Ignorancia deliberada

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Duración lectura: 2m. 52s.

El biólogo francés Jacques Testart es célebre por haber abandonado, por razones éticas, las técnicas de fecundación artificial, en las que fue pionero en su país. En un artículo publicado en L’Express (10-VIII-95) comenta algunos interrogantes aún no respondidos por los investigadores de la reproducción humana.

Hay montones de cosas que ignoramos en materia de reproducción humana. Pero es una disciplina que no se preocupa realmente por sus ignorancias. A muchos médicos les basta saber que se puede obtener un 15% de éxito en una manipulación para manifestar su destreza y anunciar que dominan el problema. Ahora bien, no se sabe por qué tenemos un 15% de éxito, y no un 70%. El obstáculo con el que tropezamos hoy no es ya el lazo causal entre tal molécula y un fenómeno que depende de ella. Es más bien la complejidad de relaciones que unen el conjunto de las moléculas en el organismo viviente.

De hecho, no comprendemos nada sobre nada, disponemos de informaciones parciales sobre fenómenos biológicos que conseguimos utilizar en procedimientos que aportan soluciones a las parejas con dificultades para tener hijos. Pero en ningún caso debemos considerar esto como una victoria frente a la ignorancia. Hay fracasos y éxitos inexplicados. (…)

Ante los pacientes, los médicos se conforman con su ignorancia -y con el 85% de sus fracasos- y les explican que saben, que dominan la situación, ¡pero que hay casos desfavorables! Eso queda mucho mejor, pues aparentan ser sabios. Yo no llego hasta ahí. Sin duda, porque soy biólogo. El objetivo de la medicina es encontrar procesos terapéuticos. Mucho antes que intentar comprender. La posibilidad de difundir una técnica suprime a menudo las veleidades de comprenderla: la investigación terminada es una traba a la investigación fundamental.

(…) La inseminación artificial con donante data de 1780. Por la condena de la Iglesia, sólo se experimentó con seres humanos de modo marginal y clandestino. En nuestros días se ha generalizado repentinamente, y la mayor parte de la gente tiene la impresión de que se debe al progreso técnico, cuando no es así. Si no, ¿por qué la primera fecundación in vitro se ha realizado en 1978? Técnicamente era posible treinta años antes. Y lo mismo, con la máquina de vapor: se podría haber usado mucho antes, pero no se hizo. ¿Por qué?

Hay otras preguntas preocupantes: ¿qué influencia tendrán algunas prácticas actuales sobre el psiquismo de los niños? Con la ley sobre el anonimato del donante de esperma, se decide que un niño todavía no concebido no tendrá nunca derecho a conocer a su progenitor. ¡Cuando nadie ignora que todo el mundo tiene necesidad de conocer sus orígenes! Y, ¿qué se sabe del futuro, de la vida de estos niños? Pues, cuando estén en edad de procrear, ¿sus propios hijos querrán ver a sus abuelos? Los primeros niños que han sido objeto de este tráfico de la verdad tienen ahora veinte años y, si escuchamos a ciertos psiquiatras, las cosas no van muy bien para algunos de ellos. El hecho de decidir que un niño no deba saber lo que todo el mundo quiere saber me parece un buen símbolo de esa voluntad de dominar todo que acepta deliberadamente ignorar las consecuencias.

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