¿Ha muerto Freud?

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Duración lectura: 4m. 13s.

Time (29-XI-93) dedica su tema de portada al progresivo descrédito de las tesis freudianas. Seleccionamos algunos párrafos.

Pero, ¿y si Freud estaba equivocado? Este pregunta ha existido siempre desde la publicación de las primeras comunicaciones psicoanalíticas de Freud de finales de la década de los noventa del siglo pasado. En la actualidad está siendo planteada con una urgencia sin precedente, gracias a una coincidencia de acontecimientos que suscitan dudas no sólo sobre los métodos, descubrimientos y pruebas de Freud, y sobre el vasto conjunto de terapias derivadas de ellos, sino también sobre la duradera importancia de las descripciones de la mente hechas por él (…). Entre ellos:

– La problemática proliferación, particularmente en Estados Unidos, de acusaciones de abuso sexual, rituales satánicos, sacrificios humanos de niños y cosas por el estilo llevadas a cabo por personas, muchas de ellas guiadas por terapeutas, que súbitamente recuerdan lo que supuestamente reprimieron durante años o décadas. Aunque con casi toda certeza Freud habría considerado la mayor parte de esas acusaciones con un mordaz escepticismo, su teoría de la represión y el inconsciente está siendo utilizada -la mayoría de los freudianos dirían mal utilizada- para afirmar la autenticidad de las mismas.

– El continuado éxito de las drogas en el tratamiento o alivio de desórdenes mentales que van desde la depresión a la esquizofrenia. Aproximadamente diez millones de estadounidenses, por ejemplo, están tomando ese tipo de medicación. En honor de Freud hay que decir que previó esta tendencia. En 1938, un año antes de su muerte, escribió: “El futuro puede enseñarnos a ejercer una influencia directa, por medio de sustancias químicas particulares”. No obstante, el reconocimiento de que algunas neurosis y psicosis responden favorablemente al tratamiento mediante drogas hace añicos el dominio originalmente reivindicado para el tratamiento psicoanalítico.

– Una riada de nuevos libros que atacan a Freud y a su invento del psicoanálisis por una extensa serie de errores, duplicidades, pruebas amañadas y pifias científicas.

Este último fenómeno constituye la intensificación de una historia que viene de lejos. Mientras Freud iba captando acólitos y legiones de reclutas teóricos, él y sus ideas atraían regularmente violentos ataques, a menudo de sectores influyentes (…).

La constante lluvia de argumentos anti-Freud sirvieron poco para desalentar la presentación de sus teorías o para desanimar el celo de sus seguidores. De hecho, Freud abrió un paraguas aparentemente impermeable a las críticas de los principios psicoanalíticos. Él caracterizó tales desacuerdos, de pacientes o cualesquiera otros, como “resistencia”, y luego afirmó que los ejemplos de tal resistencia equivalían a “una real evidencia en favor de lo correcto” de sus afirmaciones.

Esta ilógica defensa se ha desmoronado en gran parte. El reciente descubrimiento de documentos relacionados con Freud y su círculo, más la parsimoniosa autorización para publicar otros por parte de los herederos de Freud, han proporcionado crecientes datos sobre el hombre y sus obras. Algunos son inquietantes (…).

Ante el hecho de que las historias publicadas de casos clínicos de Freud registran resultados poco convincentes o lamentables, algunos seguidores se han batido en retirada: Freud puede no haber sido muy bueno al practicar lo que predicaba, pero ese lapsus no invalida en modo alguno sus teorías generales.

Esos defensores tienen ahora que enfrentarse a Validation in the clinical theory of psychoanalysis (International Universities Press), de Adolf Grünbaum, un eminente filósofo de la ciencia y profesor en la Universidad de Pittsburgh. El libro, basado en la crítica de Grünbaum de 1984 de los cimientos psicoanalíticos, es una monografía, y una sobria, a veces exasperantemente abstrusa, devas-tación del status del psicoanálisis como ciencia. Grünbaum examina desapasionadamente una serie de premisas psicoanalíticas claves: la teoría de la represión (lo que Freud denominaba “la piedra angular sobre la que descansa toda la estructura del psicoanálisis”), las capacidades investigadoras ofrecidas por la asociación libre, la importancia del diagnóstico de los sueños. Grünbaum no pretende que la idea de los recuerdos reprimidos, por ejemplo, sea falsa. Simplemente, sostiene que ni Freud ni ninguno de sus sucesores ha demostrado alguna vez la existencia de un vínculo causa-efecto entre un recuerdo reprimido y una neurosis posterior, o entre un recuerdo recuperado y una consecutiva curación (…).

“Hay que demostrar más”. Grünbaum encuentra fallos similares en la importancia que Freud atribuye a los sueños y a los actos fallidos, tales como los denominados lapsus freudianos: “Los tres principios -la teoría de la neurosis, la teoría de por qué soñamos y la teoría de los lapsus- tienen el mismo problema. Todos están socavados por el fracaso de Freud en demostrar una relación causal entre la represión y la patología. Éste es el motivo de que los cimientos del psicoanálisis sean muy movedizos” (…).

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