Izquierdistas pro-vida

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Duración lectura: 4m. 40s.

Se ha creado un estereotipo según el cual estar a favor del aborto es lo propio de una postura izquierdista. Nat Hentoff, colaborador habitual del Washington Post y de The Village Voice de Nueva York, cita su propio caso como ejemplo de lo contrario (The Human Life Review, Nueva York, invierno 1993).

(…) Hace casi diez años me declaré pro-vida: un pro-vida judío, ateo, defensor de las libertades civiles, de izquierdas. Inmediatamente, tres compañeras de The Village Voice, de Nueva York, dejaron de hablarme. No mucho tiempo después me invitaron a hablar de esta llamativa herejía en el Nazareth College de Rochester (una institución laica desde hace muchos años). Dos semanas antes de la fecha prevista, suspendieron la conferencia. Las mujeres que formaban parte del comité de conferencias -me dijo, avergonzado, el profesor que me había invitado- habían llegado a la conclusión de que no era conveniente para los estudiantes oír cierta clase de discursos, y el mío era de esa clase. Sin embargo, también me dijo que podría ir al año siguiente a hablar de un tema distinto. Incluso a aquellas mujeres les gustaría mucho que hablara de una de mis especialidades: la censura en los Estados Unidos. Así que fui y tuve el gusto de hablar sobre la censura en Nazareth College.

En The Village Voice me dijeron que algunos de mis colegas de la sección de opinión se preguntaban cuándo me había convertido al catolicismo: era la única explicación que encontraban a mi apostasía. (Una vez, recibí una nota de una mujer que trabajaba en la sección de anuncios por palabras. También ella era pro-vida, pero me pedía que le guardara el secreto. Si los demás se enterasen, le harían la vida imposible).

Para otros, yo era un bicho raro. Me pidieron entrevistas en la radio pública nacional y en varios programas de televisión (…). Después empecé a recibir cartas procedentes de todas las partes del país, en las que hombres, mujeres y jóvenes me decían que hasta entonces habían creído ser los únicos pro-vida en la oficina, en la escuela o incluso en casa. Para ellos había sido una sorpresa descubrir que había alguien que estaba contra la pena de muerte, contra Reagan y Bush, y a la vez consternado por la matanza de seres humanos no nacidos -1,6 millones al año-. (…)

Después de esto me sentí menos solo. Con el tiempo fui encontrando otros herejes. Por ejemplo, las valientes, ingeniosas y muy inteligentes Feministas Pro-Vida de América. Están repartidas por todos el país, y tienen delegaciones en 35 Estados. Muchas de ellas proceden del movimiento en favor de los derechos civiles y del movimiento pacifista, y ahora se esfuerzan también por impedir que se aplique la pena de muerte, cosa que han logrado en Minnesota. Pero no salen apenas en la prensa. Cuando los periodistas buscan gente pro-vida que entrevistar, suelen acudir a viejos de aspecto macilento (…) o mujeres que ostenten crucifijos.

Por otra parte, no todos los estereotipos carecen de ejemplos reales. En mi calidad de provida exótico, me invitaron a hablar ante un congreso pro-vida (…). Les dije que, como personas en favor de la vida, deberían oponerse a la pena de muerte y a la política del presidente republicano, que, al fomentar la pobreza, resultaba en menoscabo de la vida. Subrayé que Ronald Reagan había recortado el presupuesto del programa WIC, que da subsidios para la alimentación de mujeres y niños necesitados. Él y los que le apoyan, dije, justifican la opinión del diputado Barney Frank: “Los contrarios al aborto son provida sólo hasta el momento del nacimiento”. La multitud respondió con abucheos, gritos y pataleos. (…)

A menudo recibo cartas de creyentes pro-vida que me dicen que es imposible ser ateo y pro-vida a la vez. Algunos de los líderes abortistas con los que he sostenido debates están convencidos de lo mismo. Ningún ateo serio, ningún judío ateo, ningún ateo de izquierdas puede querer (…) esclavizar a las mujeres.

Pero carecer de fe religiosa no es el menor obstáculo para ser pro-vida. Como señala cualquier manual de obstetricia (por ejemplo, el Williams Obstetrics), son dos los pacientes involucrados en el asunto, y al que no ha nacido “el médico debe prestar el mismo cuidado solícito que se ha dado siempre a la mujer embarazada”. Tampoco desde el punto de vista biológico tiene sentido trazar una línea divisoria en la viabilidad [del feto]. (…) Da igual que esa vida se elimine en la cuarta semana o en la decimocuarta; la víctima es un miembro de nuestra especie, y lo ha sido desde el principio.

Pero los argumentos racionales como éste son recibidos con implacable hostilidad por parte de izquierdistas por lo demás coherentes. Mary Meehan, veterana del movimiento pacifista, intentó pinchar este globo de la ortodoxia izquierdista en un artículo publicado en The Progressive en 1980: “(…) Es impropio de la sensibilidad de izquierdas olvidar a los débiles y desamparados. La característica tradicional de la izquierda ha sido su protección a los desvalidos, los débiles y los pobres… El niño no nacido es el ser humano más desvalido, aún más necesitado de protección que el campesino pobre que no es dueño de la tierra que cultiva o el enfermo mental”.

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