La congelación de embriones podría tener riesgos

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Duración lectura: 1m. 30s.

La técnica de la congelación y descongelación de embriones -que comenzó a principios de los ochenta con diversos mamíferos- se empezó a aplicar pronto, en 1984, a embriones humanos, al comprobarse que no aparecían anomalías cromosómicas u orgánicas mayores. Hoy es muy usada en el contexto de la fecundación artificial. No obstante, dos equipos de científicos acaban de observar ciertos efectos de la congelación en ratones, que también podrían verificarse en personas.

El estudio ha sido publicado en la revista Proceedings (17-I-95) de la Academia Americana de Ciencias y compara dos grupos de ratones: extraídos todos los embriones de hembras fecundadas, algunos fueron congelados en nitrógeno líquido y luego descongelados para ser de nuevo implantados en otra hembra, mientras que otros se implan-taron directamente tras la extracción.

Los resultados -calculados en función del sexo y de la línea genética- muestran diferencias moderadas entre las mandíbulas de los congelados y los no congelados. También aparecen diferencias en las pruebas de desarrollo neuro-sensorial: los congelados son menos capaces. Aunque los ratones de los dos grupos viven el mismo tiempo, los investigadores han encontrado que en la senectud, los congelados tienen un aumento de peso inexplicable.

Los responsables del estudio (de la Facultad de Medicina del Kremlin-Bicêtre y de la Universidad de París V-René Descartes) piensan que es probable que estos efectos se produzcan en el hombre, pero que no sean observables a consecuencia del polimorfismo genético. En cualquier caso, en el estado actual de los conocimientos no son partidarios de prohibir la congelación de embriones humanos. Pero advierten que habría que ser “más cautos” ante algunas prácticas de cultivo in vitro de embriones o de congelación.