Irlanda: la muerte de una mujer embarazada reabre el debate sobre el aborto

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Duración lectura: 5m. 9s.

(Actualizado el 20-11-2012)

En Irlanda, la muerte por septicemia y E.coli ESBL de Savita Halappanavar –una dentista india de 31 años, embarazada de 17 semanas, a la que se le negó el aborto– ha llevado a algunos medios británicos e irlandeses a exigir al gobierno que reforme sin demora la ley del aborto de ese país. La suma de mujer embarazada muerta, aborto no realizado y catolicismo, en un país donde desde hace años se presiona para cambiar la ley, se trasforma fácilmente en una campaña. Pero por el momento no se sabe si el embarazo estaba en el origen de la enfermedad ni si el aborto hubiera salvado la vida de la madre. Dos comisiones investigan si los médicos cumplieron la legislación actual, que solo permite el aborto si la vida de la mujer corre “grave y sustancial peligro”.

En The Independent, el columnista irlandés David Quinn reprocha a esos medios que no hayan esperado a saber las conclusiones de las comisiones y que se lancen a hacer juicios cuando todavía no se conocen bien los hechos.

Dos comisiones examinan los hechos, y aún no se sabe si con el aborto se habría salvado la mujer

Nada tiene de extraño que el periódico británico The Guardian, conocido por su postura abiertamente abortista, haya aprovechado el caso de Halappanavar para arrimar el ascua a su sardina. Desde el titular, el diario sostiene que Irlanda debe eliminar restricciones al aborto: “Ireland ‘should change abortion law’ after woman’s death”.

Más chocante es –dice Quinn– que diarios cercanos a la postura provida, como el Daily Telegraph, den por sentado en sus crónicas que Halappanavar murió porque los médicos se negaron a practicarle un aborto. Y, en concreto, porque Irlanda es un país católico.

En realidad, de los hechos que hasta ahora se conocen no se pueden desprender semejantes conclusiones. Savita Halappanavar acude con dolores de espalda al Hospital Universitario de Galway el domingo 21 de octubre. Ese día los médicos le dicen que el bebé no podrá sobrevivir. El lunes, la madre pide que le provoquen el aborto. Pero el médico se niega “porque el corazón del feto está latiendo”.

El martes y el miércoles por la mañana se repite en vano la discusión. El miércoles a mediodía el bebé muere de forma natural, y entonces los médicos proceden a un parto forzado. Halappanavar empeora ese mismo día y es ingresada con dolores muy agudos en la unidad de cuidados intensivos, donde finalmente muere el domingo 28. La autopsia concluye que murió por septicemia y por E.coli ESBL.

Irlanda tiene una de las tasas de mortalidad materna más bajas del mundo, muy por debajo de Gran Bretaña donde el aborto es a petición.

Mortalidad materna y aborto

Los pro-choice están utilizando la muerte de Halappanavar para exigir al gobierno que liberalice el aborto. Pero lo que Quinn plantea en su artículo es que, si realmente el aborto era necesario para salvar la vida de la madre, nada impedía a los médicos que lo hubieran practicado, según la ley actual permite.

Añade Quinn que muchos medios se han apresurado a decir que la mujer “murió porque los médicos se negaron a practicarle un aborto”, y que lo hicieron por sus convicciones católicas. Pero lo cierto es que, hoy por hoy, no sabemos a ciencia cierta si Halappanavar hubiera salvado la vida si se le hubiera practicado el aborto. Esto es lo que ahora tendrá que esclarecer la investigación emprendida por el propio hospital y la ordenada por el ministro de Sanidad, James Reilley, el cual ha declarado que no existen pruebas de que el aborto fuese negado por motivos religiosos.

La muerte de Halappanavar ha provocado que unos 10.000 manifestantes se congregaran este sábado en Dublín para reclamar una nueva legislación sobre el aborto. También en Galway, donde vivía la joven, se manifestaron con velas cerca de un centenar de personas. El embajador indio en Irlanda, Debashish Chakravarti, ha echado más leña al fuego al declarar que Halappanavar quizá hoy estaría viva de haber sido atendida en un hospital indio.

A la vista de estas concentraciones, se podría pensar que Irlanda tiene problemas con las muertes maternas a consecuencia de su legislación restrictiva del aborto. Pero la realidad es que este país tiene una de las tasas de mortalidad materna más bajas del mundo, muy por debajo de Gran Bretaña donde el aborto es a petición.

Si se comparan los datos de Irlanda desde que entró en vigor en 1968 la ley del aborto con los de Inglaterra, Gales y Escocia, se aprecia que mientras en la república irlandesa mueren menos de 3 madres por cada 100.000 nacimientos (partiendo de 26 muertes en 1968), en Inglaterra y Gales la cifra sobrepasa las 8 muertes y en Escocia las 10. Inglaterra, Gales y Escocia apenas han visto modificadas sus cifras desde 1984 (cfr. Aceprensa, 30-01-2012).

Como recuerda David Quinn, la mortalidad materna también puede estar vinculada al aborto legal. El año pasado, una mujer irlandesa casi muere al practicarle un aborto un médico en el Reino Unido. Y no fue precisamente un aborto clandestino, sino que contó con todas las garantías sanitarias y legales presumibles en una clínica de la organización Marie Stopes. Es curioso, concluye Quinn, que esta noticia apenas tuvo cobertura en Irlanda.

En una nota publicada el lunes 19 de noviembre, los obispos de Irlanda aclaran que la Iglesia católica nunca ha enseñado que la vida del no nacido deba ser preferida a la de la madre; ambas son sagradas y merecen igual protección. De ahí que sean éticamente lícitas –explican– las intervenciones médicas necesarias para salvar la vida de una mujer embarazada cuando la vida de ella corre peligro, aunque puedan causar, indirectamente, la muerte del niño no nacido. También recuerdan que la ley irlandesa autoriza este tipo de intervenciones.