Gran Bretaña: el “derecho a morir”, en entredicho

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El supuesto “derecho a morir” de las personas en coma ha saltado nuevamente a las portadas de los diarios británicos. Esta vez se narran historias como la de una madre que, desesperada porque su hija lleva un año en coma, quiere que se le suspenda la alimentación artificial. Otro hijo le convence de que espere un poco más y, a las tres semanas, la hija sale del coma. Ante casos como éste, resulta más difícil justificar la desconexión de las máquinas o la supresión de alimentos que mantienen en vida a las personas comatosas. El debate se reabre sobre todo por un inminente informe de un grupo de médicos expertos.

Se trata de la investigación de varios médicos del Royal Hospital for Neuro-Disability, en el sur de Londres, reconocido actualmente como el mejor hospital británico en el tratamiento de pacientes con lesiones cerebrales graves y en estado de coma persistente. Los hallazgos -que algunos médicos han calificado de “aterradores”- influirán en los procesos legales en que las familias o los médicos piden que se retire el alimento, el agua o el tratamiento médico a los enfermos. Algunas de las personas que se recuperan tras varios años en coma recuerdan lo que les ha pasado durante ese largo periodo. Y normalmente agradecen seguir viviendo, aun en condiciones peores que antaño.

El doctor Keith Andrews, director de los servicios médicos del citado hospital, asegura que en la mayoría de los casos en que se retiraba la alimentación o el tratamiento médico se han tomado decisiones acertadas. Pero también afirma que el nuevo estudio cuestiona la validez de muchos de los diagnósticos de coma persistente, que fueron realizados por expertos neurólogos.

El estudio da a entender que aún queda mucho por investigar sobre el estado de coma y sobre su diagnóstico. Por lo que resulta poco sensato tomar decisiones precipitadas sobre la vida de estos enfermos. En los dos últimos años, se han recobrado en el hospital, gracias a la actuación médica o sin ella, quince pacientes de un grupo de ochenta cuyo diagnóstico era de coma persistente.

Hoy en día el diagnóstico de coma persistente se funda más en la observación que en la tecnología. Los médicos llaman “vegetativo” al estado del paciente que permanece inconsciente al menos durante un mes seguido, y de coma “persistente” al que dura al menos un año. Actualmente en Gran Bretaña hay 1.500 personas en estado vegetativo persistente, y 100 de ellas llevan más de tres años.

Al margen del problema de los costes sanitarios, parte del debate se centra en que algunos médicos consideran que alimentar artificialmente a los enfermos en coma es como aplicarles un tratamiento médico, mientras que otros médicos y asociaciones contra la eutanasia distinguen entre alimentación y terapia.

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