguo discípulo de Singer]. Otros advierten que, si se da por válido matar a una persona, de la manera que sea, la sociedad entra en una pendiente resbaladiza: si concluimos que la vida de ciertas personas es demasiado miserable y desesperada para que merezca la pena vivir, ¿no devaluamos la vida de todas? (…)

Peter Singer ha ganado pocos conversos, particularmente en lo que se refiere a los recién nacidos. No obstante, aun los escépticos le reconocen el mérito de aclarar los términos de cuestiones que muchas veces se han tratado con poco rigor. (…)

[En 1973, Singer] publicó un artículo, Animal Liberation, más tarde ampliado y transformado en el libro del mismo título, del que se han vendido cientos de miles de ejemplares. En el artículo sostenía que el “especismo” -dar por supuesto que los seres humanos son superiores a los de otras especies- estaba tan desfasado como el racismo, y que utilizar animales para alimentación o experimentación era tan malo como la esclavitud.

(…) Singer pregunta: “Cuando se trata de individuos, ¿debemos dar más importancia a la especie a que pertenece, o a las características de ese ser, como la racionalidad, la autoconciencia, la capacidad de razonamiento moral o la empatía?”.

[La autora señala que Singer es discutido, sobre todo, en los países de lengua alemana, y añade:] En Estados Unidos, la reacción ha sido, en general, más silenciosa, aunque ha habido un chaparrón de manifestaciones y cartas de protesta, y de indignados comentarios en la prensa. Los activistas pro-vida han prometido boicotear sus clases y han pedido a la universidad que prescinda de Singer. El presidente de Princeton, Harold Shapiro, ha defendido el nombramiento, y la universidad no piensa revocar la oferta.

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