Greenpeace se hace más profesional y menos radical

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Greenpeace ha adoptado un nuevo aire desde que el economista alemán Thilo Bode se hizo cargo, el año pasado, de la dirección ejecutiva. La organización ecologista se ha hecho célebre por su postura rebelde ante los gobiernos y las grandes empresas, sus campañas contra las pruebas nucleares o la caza de ballenas. Ahora sigue una línea más pragmática, prefiere la negociación al enfrentamiento y se ha hecho más profesional.

Las primeras medidas del nuevo director ejecutivo consistieron en asumir mayores poderes decisorios, reducir el presupuesto en un 18%, racionalizar sus oficinas centrales y despedir a un tercio de los 63 miembros que formaban la plantilla de campaña internacional. La necesidad de cambios semejantes se hacía sentir desde que la organización, tras un periodo de fuerte crecimiento que indujo a adoptar una actitud ambiciosa, empezó a sufrir dificultades financieras (ver servicio 115/92).

Greenpeace nació hace 25 años, con su primera campaña contra las pruebas nucleares estadounidenses en las islas Aleutianas. En 1982 su presupuesto llegó a los 11 millones de dólares. El hundimiento en 1985, por parte de los servicios secretos franceses, de un barco de la organización, el Rainbow Warrior, marcó una nueva etapa de mayor popularidad y de crecimiento. Actualmente, Greenpeace cuenta con 3 millones de socios, tiene unos ingresos de 143,5 millones de dólares, 30 oficinas por todo el mundo y una flota de 5 navíos.

En unas declaraciones a Time (10-VI-96), donde explica su estrategia, Bode afirma que ahora Greenpeace dirige sus esfuerzos hacia China, pues “el destino ecológico de la humanidad se decidirá allí”. De momento ha llegado a un acuerdo con el tercer fabricante de frigoríficos del país, para que adopte una tecnología ecológica que usa isobutano en lugar de los nocivos clorofluorocarbonos (CFC).

Greenpeace ya no se muestra tan agresiva hacia las grandes compañías, sino que trata de negociar con ellas para que adopten medidas que protejan el medio ambiente. Por ejemplo, está promoviendo el desarrollo de un automóvil que consuma sólo 3 litros de gasolina cada 100 Km; empresas como Volkswagen, Mercedes o BMW ya están investigando en ello.

En Australia, Greenpeace ganó el concurso para el diseño de la Villa Olímpica de los juegos del año 2000 en Sydney. El proyecto incluye piscinas sin cloro, billetes realizados en papel reciclado y una llama olímpica que arderá con metano obtenido a partir de las aguas residuales de la Villa.

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